GLORIA MELGAR (1859-1938). XV. Por Virginia Seguí


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Un caso particular. Barcelona y la Escuela de la Lonja

Fue Fernando VI quien autorizó en Real Cédula de 16 de marzo de 1758, el nombramiento de un cuerpo de Comercio: una Junta para atender a su fomento en lo gubernativo, y un Consulado en que se determinase todo lo contencioso. El reconocimiento de las facultades inherentes a la Junta, hasta entonces puramente nominales, no llegó hasta que Carlos III firmó, el 7 de septiembre de 1760, la Real disposición que así lo establece.

La Junta deseaba instalarse en el antiguo edificio de la Lonja del Mar, y aunque al principio hubo ciertas dificultades, en 1771 consiguen que las autoridades superiores de Cataluña les entreguen el local, aunque se encuentre arruinado y deshecho.

La Junta de Comercio inició sus labores de inmediato, tomando medidas tendentes a mejorar la situación industrial del Principado, entre ellas:

“[…] soluciona crisis fabriles, estudia planes, renueva maquinaria, importa adelantos, incrementa la producción al mismo tiempo que vigila severamente la calidad de los productos manufacturados; facilita créditos protege la industria textil, selecciona tintes para los estampados en algodón y seda, en especial los de las indianas, que no tarden en aventajar en calidad y precio a los del mercado extranjero.”

El resultado será satisfactorio y la Junta pronto estará en condiciones de acometer labores educativas; sus actuaciones, en este sentido, serán similares a las que ejecutadas por las Sociedades Económicas de Amigos del País o la Real Academia de San Fernando. Nombran comisiones para estudiar y comprobar las deficiencias que demuestran la escasa formación de los técnicos, por tanto las medidas a tomar deben ir encaminada mejorar su formación, para ello, en primer lugar crearán escuelas y centros de enseñanza y, en segundo deberán habilitar y elevar los presupuestos existentes de manera que puedan sufragar los gastos de formación de los alumnos fuera del país.

Como resultado de la primera de ellas, La Junta, creará en Barcelona, a lo largo de un siglo los siguientes establecimientos de enseñanza:

“En esta nueva etapa promotora de actividades que llegaron a absorber casi un siglo, se inicia en 1769 con la creación de la Escuela Náutica, a la que sigue en 1775 la Escuela Gratuita de Diseño, que, más tarde, al ampliarse pasara a llamarse Escuela de las Nobles Artes; en 1803 la de Química aplicada a las Artes, la de Taquigrafía en 1805, la de Cálculo y Escritura en 1806. Esta etapa, truncada durante la invasión napoleónica, no se reemprende hasta 1814 en que la Junta establece las cátedras de Física Experimental y de Economía Política; de Arquitectura, Mecánica, Agricultura y Botánica en 1817, y en 1819 las de Matemáticas, y de Aritmética y Geometría prácticas para sus ayudantes.”

Centrándonos en lo relativo a la Escuela de la Lonja debemos señalar que la Junta de Comercio inicialmente pensaba crear una Escuela Gratuita del Diseño, destinada a cubrir las necesidades de la industria del algodón y la seda, de ella deberían salir los alumnos preparados para incorporarse a las fábricas de indianas. El Reglamento de noviembre de 1776 también preveía que, más tarde, una vez que esta necesidad estuviera cubierta ampliar el campo de aplicación de estas enseñanzas. Y dar conocimientos artísticos sobre manufacturas y artefactos a toda clase de gentes formando así perfectos pintores, escultores, arquitectos, grabadores, etc.

La enseñanza que imparte, no sólo es gratuita sino que facilita a los alumnos los materiales necesarios para desarrollar sus actividades. Y no olvida el resto de la formación educativa de sus alumnos, creando también una Biblioteca que, poco a poco, va nutriéndose de libros que facilitan el estudio a los alumnos. En ciertos casos se atendieron también situaciones de necesidad de los alumnos, concediéndose, a veces, pequeñas cantidades tendentes a solucionar situaciones de precariedad familiar.

En 1778 se propone la ampliación de los estudios, siempre que lo admitiesen los locales de la Escuela, el propósito era establecer clases de Bellas Artes, Pintura, Escultura y Arquitectura. Este es el momento en que cambia su nombre por el de Escuela de Nobles Artes.

La Escuela va adquiriendo fama, el profesorado es cada vez más cualificado, consecuentemente con esto comienzan a ser solicitados sus servicios como asesores en cuestiones educativas; El Fiscal de la Audiencia les pide consejo sobre la fundación de una Escuela de Dibujo en Olot; la Sociedad Económica de Amigos del País de Zaragoza, Tárrega y Gerona solicitan su apoyo y dirección para las Escuelas de Dibujo, que cada una de ellas, proyecta fundar, etc.

Naturalmente, desde el principio, para excitar a los alumnos y premiar su adelantamiento se establece la habitual política de premios que este tipo de Instituciones crea. Siendo estos cada vez de mayor cuantía y categoría. Con el tiempo se crearon premios extraordinarios, primero anuales y después trimestrales equiparándose así a los concedidos por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y la de San Carlos. La creación de los premios pedagógicos era otra de las aspiraciones de la Junta, desde 1786 se habían iniciado los trámites necesarios para poder concederlos pero hasta 1789 no se consiguieron los permisos pertinentes para conceder a los alumnos aventajados pensiones que les permitieran terminar y perfeccionar sus estudios en Madrid o fuera del país. A principios del siglo XIX, con el objetivo de promover todas las artes se amplían los premios y comienzan a concederse: premios de industria, que premian diseños de dibujos aplicables sobre todo a la industria de indianas. En 1834 se crea un nuevo Plan de Premios quedando éstos divididos en cuatro clases: Grandes premios, equivalentes a los generales; Premios de composición de concesión anual y en número de siete, Premios ordinarios y trimestrales se concedían hasta sesenta y seis y Premios menores de carácter mensual o accidental. .

La situación de penuria económica que atraviesa la junta hacia 1825 le hace primero suspender algunos años la concesión de los premios generales y después modificarlos, transformándolos de económicos en honoríficos: medallas de oro de diferentes tamaños.

La Junta lucha también contra el control gremial, poniendo en conocimiento del Gobierno las trabas que se dan el Principado para la práctica de las Nobles Artes dadas las actividades de los colegios de los diferentes gremios: plateros, pintores, escultores, carpinteros, sin que la Real Cédula de 1782 declarando libres estas actividades. Se pedía se evitará de raíz toda posibilidad de obstaculizar el ejercicio de las actividades artísticas, para ello debía facultarse a la Junta para que con la Real Academia de San Fernando emitiera licencias para los trabajos de pintor y escultor, a aquellos alumnos de la Escuela que hubieran obtenido premios en sus especialidades, reconocidos en un examen final, así mismo se solicitaba que se eximiera a los artistas de la necesidad de estar colegidos para ejercer sus respectivas profesiones.

Otra actividad destacada eran las exposiciones que se realizan en la Escuela de la Lonja, en aquellas fechas Barcelona no contaba con ninguna otra sala de exposiciones y éstas que se realizaban para exponer los premios anuales en la Lonja eran muy apreciadas por el público barcelonés. El interés que despertaban fue aumentando y cuando se ampliaron las salas dedicadas a exposiciones varios profesores de la escuela cedieron cuadros originales para ser expuestos en ellas.

A principios del siglo XIX durante la invasión napoleónica Barcelona vive momentos de crisis, durante seis años la ocupación de Barcelona por tropas francesas trastorna la vida de la Escuela y puede considerarse inexistente. En general existió una actitud de resistencia ante la una Junta afrancesada que pretendía reiniciar las actividades académicas, los trabajadores de la escuela pasaron largo tiempo sin percibir sus emolumentos, pero custodiaron el edificio en un intento de mantenerlo fuera del dominio francés.

Ante las medidas tomadas por las autoridades francesas respecto a las Iglesias y conventos, el director de la Lonja tomó medidas tendentes a evitar el expolio francés trasladando a las salas de la Escuela obras de artes recogidas de estos centros religiosos, de esta manera se salvaron bastantes obras. Una vez que las tropas francesas abandonaron Barcelona, se procedió a inventariar las obras devolviéndolas a sus dueños, excepto algunas de especial valía que corrían el peligro de perderse si volvían a claustros húmedos y faltos de condiciones, se entablaron conversaciones con sus dueños y en los casos que aceptaron fueron sustituidos por copias que quedaron en la Escuela para que los alumnos pudieran contemplar obras originales de grandes maestros;  hoy día, éstos los originales, están expuestos en el Museo de Arte de Cataluña.

Conforme la vida recobraba su normalidad la Escuela volvió a abrir sus aulas y reanudó sus actividades.

La primera Escuela de Arquitectura fue una realidad en 1817, el 11 de septiembre del mismo año tuvo lugar la inauguración oficial, pero hasta 1819 en que comenzó a  exigirse a los alumnos estudios previos de matemáticas no comenzó en realidad el estudio de arquitectura propiamente dicha. Se agrupa a los alumnos en dos clases los que quieran dedicarse a lo científico del arte, y a los que no pudiendo hacerlo aspiren a conocer la parte que puedan del mismo arte. La enseñanza se divide en tres clases: principiantes, prácticos y teórico-prácticos.

La Real Orden de 17 de Octubre de 1818 que establece la subordinación de todas las Academias y Escuelas de Nobles Artes a la Real Academia de San Fernando, orden de claro espíritu centralizador no es demasiado bien visto en Barcelona ya que sin duda limita las funciones de la Junta de Comercio, que se negará a aplicar el Reglamento que la Real Academia de San Fernando crea al efecto.

La Escuela pasa malos momentos, problemas de alumnado y descontento en el profesorado y trabajadores del centro relativos, a emolumentos, ascensos, etc. Comienzan a existir problemas de competencias entre Madrid y la Junta, que crean problemas económicos que repercuten en el orden pedagógico.

Según la relación de premios concedidos en 1822 se impartían las siguientes clases: Invención de flores, modelo del natural en diseño, modelo del natural en escultura, modelo de yeso en diseño, modelo de yeso en escultura, flores copiadas del diseño, flores y adornos, oficios y artefactos. En 1824 se accede a que se establezca la enseñanza de dibujo de paisaje y toma de vistas a cargo del pintor Pablo Rigalt.

Muchos alumnos de esta Escuela fueron en los años siguientes artistas destacados: Joaquín Planella, Francisco Coromina, José Bover, Jacinto Corominas, Antonio Roca, José Arrau Barba, Antonio Ferrant, Adriano Ferránt, Antonio Boix y Segismundo Ribó.

En 1826 la Junta modifica el Reglamento de la Escuela, y reorganiza las enseñanzas, Se incluye una clase de arquitectura civil, la enseñanza queda divida en siete asignaturas. Encuentran las enseñanzas del Grabado en franca decadencia, debido a las nuevas técnicas como la litografía y la Calcografía que merman cada vez más sus posibilidades.

Varios alumnos de la clase de Perspectiva y Paisaje solicitan del profesor Pablo Rigalt que les diese la lección por la mañana a fin de aprovechar la luz natural. Este profesor se ofreció para viajar a sus expensas, con la colaboración de los alumnos que se prestaran a ello, y aprovechar sus vacaciones para levantar algunos planos de lugares pintorescos de Cataluña.

En 1830 se pide la al Rey que elevase la categoría de la Escuela de los Nobles Artes a Academia que no tuvo el eco deseado en Madrid. Aunque las aspiraciones de crear una Academia en Barcelona son muy anteriores a esta fecha, e incluso, anteriores a la creación de la Junta, y así lo ponen de manifiesto documentos que contiene un legajo del Archivo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en el que se conservan varias solicitudes en este sentido, la fechada en 1747, la hacían un grupo de artistas que se habían asociado y formado una Escuela de enseñanzas artísticas. Las peticiones a la Real Academia están encabezadas por: Francisco Tramulles; académico de la de San Fernando que se proponía como director de Pintura de la de Barcelona, al que acompañan en la petición: Pedro de Costa académico de Mérito de la de San Fernando y Director de Escultura de la de Barcelona, Joseph Martí y Amat Director de Arquitectura de la de Barcelona; seguidos de Carlos Grau, Ignacio Valls, Manuel Tramulles, Ramón Esplugas, etc..

En 1834 se inicia otra etapa renovadora, implantándose las enseñanzas de ornato que ya funcionaban, similar a la que existía en la R. Academia de Milán. Se divide esta nueva disciplina en cuatro secciones: elementos de contorno, elementos de sombra, modelo de yeso y elementos de ornato  Los estudiantes se dedican al ornato que más conviene a su profesión, arte u oficio. En la cuarta se aprenden las reglas de la Composición. En este año las enseñanzas de la Escuela están constituidas por: principios; testas y figuras; flores y artefactos; escultura, yeso y natural; pintura al óleo; perspectiva y paisaje; ornato, grabado y vaciado.

En 1838 se crea, en unos locales del antiguo Convento de San Sebastián, próximo a la Lonja, una Clase del Natural a ruegos de Ferrant y Arnau, trasladándose también la Clase de Grabado al mismo lugar.

También en este año se hace un nuevo intento de lograr de Madrid autorización para transformase en Academia, pero nuevamente la Real Academia de San Fernando considera contrario a sus intereses semejante pretensión.        

La Junta atraviesa desde hace tiempo problemas económicos, sus ingresos dependen básicamente de peritaje, concedidos en su fundación y que poco a poco han ido reduciéndose y viéndose afectados por las diferentes guerras que se van sucediendo, ahora en 1841 se verá suprimido al aprobarse el nuevo plan arancelario que suprime los arbitrios especiales y entre ellos el peritaje de la junta. El mantenimiento de las enseñanzas requiere fuertes sumas económicas, para sufragar los gastos de locales, pensiones, materiales, profesores, etc. Todo ello le lleva en 1842 a declarar públicamente la imposibilidad de mantener  las Escuelas en funcionamiento. Los profesores y trabajadores del centro llevaban casi un año sin cobrar.

Ante la grave situación la Junta se dirige al Gobierno para solicitar nuevamente la creación de una Academia, amparándose en las indicaciones recibidas de la Real Academia de San Fernando en noviembre de 1829, aunque justificando su retraso por las situaciones de inestabilidad vividas en el Principado. Deseaban formar la creación de la Nacional Academia Barcelonesa de Bellas Artes, puesta bajo la advocación de Santa Eulalia, se aprobaron los Estatutos Provisionales y se solicitó la ayuda y colaboración de la Diputación, el Ayuntamiento y la Academia de las Buenas Letras y de Ciencias y Artes. El Ayuntamiento por su parte se había dirigido ya al Gobierno solicitando autorización para establecer una Escuela de Nobles Artes.

La Academia de San Fernando no considera oportuno destruir la más bien montada Escuela de la nación, sostenida por la Junta de Comercio.

En 1849 por Real Decreto de 31 de diciembre quedan instituidas las Academias Provinciales de Bellas Artes quedando bajo su tutela las enseñanzas artísticas. Esto aunque no significaba, directamente, la desaparición de la Junta de Comercio si significaba vaciarla de contenido. El traslado y traspaso de competencias fue lento y difícil por la oposición de la Junta, deslindar atribuciones y competencias entre la Junta de Comercio y Academia llevo tiempo, exigió años de trámites y negociaciones.

El 27 de abril de 1850 administrativamente hablando quedo instituida la Academia Provincial de Bellas Artes de Barcelona, después de leer el Real Decreto de 31 octubre de 1849 sobre organización y régimen de las Academias y estudios de Bellas Artes en las provincias de la Monarquía. Fue un acto ajeno a la Escuela de Nobles Artes de la Lonja, la nueva Academia no tenía local donde reunirse y los académicos que fueron nombrados aunque formaban parte de la vida cultural catalana eran, también en su mayoría. ajenos al mundo del arte. Muchos de los profesores de la Escuela de la Lonja, que eran ya académicos de la de San Fernando o San Carlos y que quedaron fuera de este primer nombramiento, solicitaron su inclusión en la provincial, su petición fue aceptada meses después y a finales de 1850 asistían ya como académicos los profesores: Vicente Rodes, Antonio Ferrant, Damián Campany, Antonio Roca, Luis Rigalt y José Casademut. Con ello la Academia provincial alcanzaba el prestigio y autoridad artística que le correspondía.

No obstante seguían existiendo diferencias, una cosa era dirigir las enseñanzas artísticas y otra muy distinta, al menos para la Junta, dirigir la Escuela de la Lonja. La Junta intentó mantener fuera de la órbita de la Academia aquellas enseñanzas artísticas de tipo más industrial, aquellas con las que empezó la escuela, que a su entender estaban más alejadas de competencias académicas.

La autoridad gubernativa tuvo que decidir finalmente la cesión del segundo piso del edificio de la Escuela de la Lonja para ser ocupado por la Academia provincial; tras algunos altercados y dificultades así queda establecido.

En cuanto a las cuestiones docentes el Reglamento que la Real Academia de San Fernando había aprobado, establecía una división de la enseñanza en estudios menores y superiores. Los menores de, carácter gratuito, eran considerados elementales y preparatorios para el paso a los superiores y los de aplicación a la industria, estaban divididos como sigue:

            1º) Aritmética y Geometría propias del dibujante; 2º) Dibujo de figura; 3º) Dibujo lineal y de adorno; 4º) Dibujo aplicado a las Artes y a la fabricación; 5º) Modelado y vaciado de adorno.

Los Estudios superiores, exigían el abono de matrícula y correspondían a los de Bellas Artes y maestros de obras consistiendo en:

            1º) Dibujo de antiguo y del natural; 2º) Pintura, escultura y grabado 3º) Enseñanza de maestros de obras y directores de caminos vecinales.

El Decreto de junio de 1869, del que ya hemos hablado, crea serias dificultades en Barcelona que quedan subsanadas por interpretaciones particulares del decreto, de manera que las nuevas normas no afecten a las enseñanzas establecidas en el principado y puedan seguir impartiéndose. No obstante, las atribuciones que este decreto confiere a las Diputaciones hace que la Diputación de Cataluña empiece a acariciar la idea de crear una nueva Escuela que reúna todas las enseñanzas, denominada Escuela Politécnica. Su inauguración se efectuó en octubre de 1869 en las mismas clases de la Lonja.

En 1871 el Gobernador de la provincia de acuerdo con las disposiciones vigentes en materia de enseñanzas artísticas y para solucionar los problemas existentes dispone la reorganización de las enseñanzas en Cataluña, disolviendo la Escuela Politécnica y creando dos Escuelas: una de Arquitectura y otra de Pintura, Escultura y Grabado, pero considera que deben arbitrarse medidas de tipo administrativo que permitan reorganizar al profesorado. Una vez hecho esto éstas escuelas deberán quedar bajo la tutela superior de la Institución más idónea para ello: la Academia Provincial de Bellas Artes y que se provea de fondos a ésta para poder acometer la tarea sin problemas. Establece también que la recién creada Escuela provincial de Arquitectura dará impartirá sus estudios siguiendo la enseñanza oficial de la de Madrid, expidiendo títulos de Arquitecto según la norma de 8 de enero de 1871. La Escuela provincial de Pintura, Escultura y Grabado dará las siguientes enseñanzas: dibujo del antiguo y natural; Colorido y Composición; Perspectiva y Paisaje; Teoría e Historia de las Bellas Artes; Anatomía Artística; Escultura; Grabado en todas sus formas y procedimientos.

Ya en estas fechas la ciudad de Barcelona había iniciado su expansión, y aumentado su densidad demográfica de tal modo que la saturación de alumnos en las Escuelas existentes es muy alta, pidiéndose la apertura de centros secundarios en los diferentes barrios de la ciudad que facilitaran el acceso de los habitantes de la periferia y aumentaran el número de alumnos posibles. La Academia propondrá a la Diputación la creación de Escuelas sucursales de dibujo en los diferentes barrios. Y se publica una convocatoria para conceder subvenciones a otras Escuelas de Artes y Oficios que creasen las poblaciones de la provincia. Las primeras que lo solicitaron fueron: Mataró, Sabadell y Tarrasa. La primera escuela de este tipo se creó en 1880 en la calle del Dr. Dou, nº 17, bajo. Tuvo un éxito rotundo quedando cubierto el cupo de alumnos en el primer año de funcionamiento.    

Los diferentes decretos de fines de siglo, que hemos comentado en el apartado anterior conducen finalmente a desvincular la Academia Provincial de Barcelona de la Escuela de Bellas Artes, culminando en 1900 cuando además sufre una transformación en la denominación pasando a ser: Escuela de Artes e Industrias de Barcelona.

A partir de esta fecha esta escuela que tuvo su origen en la Escuela de Lonja se incorpora a la enseñanza oficial.

El panorama general de las enseñanzas artísticas que hemos expuesto hasta aquí, daría mucho más de sí y, es un tema que en sí mismo permitiría un trabajo más extenso, si detallásemos las características propias de cada provincia; ante las limitaciones de tiempo y espacio hemos intentado plantear un panorama general que, básicamente, puede hacerse extensible a todo el territorio nacional. Las diferencias propias de cada una de las provincias afectaron también a este proceso, lo que sin duda produjo desajustes cronológicos pero, sustancialmente, el proceso fue uniforme. Ante la imposibilidad pormenorizar la situación en cada una de ellas nos hemos decidido por centrarnos en los dos ejemplos, que creemos, más significativos: Madrid y Barcelona. Somos, también,  conscientes que cualquiera de los dos ejemplos permitiría, e incluso requerirían, estudios más extensos que quedan fuera de nuestras posibilidades.

BIBLIOGRAFÍA

AA. VV. Plan General para el Gobierno de las Escuelas de Nobles Artes, dispuesto por la Real Academia de San Fernando y aprobado por S .M. Imp. Real. Madrid. 1819

Marés Deulovol, Federico. Enseñanza artística en el Principado. La Junta particular de Comercio. Escuela gratuita del diseño. Academia de Bellas Artes. Ed. Camára Oficial de Comercio y Navegación de Barcelona. Barcelona. 1964.

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