GLORIA MELGAR (1859-1938). XIII. Por Virginia Seguí


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Las Escuelas de Artes y Oficios

La Constitución de Cádiz establece, en su artículo 367, la regulación en materia de Bellas Artes, asimilándola al resto de enseñanzas y ciencias, estableciendo que se crearan los establecimientos que para su instrucción se juzguen necesarios.

El gobierno organizará la educación dividiéndola en varios niveles, las enseñanzas artísticas fueron incluidas dentro de la Segunda Enseñanza y ésta se supone previa a las enseñanzas superiores o al desarrollo de una profesión. Por lo tanto tradicionalmente se ha considerado que los objetivos de la segunda enseñanza pueden quedar fijados en: “Preparar para el ingreso en las Facultades y Escuelas Superiores, y dar una educación para la vida; a lo que hay que añadir un tercer objetivo, frecuentemente olvidado y escasamente desarrollado en lo planes, la preparación para ciertas profesiones de grado medio.”

Este tercer objetivo de preparación para acceder a profesiones de grado medio sería el que nos interesaría más, pues es donde se han encuadrado los estudios artísticos. Hasta la Ley Moyano que establece unos estudios de Aplicación a las profesiones industriales, no aparecen  fijados con nitidez y apenas son desarrollados después. En ellos las exigencias académicas son menores y claramente diferencias de las de los estudios generales; una vez concluidos los estudios los alumnos se incorporaban a la actividad laboral. Aunque esto puede considerarse un avance con relación a la situación anterior, la realidad es que, siguen estando discriminados pues no habilitan para el titulo de Bachiller y son un añadido artificial en los Institutos. La norma indica, también algunas de las materias que comprenden: “Dibujo lineal y de figura, nociones de Agricultura, Aritmética mercantil, y <cualesquiera otros conocimientos de inmediata aplicación a la Agricultura, Artes, Industria, Comercio y Náutica, que puedan adquirirse sin más preparación> que la recibida en la Escuela primaria“.

El párrafo anterior indica las materias que deben estudiarse y, éstas, más que asignaturas son las diferentes ramas que permitirían estructurar los estudios profesionales. Después dentro de cada una de ellas deberían fijarse la duración de los estudios y las materias que deben impartirse que se centrarían en el área o rama concreta elegida, ya que debían permitir a su término y tras la obtención del título de Peritos en la carrera cursadas asumir las tareas profesionales. Debe considerarse que lo que hace la Ley Moyano es abrir posibilidades de desarrollo posterior a los estudios profesionales, entre los que se encontrarían los artísticos.

Los alumnos de 1ª Enseñanza Superior que pasaban a los Estudios de Aplicación debían tener 10 años cumplidos y cursar un año más que los que optaban por los Estudios Generales, reforzaban así el estudio de las asignaturas de tipo general para compensar la menor intensidad con que éstas eran tratadas en sus estudios específicos, finalmente debían superar un examen general de 1ª enseñanza. 

Se pretendía organizar unas enseñanzas que hasta ahora, en general, se habían ido creando e impartiendo de modo disperso, en lo que se conoce como Escuelas Elementales; que existían en todas las provincias y que aunque en algunos casos tenían sedes propias, otras muchas utilizaban aulas en los Institutos, ahora se refundirán, permitiendo una mayor difusión y un mayor aprovechamiento de locales y dotaciones:

“<[…] en las poblaciones donde haya Instituto, se refundirán en él las Escuelas elementales que existan de Industria, Agricultura, Comercio, Náutica u otras de estudios de aplicación de segunda enseñanza> e inversamente <en los pueblos donde existan Escuelas de esta clase y no instituto, se procurará establecerlo>”.

No es extraño que sea en este período cuando nuevamente se vuelve a ser consciente del atraso de la industria española; las Exposiciones Universales no dejan lugar a duda y demuestran claramente la inferioridad de nuestros productos. Se intentará revitalizar nuestra industria uniendo, de nuevo, el binomio arte e industria, tomando como ejemplo las experiencias de otros países comienza un proceso que terminará, a finales de siglo, con la creación de las Escuelas de Artes y Oficios.

El Real Decreto de 31 de octubre de 1849 en el que se crean las Academias Provinciales y se pone bajo su jurisdicción las enseñanzas artísticas en las diferentes provincias, contenía un preámbulo del ministro del ramo Seijas Lozano, en el que se pondera el valor de las Bellas Artes y se lamenta el atraso de la industria, atribuyendo ésta última circunstancia a la ya tradicional deficiente enseñanza del Dibujo de adorno y de aplicación a las Artes Industriales, considerando que, en este aspecto, excepto en Madrid y Barcelona la situación era muy precaria. Este decreto es el primero que pretende deslindar oficialmente las enseñanzas de las Bellas Artes y las Artes Industriales.

El Decreto creará cierta confusión en las enseñanzas artísticas, sobre todo en el plano económico y de delimitación de competencias; cuestiones cómo ¿quién es el responsable del mantenimiento de los diferentes establecimientos docentes?, ¿Quién debe correr con los gastos de mantenimiento, dotaciones académicas, etc.?; son temas que la redacción del Decreto no delimita suficientemente, dando lugar a diferentes interpretaciones lo que provocará roces entre algunas Instituciones y las autoridades provinciales. La situación se agravó, aún más, con el Real Decreto de Junio de 1869, que establecía que el Estado dejaba de sostener las Escuelas Superiores de Bellas Artes; dejando a las elementales a cargo de las autoridades provinciales; aunque una disposición posterior establecerá el carácter voluntario de esta última medida. La aplicación de estos decretos provoca la desaparición de ciertas Escuelas y obliga a emitir un informe aclaratorio sobre ciertas cuestiones:

“1º los rectores de las Universidades se encargarán del local y de los medios materiales de enseñanza pertinentes a estas Escuelas en las poblaciones en que hubiera Universidades. 2º En las demás se encargará del local y demás enseres el Gobernador de la provincia. 3º La entrega de objetos que posea cada Escuela se hará con toda formalidad por el Jefe del establecimiento al comisionado o comisionados que nombren, según el caso, los Rectores o Gobernadores. 4º El material correspondiente a cada Escuela quedará en depósito hasta que el Gobierno determine como ha de utilizarse. Las Diputaciones provinciales podrán consignar en sus presupuestos las cantidades necesarias al sostenimiento de estas Escuelas y cual caso el Gobierno les facilitará los objetos y medios materiales de enseñanza que posean las Escuelas suprimidas.”

Una muestra del estado de la cuestión en la opinión pública puede ser el artículo de La Gaceta Industrial, revista de la época relacionada con los temas que nos ocupan, que demuestra que la situación no está solucionada  y que las cuestiones relativas a la educación industrial siguen despertando interés en la sociedad. En un artículo de marzo de 1865 podemos leer las dificultades por las que atraviesa el capítulo de la enseñanza artística:

“Uno de los primeros deberes de los gobiernos que aspiran á ocupar un lugar preferente en los paises civilizados, es de difundir la instrucción entre las diversas clases de la sociedad que tienen íntima relación con la industria, y que hoy constituyen la inmensa mayoría de todas las sociedades. Hasta hoy, por circunstancias especiales que examinares a su tiempo, la enseñanza industrial en nuestro país ha quedado circunscrita al ingeniero industrial error gravísimo que la experiencia se ha encargado muy pronto de demostrar, y que se refleja perfectamente en el estado actual de nuestras escuelas industriales: algunas han desaparecido hace ya algunos años, y las que quedan arrastran una vida tristísima y artificial, indicio de una muerte próxima, si pronto no se acude con una reforma indispensable para traerlas á mejor camino, dándoles una organización que satisfaga verdaderamente las necesidades  de nuestra naciente y atrasada industria.”

Cómo vemos, a estas alturas de siglo, siguen considerando a la reforma de las enseñanzas artísticas como una medida necesaria para salvar la industria española, que es calificada de naciente y atrasada. El artículo continúa diciendo que en la actualidad las escuelas industriales existentes no cumplen los objetivos por los que fueron creadas y que sería necesaria una reforma, creando en los principales centros de fabricación: Madrid, Barcelona, Valencia y Sevilla unas nuevas. Propone la utilización del material de las escuelas industriales superiores de estas mismas ciudades, lo que abarataría el coste de implantación, después una vez reconocida su utilidad extenderlas a los puntos donde se crean más convenientes.

Unos días antes, en otro artículo, la misma revista había dado cuenta de la creación por parte de la Dirección General de Instrucción Pública de la creación de una comisión  inspectora de la que formaban parte Federico Madrazo, Mariano Borrel, Teodoro Molina y Joaquín Salas Dóriga,  para que estudiara e informara del estado en que se encontraba la enseñanza de los artesanos, interesándose especialmente por los resultados que estaba obteniendo el método de dibujo de Mr. Hendrizch.

El Ministerio de Fomento emite, al año siguiente, una disposición que establece que en las provincias donde existan Academias Provinciales de Nobles Artes era obligatorio que se implantaran estudios de Bellas Artes o de Aplicación, que dependerían del director del Instituto. Aquí está la base de la enseñanza artística actual, por un lado las enseñanzas universitarias de Bellas Artes y por otra las Escuelas de Artes y Oficios, encuadradas dentro del ámbito de la enseñanza secundaria. A pesar de que hasta ahora ya hemos hablado en varias ocasiones de escuelas industriales, lo que hoy día conocemos como Escuelas de Artes y Oficios fueron creadas en 1886.        

La situación organizativa de las enseñanzas artísticas es bastante caótica y desde todas las instancias interesadas en el tema se intenta estudiar el mejor sistema para subsanar la situación y conseguir una organización coherente; por encargo de la Diputación la Academia Provincial de Barcelona crea una Comisión que estudia la situación en otros países, el resultado es un informe emitido por Salvador Sampere y Miguel en el que pone de manifiesto el atraso español con respecto a la situación en otros países, entre los que se citan: Inglaterra, Alemania, Austria, Francia e incluso Italia. A pesar de los avances de los últimos años aún queda mucho por hacer. Aconseja un cambio en el programa dibujo existente, modificando los métodos de aprendizaje, desterrando aquellos que desvían del estudio de la forma que es el fin primordial a que debe tender dicha enseñanza; cambiando radicalmente en la Escuela de Bellas Artes y en la de Artes y Oficios los programas de dibujo, tanto el general artístico como el de aplicación a la industria, introduciendo modelos de lámina y corpóreos sacados de ejemplares notables antiguos y modernos, e iniciando la enseñanza práctica como acontece en la clase de escultura en Italia, dentro de las condiciones reducidas del local donde se dan las clases hoy día.    

El informe hace mención de los centros de enseñanza extranjeros que deben ser modelo al tratarse de organizaciones de enseñanzas artísticas de especial importancia que tienen grandes repercusiones en las artes suntuarias; como es el caso del Instituto South Kesington que realiza actividades que traspasan el ámbito inglés. También se mencionaba los avances realizados en Francia a través de Cluny y de el Trocadero, sin olvidar a la Unión Central de artes aplicadas a la industria establecida en París. Mención especial mereció también la organización artística industrial de Wurtenberg.  

En general a mediados del siglo XIX todos los países son conscientes de la necesidad de organizar sus enseñanzas artísticas institucionalizándolas, ya que hasta el momento la creación de estos centros había sido un tanto anárquica, en general estaban sufragados por el estado, ya fuera la Administración central o la local la que corriera con los gastos, pero no existían criterios comunes y sus títulos carecían de reconocimiento administrativo oficial. La realidad hace patente que conceptualmente no se ha avanzado mucho y el tema sigue siendo el mismo que encontrábamos ya durante el siglo XVIII, la importancia que tiene de la educación artística en la industria nacional, y la necesidad de mejorar la formación de los trabajadores de la industria española. El problema está generalizado, pues no sólo preocupa en España sino que está en candelero en casi todos los países de nuestro entorno cultural.

En cada uno de ellos se intenta subsanar de una manera u otra, algunos tienen la suerte de contar con personalidades destacadas artísticamente que se conciencian del problema y acometen proyectos tendentes a subsanar sus deficiencias. El problema español es que realmente, que no aparecen estas individualidades hasta fines de siglo y sus aportaciones tampoco se generalizan, desde el Estado el problema se acomete sin convicción, con escaso presupuesto, de manera que no se soluciona de forma generalizada.

BIBLIOGRAFÍA

Anónimo. “Reforma de la enseñanza industrial. En beneficio de la clase obrera”. La Gaceta Industrial. Año 1 , nº 10. 11 de marzo de 1865. Madrid.

Anónimo. “Enseñanza de artesanos”. La Gaceta Industrial. Año I. Nº 9 de 3 de marzo de 1865. Madrid.

Navarro Rodrigo, Carlos. Real Decreto y Reglamento de las Escuelas de Artes y Oficios. Ed. Escuela de Sordomudos. Madrid. 1887.

Porral Mato, Rodrigo. La enseñanza institucionalizada de las artes en Galicia. Ed. Universidad Complutense. Madrid. 1991

Sanz Díaz, Federico. La segunda enseñanza oficial en el siglo XIX (1834-1874). MEC. Breviarios de Educación.  Madrid. 1985

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Un pensamiento en “GLORIA MELGAR (1859-1938). XIII. Por Virginia Seguí

  1. Pues me parece interesantísimo lo que aquí nos cuentas. Estaba pensando en la diferente -lógico- manera de considerar las Artes en el siglo XIX. Y en la especie de confusión entre Arte y Oficio. Y también se me estaba ocurriendo algo que lo mismo es una barbaridad; dice el escrito que durante la Constitución de Cadiz las enseñanzas artísticas fueron incluidas dentro de la segunda enseñanza. Estaba pensando que eso ya era darles importancia; hoy en día por ejemplo existe el bachillerato de arte, creo, y sin embargo no hay digamos una categorización tan exhaustiva de los estudios. No sé, quizá nuestros rectores educativos podrían aprovechar algunas ideas de nuestros “mayores”…
    Ahí dejo la idea…

seguicollar

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