Historia de la Mujer – SEMÍRAMIS

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      Insertamos en esta sección un nuevo artículo del historiador Antonio Pirala, dedicado a Semíramis, respetamos su ortografía original. Fue publicado en el número 22 fechado el 16 de junio de 1853 de la revista <El Correo de la Moda>, dentro del apartado Instrucción. Historia de la mujer.  
SEMIRAMIS

Dice una escritora, que ha sido exacta y elegante narradora de las mujeres mas célebres del mundo: para observar á la mujer en sus diferentes condiciones, recorramos el Asia; y para verla desde luego en toda su gloria, remontémonos á los tiempos maravillosos, porque están muy lejos de nosotros; detengámonos sobre las ruinas de la soberbia Babilonia. Algunas piedras dicen apenas donde estuvieron sus murallas, mas la imaginación las eleva en nuestro rededor: se vé la Torre, el Templo, los Jardines suspendidos, y en semejante ilusión de recuerdos, si una paloma viene á arrullar en estos sitios, ó la voz de una mujer a aumentar tantas maravillas, se cree hallar de nuevo aquella mujer bajo la graciosa forma en que los asirios la adoraban, ó mas bien se finje uno á la misma Semíramis, hermosa como el dia en que se presentó á su pueblo amotinado, sin diadema, sin velo, sin adornos, con los cabellos sueltos, y estendido su brazo con majestad hacia los sediciosos; se cree verla, y no causa sorpresa que renaciese la calma con su presencia. La belleza, el génio, el valor debian dar necesariamente á Semíramis un gran ascendiente sobre sus súbditos. Se sirvió de él para conducirlos á la victoria, para inspirarles afición á las ciencias, á las artes, á la filosofía; y al hacer construir aquella torre, que tanto se elevaba hacia los astros, les facilitó el estudio de la astronomía, ciencia en la que se distinguieron muy particularmente.

Pero veamos quien fué esta heroína, esta célebre reina de Asiria, contemporánea del patriarca Abraham.

Su nombre significa paloma, bajo cuya forma la adoraron como diosa los asirios y babilonios. Hija de la desgracia y del abandono, pues su madre Atara la dejó á las inmediaciones de un lago donde se guarnecian las palomas, á si misma debió su gloria.

Encontróla un pastor de ganados y la llevó á la esposa de su capataz, llamada Simia, la hizo criar; y por relacion con el sitio donde fué hallada, la nombró Semíramis.

Ya joven, era admirable por su hermosura; y al verla Memnon, gobernador de la Siria, se enamoró de ella y la hizo su esposa, amándola tanto, que al tener que ir á la guerra, y no pudiendo vivir sin Semíramis, se la llevó consigo.

Pero aquella mujer no se distinguia solo por su belleza tenía génio; y al seguir a su esposo, se acomodó un traje guerrero de su invención, que aumentaba sus atractivos; y al presentarse de tal modo ataviada en el campamento, todos la saludaron con admiración y aplauso.

Satisfecha en este punto su vanidad, queria lo estuviese tambien en alardes de valor; y en el sitio de Bactra, púsose al frente de un cuerpo de valientes asirios, y mientras los bactrianos defendían la ciudad por el sitio mas débil que era el atacado, Semíramis se dirije al lado mas difícil, escala la muralla, y lleva en pos de sí el terror y la confusión á los sitiados, que se rinden.

El nombre de Semíramis es llevado en alas de la fama: el rey Nino quiere conocer aquel prodigio de valor y de belleza, y se apasiona de ella de tal modo, que propuso á Memnon darle por esposa á su hija, la princesa Shosana, si le cedia a Semíramis. Memnon, que tambien la amaba, rehusó, pero ofende su orgullo de monarca en el desaire de su capricho; se irritó, y le hizo tales amenazas, que Memnon se suicidó. Nino se casó entonces con Semíramis, y á la muerte de aquel rey, quedó ella con el gobierno de sus Estados.

Su reinado comienza 1994 años antes de Jesucristo; y por su grandeza, por su magnificencia, por su gloria, eclipsó á los reyes sus antecesores, y la igualaron pocos en victoria, en riquezas y en poderio.

Recorrió su imperio, embelleció ciudades, construyó acueductos, abrió caminos barrenando montañas y terraplenando valles, dilató los límites de la Siria, conquistando la Arabia, el Egipto, una parte de la Etiopía y de la Libia, y toda el Asia, hasta el Indo.

A ella se debió la reedificacionn de Babilona, el ensanche de su recinto, la construcción de sus célebres jardines suspendidos, el renombrado templo de Belo, y las murallas, una de la siete maravilla del mundo.

Por ella fue Babilonia la mayor ciudad que alumbró el sol y la primera de las ciudades del mundo. ¡Y todo se debió á la mujer abandonada en su cuna, y sin otra guía que su génio!

Todo es grande en Semíramis. Belona en la guerra, Minerva en la paz, nada tiene de estraño que se la divinizára á su muerte, que se la acatára como á diosa, y se la dispensára el apoteosis divino, que si bien aumentaba su culto, no acrecia por esto su fama, ya imperecedera.

Cuéntase entre sus hechos notables, que hallándose un dia en su palacio peinándose, la avisaron que el pueblo se habia sublevado: sin acabar de peinarse, sale á la plaza, penetra por entre la muchedumbre amotinada, y su sola presencia sosiega los ánimos y calma el tumulto. Concluido todo, se volvió tranquila á concluir su adorno. En su honor, y para recuerdo de este hecho, se erigió una estatua que la representa, con la mitad del cabello trenzado y la mitad suelto.

Como lo anunció el oráculo, conspiró contra ella su hijo Ninias, y en vez de castigar a los culpables abdicó el poder, y se ocultó á la vista de los hombres.

Entonces se la erigieron templos, se la levantaron altares, y la cantaron los poetas: la escultura, el pincel, la música, la poesía, todo contribuyó entonces y contribuye aun á perpetuar la memoria de tan celebre mujer, cuyo nombre vivirá lo que el mundo.

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