GLORIA MELGAR (1859-1938). XII. Por Virginia Seguí

emiliapardobazan.jpgrosalbacarrieraautorretrato.jpgcheronautorretrato1672.jpgmoserromney.jpgkaufmannautorretrato.jpg

 

La mujer en las Academias de Bellas Artes

El control que las Academias van a ejercer sobre el mercado, las exposiciones, los premios y en definitiva del gusto y el éxito final del artista, va a afectar, seriamente, a la actividad artística de las mujeres; hasta este momento, a pesar de todas las dificultades, las más dotadas o las más empeñadas en desarrollar sus capacidades artísticas habían ido consiguiendo, individualmente, desarrollar lo que podemos denominar una actividad artística profesional. Con la Ilustración y la aparición de las Academias, en el sentido actual del término, la situación cambió, por ello, para las que estaban interesadas en seguir o iniciar una carrera profesional la entrada en ellas comenzó a ser algo importante. Serán pocas las que lo consigan. El fenómeno es general en los países que podemos considerar punteros artísticamente hablando y cercanos a nuestro entorno cultural como sucede en la francesa o en la británica.

En 1768 se funda la Royal Academy; Angélica Kauffman y Mary Mosser pertenecían al grupo de artistas que propicio esta fundación, sin embargo, ninguna otra mujer entrará a formar parte de ella hasta 1922.

En Francia fue Luis XIV quien abrió la puerta de la Academia a las mujeres, sus ideas al respecto pueden ser consideradas bastante revolucionarias, ya que sin entrar a valoraciones de género, opinaba que en la Academia debían estar todos los artistas dotados, sin distinción de sexo. Hasta 1682, habían entrado en la Academia francesa siete mujeres, en su mayoría miniaturistas o pintoras de flores; entre las más destacadas está Sophie Chéron, hija del miniaturista Henri Chéron, dominaba la pintura, el esmalte y el grabado; la obra que presentó en 1672 para su entrada en la Academia fue elogiada y calificada de: <vigorosa, original, que supera incluso la perfección de su sexo>. Pero, esta situación fue puntual, pues no volvió a entrar una mujer en la Academia francesa en cuarenta años y en 1706 se prohibía expresamente la entrada de mujeres en ella.

Durante el siglo XVIII, especialmente en los años de dominio del estilo rococó, la situación preponderante de la mujer y lo femenino en ciertos ámbitos de la sociedad, favoreció, un momento de apertura y liberalidad que permitió, en 1720, el acceso de la italiana Rosalba Carriera a la Academia francesa, después de conseguir grandes éxitos durante el año que esta pintora permaneció en París. De esta liberalidad se benefició no sólo la Carriera, sino también Watteau, al que hasta ese momento le había sido negada la entrada en la Academia, dadas las características antiacadémicas y anticlásicas de su pintura. La lista de académicas francesas continúa, a finales del siglo, con nombres como: Elizabeth Vigée-Lebrun, Adélaïde Labille-Guiard y Anna Vallayer-Coster.

Se había fundado, en 1751, la Academia de Saint.Luc, intento gremial de contrarrestar el poder académico institucional, y durante la segunda mitad del siglo un tres por ciento de sus miembros eran mujeres, muchas de ellas retratistas. En 1770, ante el incremento de mujeres aficionadas a la pintura, la Academia Royale, tras la elección de Vallayer-Coster y Marie Giroust-Roslin, redujo a cuatro el número posible de miembros femeninos.

Respecto a la situación en España, el Archivo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando contiene documentos que nos dan una idea de la situación española. Varios legajos dedicados a las mujeres académicas y los libros de Actas de las Juntas de la Academia contienen datos que permiten estudiar las circunstancias que condicionan la entrada de las mujeres en la Academia de Bellas Artes; comprobamos que, las peticiones de ingreso o asociación se jalonan con cierta periodicidad desde mediados del siglo XVIII, y como consecuencia de ellas se produce la entrada de algunas mujeres en esta Institución dominada por los hombres. Se trata de mujeres que ya han adquirido un cierto status artístico, aunque en ningún caso comparable al que tuvieron las aspirantes inglesas o francesas, o tienen una posición social preponderante. Con el ingreso en la Academia buscan adquirir un prestigio que les permita acceder a las exposiciones.  

La francesa Farona María Magdalena Olivier, residente en Madrid, inaugura el proceso al dirigir un escrito a la Academia en diciembre de 1759, solicitando su asociación, en los siguientes términos:

“Dª Farona María Magdalena Olivier, natural de la ciudad de París. Residenta en esta Corte con el devido rendimiento a sido inclinada al Arte de la Pintura de la que tiene algunas obras en diferentes Gavinetes de Europa, y deseando el Asociarse en la Rl. Academia de Sn. Fernando, presenta dos retratos originales hechos por su mano, y.. suplica á Vd. se sirva admitirlos y si por su ejecución fuesen dignos de aprecio de la Academia, se le conceda el honor que fuese de su agrado. Espera merecer esta gracia de Vds.”

 El 18 del mismo mes, le comunica la Academia su nombramiento como Académica de Mérito con todas las prerrogativas y exenciones que corresponden al grado ya que en Junta Ordinaria han sido aceptados los retratos, los cuales:

“[…] reconocidos con la mayor. atención por los Directores de Pintura y todos los demas Profesores, se hallaron no solo esactos Conforme a las Personas que sirvieron de originales, sino también pintados con la mayor inteligencia acierto y primor, asi por la summa corrección del dibujo, como por la gracia y exquisito gusto del colorido. Atento lo cual toda la Junta a una voz dio a la señora autora los mayores y bien merecidos elogios, admitió con toda estima los referidos Retratos, mando desde luego colocarlos en sitio distinguido en la Galerias generales[…] decidiendo nombrar a la expresada señora Dª Farona María Magdalena Olivier Académica de Mérito por la Pintura con todas las prerrogativas, esenciones que corresponden a este grado”.

En julio de 1766 D. Vicente Pignatelli presentó en la Junta Ordinaria del día 20 de julio de 1766 un dibujo a lápiz de una cabeza, realizado por Mariana de Silva, Duquesa de Huéscar, que fue  examinado por la Junta; aplaudiendo los Profesores la delicadeza de la cabeza, la perfección y el exquisito gusto de la obra. Acordándose en primer lugar que los Sres. Vicedirector. y Marques de Villafranca pasen a casa de la Srª Duquesa a darla las más expresivas gracias por la protección que concede a las Artes cultivándolas por si misma, y haciendo en el dibujo progresos dignos de un consumado profesor. Se le concede el más alto grado que puede dar la Academia:

“Conociendo que la más alta graduación que puede dar la Academia en la clase de Profesores es la de Director de Honor y en la de los que no lo son la de Académico de Honor. La Junta toda por aclamación creo y declaró a la Sra. Duquesa de Huescar, Académica de honor y Directora honoraria por la Pintura con voz y voto en todas las Juntas a que se sirva asistir y con asiento y lugar preeminente en las expresadas clases”

Ana Gertrudis de Urrutia el 14 de junio de 1769 envía a la Academia alguna de sus obras por si estas fueran meritorias y permitieran su ingreso en la misma:

“Exmo. Señor./ La continuada afición que tengo a las clases de el Dibujo me hizo pedir a D. Thomas Francisco Prieto, individuo de esa Rl. Academia algunos documentos: entre los que se ha servido franquearme ha sido una figura de Diana. Copia de una escena amorosa, la que he procurado dibujar como me ha sido posible alentada a que la Rl. Academia prevendrá para mi adelantamiento, y que como (ilegible), que deseo ser, me dispensara aquellas delicadezas que por falta de la voz viba, falten a mi gustosa (ilegible), y si mirado (solo como de una mujer que ama las Artes) se encontrase algún mérito./Suplico a los Sres. profesores de ella se sirvan distinguirme como a su piadoso juicio tuvieran por conveniente a cuio favor vivire eternamente reconocida.”

María Luisa Carranque y Bonavía fue nombrada Académica de Honor en junio de 1773, al haber presentado un cuadro de su mano que representa a la Virgen Ntra. Sra. con el niño en brazos.

En agosto de 1776 Acuerdo de la Junta, se nombra Académica de Honor y Mérito Isabel Espeteta, por la presentación de un cuadro que representa a una señora. Mª Agustina de Azcona y Valanza se dirige, en enero de 1781, a Antonio Ponz: “Para que le haga el favor de presentarla a la Academia y que se sirva, en su visita, concederme la gracia que acostumbra con las sras. aficionadas de mi sexo.”

Estos son algunos ejemplos del acceso de la mujer a la Academia, a pesar de que todas ellas fueron admitidas y nombradas Académicas de Honor y Mérito, hoy ninguna de ellas significa hoy nada para nosotros, todas son artistas anónimas, desconocemos sus obras, y su trayectoria artística. 

Esta relación fue remitida junto con un oficio que Fernando Queipo de Llano envió a el infante D. Carlos Jefe Principal de la Real Academia de San Fernando, el 28 de abril de 1818, con motivo de la próxima iniciación de los estudios de niñas; en este oficio en el que remite también, para su sanción, los estatutos que ha elaborado; dado que se había determinado que una Junta de Damas Académicas presidida por la Infanta Mª Francisca de Asís, se hiciera cargo de la supervisión y control de los estudios de niñas, le envía esta relación de Académicas de Honor y/o Mérito para que determine, entre ellas, con las que se puede contar, por encontrarse en Madrid, al efecto y en caso de ser necesario le sugiere la posibilidad de nombrar alguna más para que pudieran asumir las tareas que les habían sido encomendadas:

“[…] y será preciso ademas que se digne elegir seis u ocho Académicas de Honor entre las señoras de talento de la corte,  aunque no sepan dibujar como sucede a muchos de los Académicos de Honor, para que haya suficiente número que desempeñen los empleos de Estatutos, á saber: de Presidenta, Vice Presidenta; Secretaria y Vice Secretaria y otras que asistan de celadoras á los estudios con lo demas que se ofrezca”

El 9 de Julio de 1818 Fernando Queipo de Llano da cuenta a Pedro Franco, de que debiendo formarse la Junta de Gobierno del nuevo establecimiento de Escuelas de Dibujo de niñas en los estudios de La Merced y Fuencarral, deben ser advertidas del hecho las Damas designadas por la infanta Mª Francisca de Asís, Jefa Principal de establecimiento, da en el oficio una relación de todas ellas, entre las que figuran como Presidenta Duquesa de Benavente, Vice Presidenta Condesa de Villavierzo, Isabel Parreño y Arce como Secretaria y la Marquesa de Montalvo para Vice Secretaria.

La pregunta es ¿Qué significado tenía, realmente, su admisión como miembros de la Academia?, ¿Realizaban las mismas actividades que los académicos varones o por el contrario, sus títulos eran meramente honoríficos? Pudiendo entonces ser considerados mero objetos de adorno.

El número de mujeres académicas españolas, también, era escaso, la relación citada,  existente en los archivos de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de abril de 1818, contiene los nombres de 26 de ellas, la primera de la lista la Exma. Srª. Princesa de Listenois, figura como Académica de Mérito desde julio de 1788, la última la Exma. Srª Duquesa de la Roca como académica de Honor y Mérito en 1818. De las 26 relacionadas al menos 8 tienen algún título o están relacionadas con alguna familia aristocrática. Sólo en una de ellas, Mª del Carmen Sainz, admitida en 1816 como académica de Honor consta expresamente que se trata de una profesora.

La posibilidades de entrada de la mujer en la Academia estaban condicionadas previamente, pues a cuestión que realmente perjudicaba sus posibilidades era su imposibilidad de acceder al aprendizaje artístico en igualdad de condiciones con el varón, si sus estudios no estaban equiparados difícilmente podría llegar a la perfección artística requerida para conseguir un acceso a la Academia que supusiera asumir el resto de cometidos y funciones de los académicos varones. Las diferencias, por tanto, siguieron siendo insalvables durante años.

Hemos visto ya algunos ejemplos de admisión de Académicas de Honor y Mérito a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando; y no debemos dejar de comentar que comparativamente el número de académicas es mayor en nuestro país que en los otros casos tratados de Inglaterra o Francia, lo que no deja de ser, en cierto modo, paradójico, si tenemos en cuenta que en estos países los movimientos feministas fueron cronológicamente más tempranos, y más beligerantes, que en España. Según esto no es lógico que este tipo de  Instituciones en España fueran más abiertas y tolerantes en este asunto. Sólo si consideramos el escaso significado que, realmente, tenía ser admitida en la Academia española, tiene explicación esta circunstancia.

La admisión en igualdad de condiciones llegó, para la mujer, cuando los estudios artísticos ya no eran patrimonio de la Academia.

Estamos tratando el caso de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, pero cabe señalar a este respecto que la situación es similar, sino peor, en otras Reales Academias españolas como la de la Lengua; no consiguió entrar Gertrudis Gómez de Avellaneda en 1853 y cuando, en 1889 comenzó a sonar otro nombre de mujer como posible académica, publicó en la España Moderna, un artículo bajo el título Las mujeres en la Academia en el que plasmaba comentaba los pormenores de su caso. Lo mismo volvió a ocurrir en 1889 con Emilia Pardo Bazán quien  planteará el suyo en La cuestión Académica  y otros escritos que se publicaron en la prensa de época plasmando las diferentes opiniones al respecto.

Emilia Pardo Bazán defenderá su candidatura a la Academia, no sólo como una cuestión personal sino planteando la cuestión como algo general, que conlleva el reconocimiento de la capacidad de la mujer como individuo y en igualdad de condiciones respecto al varón. Será criticada por ello, aduciendo incluso, que para alegaba fines altruistas y generales como la igualdad de la mujer, para fines particulares. En estos textos comentaba que la mujer ya había sido admitida en otras Academias españolas, citaba a la de Bellas Artes de San Fernando y la de la Historia como ejemplos de ellos. Como caso más negativo citaba a la Academia de Ciencias Morales y Políticas donde se le negaba el acceso a Concepción Arenal.

Por tanto la cuestión de la admisión de la mujer en las Academias fue un tema controvertido y polémico, debatido por la prensa y la opinión pública durante el siglo pasado y aún, hoy, cabría preguntarse, qué avances se han conseguido en este punto. Pues si bien es cierto que, la mujer, una vez admitida en las Academias sus funciones están equipadas a las de cualquier académico varón, aun queda por dilucidar si esto sucede, también, respecto a la admisión. Ya que la actualidad, si bien, siempre es noticia la elección de un miembro de la Academia cuando el nombramiento recae sobre una mujer la noticia, debido a la rareza del hecho, pasa a primera plana.

BIBLIOGRAFÍA

Archivo Rafasf.  Legajos 40-4/1; 33-16/1

Chadwick, Whitney. Mujer, arte y sociedad. Ed. Destino. Madrid. 1992

Harris, A y Nochlin, L. Women Artists. 1500-1950. Los Ángeles. 1978

Pardo Bazán, Emilia. La mujer española y otros escritos. Ed. Cátedra. Madrid. 1999