GLORIA MELGAR (1859-1938). IX. Por Virginia Seguí


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La mujer en las Artes Decorativas         

Aún hoy día conviene señalar que la historia que conocemos, suele ser una historia sin mujeres, tradicionalmente las actividades femeninas, no se destacan, por irrelevantes o por no ser obra masculina, en una historia basada en grandes hechos, las mujeres, prácticamente no tenían cabida, ha habido que entrar en el detalle, en esa historia anónima para rebuscar en ella sus silenciosas y calladas tareas. Sus actividades sólo cobran importancia cuando los hombres deben asumirlas. Como ilustración a lo dicho sirva un ejemplo actual: sus habituales y cotidianas tareas en el hogar, son más reconocidas y ponderadas cuando las realiza un hombre, suele ensalzársele por ello; el subconsciente colectivo tiene asimilado que la mujer debe realizarlas de manera natural, por lo tanto, porqué alabar un hecho natural.

Es natural que en una sociedad primitiva, las diferencias de sexo condicionaran sus actividades, sin embargo, hoy día, las diferencias no se deben al sexo sino al género y son, por tanto, convencionales. La sociedad ha ido conformándose con el trabajo de los hombres y de las mujeres, aun cuando los de ésta estuvieran mediatizados por su ineludible tarea de madre. Pero sus otros trabajos han quedado, normalmente, en el anonimato. No obstante, actualmente, los avances en la valoración de este tema son constantes; e incluso refiriéndose a las épocas más remotas, donde las dificultades de investigación son aún mayores, la antropología está obteniendo nuevos datos sobre las actividades de las mujeres Vinculado con nuestro trabajo, en cuanto a los dotes naturales femeninas para la realización de trabajos relacionados con la decoración de las piezas cerámicas, cabe destacar un trabajo, circunscrito al ámbito de los cazadores recolectores, en el que se manifiesta que cuando éstos comienzan la fabricación de vasijas los restos encontrados ponen de manifiesto una clara división entre los realizados por miembros de uno u otro sexo. Las piezas realizadas por mujeres, generalmente, creadas en el ámbito domestico para solucionar cuestiones de primera necesidad: contenedores de líquidos, piezas, en general, del ajuar doméstico;  presentan una mayor y más variada decoración, que las realizadas por los hombres, quienes también fabricaban objetos cerámicos pero destinados al intercambio o comercio incipiente. Al parecer, las mujeres fabricaban estos objetos en lugares próximos de sus viviendas, evitando un alejamiento que les impidiera el cuidado y alimentación de sus hijos.

Otra actividad vinculada a la mujer desde los primeros tiempos sería la textil, volvemos aquí a relacionar actividad y necesidades domésticas. La mujer habitualmente ha confeccionado los vestidos y el ajuar casero. En los comienzos de la industria textil, fueron también mujeres quienes asumieron parte del trabajo, nuevamente estamos ante un sistema que permitía combinar labores caseras con actividades productivas. Mientras la revolución industrial no obligó a la mujer a ir a la fábrica, ella combinaba en el hogar ambas actividades.

Estas cuestiones son comunes, en mayor o menor grado, a las mujeres de todos los países y culturas. Ya que a pesar de todas las diferencias culturales su condición de mujeres iguala muchos otros aspectos, de manera que se convierte en un signo de unidad que supero las otras diferencias.

En España esta artesanía tradicional contaba con obradores en casi todas las localidades del país. El hilado era realizado en su mayor parte, por mujeres y niñas en régimen de putting-out.

La actividad cerámica, cómo ya hemos dicho se vincula a la mujer desde los primeros tiempos, en España las patronas de los alfareros son dos mujeres que murieron como mártires durante el Imperio Romano: Las Santas Justa y Rufina. Según la leyenda estas mujeres se ganaban la vida fabricando recipientes de barro, tan bellos que los sacerdotes romanos los solicitaron para las ofrendas al ídolo Salambo. Ellas se negaron a entregarlos para tal fin y fueron  martirizadas. Otra leyenda da otra versión y cuenta que después de quedar huérfanas fueron recogidas por un matrimonio de alfareros, y que les ayudaron a vender sus vasijas. Murillo las inmortalizó pintándolas con sus vasijas de barro, junto a la Giralda. Hay que pensar que para que exista la leyenda debe existir un fondo de verdad en que basarla, de esta manera podríamos remontar la relación de la mujer con la cerámica al menos hasta el siglo IV a.C.

Pese a las dificultades y trabas que el sistema gremial planteaba en el aprendizaje artístico de la mujer; cuando existía una industria familiar dedicada a la cerámica o la alfarería la mujer aprendía el oficio y realizaba varias tareas relacionadas con la producción de la pieza, entre ellas: amasaba el barro y confeccionaba las pellas a mano, transportaba las piezas al horno y las sacaba de él después de cocidas, decoraba, bordaba o ramejaba las piezas. Respecto sus actividades al torno, parece ser que no trabajaba el torno lento, pero si el torno rápido. A principios de siglo en las fábricas de cerámica el trabajo de la mujer estaba peor pagado que el del hombre, esta circunstancia está generalizada en todo tipo de trabajo femenino,  si el jornal de un hombre era de 3 ó 4 pesetas, el de la mujer era de 1 y poco antes de la guerra el alfarero ganaba 6 pesetas, la mujer como peona 9 reales o 2,25 ptas. Así pues lo que si estaba asegurado con ella era la mano de obra barata.

El trabajo de la decoradora era más autónomo, había algunas que iban por varias fábricas según la demanda, ya que  sólo bordaban unas piezas determinadas, ciertas clases de botijos, botellas, jarras, en general, las piezas más lujosas, para recuerdos y regalos especiales. En otras fábricas de loza fina había equipos fijos de mujeres que trabajaban como pintoras decoradoras.

Lo que hemos expuesto, circunscrito al ámbito español, relativo al ámbito domestico puede generalizarse, ya que la situación en común en países de nuestro entorno cultural, sucedía algo similar en Inglaterra y así lo pone de manifiesto el párrafo siguiente:

“Although pottery, as an aspect of woman’s role as domestic provider before the break-up of the family economy, was traditional women’s  craf in premedieval society, lack of evidence and the anonymity of craftspeople then, make in difficult to establist the esten of their involvement in it.”

Centrándonos en el siglo XIX, momento histórico que nos ocupa, hay que destacar que, especialmente, desde mediados de siglo, paralelamente con el comienzo de las Exposiciones Universales, los diferentes países van haciéndose conscientes de la situación real de sus industrias e inician, en general, un proceso modernizador que pasa por una modificación tanto del sistema educativo como por una nueva concepción de las relaciones entre el arte y la industria. Inglaterra destaca en este aspecto de entre todos los países, la Exposición Universal de 1851 ha empujado un movimiento renovador de las artes decorativas y del diseño liderado por varios de los teóricos y especialistas más importantes del momento;

El Arts and Crafts Movement, representa en Gran Bretaña y en Estados Unidos todo un movimiento enraizado en la tradición neogótica de recuperación del ideal medieval preindustrial y de la fusión del diseñador y el artífice. El socialista Williams Morris fue uno de sus teóricos más destacados, su utopía presentaba una sociedad rural ideal que daba paso a la industrialización y la urbanización; soñaba con establecer pequeños talleres capaces de resucitar tradiciones.

Sus ideas modificaban el papel de la mujer en la sociedad, anunciaba que la división del trabajo por sexos acabaría, y que todos los trabajos, incluidos los domésticos, estarían repartidos equitativamente.

Sin embargo, está demostrado que en su práctica real productiva, el trabajo estaba dividido siguiendo tradiciones ancestrales: las mujeres dirigían los talleres de bordado y los hombres llevaban los negocios. Esto no debe enturbiar la gran labor que desde sus fábricas se hizo en favor del trabajo femenino y su revalorización. Hicieron resurgir el arte del bordado de estambre, en una labor arqueológica de reconstrucción de las piezas antiguas existentes, que prácticamente deshacían y volvían a rehacer en un intento de comprender sus mecanismos de creación.

Colocó a su hija Georgiana Burne-Jones como directora de su fábrica de  bordados, quien pronto comenzó a colaborar en los bordados y grabados en madera. Kate y Lucy Faulkner, pintaron azulejos, ejecutaron bordados y diseñaron modelos para papel de empaquetar.

En el ámbito anglosajón, la participación de la mujer en las artes decorativas esta vinculada a la institucionalización de las enseñanzas artísticas femeninas, dos firmas inglesas Milton y Doulton promovieron un movimiento de revalorización de la industria cerámica, y comercializaron multitud de objetos destinados a las casas de las familias burguesas. Puede decirse que hacia la mitad del siglo XIX, en Inglaterra, la mujer consolida su tradicional papel como decoradora en los talleres e industrias de porcelana, aunque el papel de artista creador o diseñador, en general, todavía queda reservado para el hombre:

“By the mid-nineteenth century, a new tradition of woman’s  role in the ceramics trade had become firmly established. In the new mechanised pottery factories in the Stoke-on-Trent area of the English Midlands, women were hired and trained as decorators of china. The art of china painting was considered a more suitable employment for women than for men, though the elevated class of designers were usually male”.

Hemos hablado al comienzo de este capítulo de la gran variedad de posibilidades de actividades que se abren cuando hablamos de artes decorativas, sin embargo, en cuanto la participación de la mujer cabe decir que ésta se reduce, básicamente, al campo de las actividades textiles y las cerámicas, o al menos ha sido en ellas donde mayores testimonios de participación se han constatado.

Debemos, por tanto, vincular necesidad de industrialización con necesidad de enseñanza artística para a partir de la combinación de este binomio ver incorporarse a la mujer al mundo de las artes decorativas. En el capítulo siguiente trataremos más ampliamente los aspectos educativos.

BIBLIOGRAFÍA

AA.VV. Historia de las mujeres en España. Ed. Síntesis. Madrid. 1997

Callen, Anthea. Angel in the Studio: women in the Arts and Crafts movement 1870-1914. Astragal Books. Londres. 1979

Chadwick, Whitney. Mujer, arte y sociedad. Ed. Destino. Madrid. 1992

Schütz, Ilse. La mujer en la alfarería española. IV Simposio de Investigación cerámica y alfarería. Colegio Oficial de Arquitectos de Alicante. Museo de Cerámica. Alicante. 1993

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Un pensamiento en “GLORIA MELGAR (1859-1938). IX. Por Virginia Seguí

  1. Realmente un artículo muy, muy interesante, Virginia. Cuando hablas del papel de la mujer en el campo de la industria textil y de que las mismas tareas “domésticas” son ensalzadas más cuando son hechas por hombres que por mujeres, me ha venido a la cabeza algo que siempre me ha parecido “curioso”:
    ¿Por qué cuando decimos “modista” pensamos en una señora que “sólo” se dedica a hacer pequeños arreglos de ropa, y cuando decimos “modisto” nos imaginamos a un gran señor, virtuoso él, en el arte de la aguja y el dedal?
    Y desgraciadamente, la equivalencia salarial entre ambos sexos, todavía está muy descompensada en este siglo XXI nuestro.
    Besos y te seguiré leyendo
    Emma

seguicollar

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