GLORIA MELGAR (1859-1938). XVI. Por Virginia Seguí


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La mujer y las enseñanzas artísticas. I

Nuestro trabajo se centrará en las especificidades que determinaron la enseñanza de estudios artísticos a la mujer. Nos enfrentamos, como en el caso anterior, a multitud de posibilidades. Intentaremos plantear un panorama general, y a la hora de puntualizar algún caso especial, profundizaremos en la situación madrileña.
Los problemas que tendrán las mujeres de extracción popular para acceder al aprendizaje artístico tradicional se centran en las dificultades que presentaba su estudio en el taller del maestro:
“Uno de los problemas esenciales con los que se encontraba la mujer del Renacimiento era el estudio en el taller del maestro. Normalmente los aprendices entraban alli siendo todavía niños y no se podían casar durante el período de aprendizaje, hecho inadmisible para una mujer, ya que acabado el mismo podía ser demasiado tarde para el matrimonio.”
Todo esto sin entrar a valorar cuestiones de orden moral, que podían plantearse a la hora de que una mujer viviera en la casa del artista, aun cuando este estuviese casado, y tuviese que convivir diariamente, además de con el artista y su familia, con el resto de discípulos que aprendían el oficio. Existían dificultades para el aprendizaje, incluso, cuando la artista en cuestión era hija de un artista.
El sistema gremial, en general, era contrario a permitir la formación de la mujer, impidiéndole así cualquier posibilidad posterior de desempeñar un oficio, ya que la autorización del Gremio era un paso previo imprescindible en cualquier profesión.
La mentalidad ilustrada modificó esta situación, abriendo posibilidades a la mujer, al favorecer y facilitar su acceso a algunas profesiones para las que se la consideraba naturalmente dotada.
La idea dominante, defendida por la mayoría de los hombres y mujeres de la época, era que la mujer, dadas sus especiales características, debía recibir un tipo de educación adecuado a ellas, esto  condicionó sus posibilidades. Sí, el planteamiento hubiera sido de tipo igualitario, una vez reconocida la necesidad de educar a la mujer, hubiera bastado con facilitarla el acceso a los estudios existentes, ya organizados, para los hombres, e incorporarla a ellos; esto hubiera ido paliando las desigualdades; pues la mujer hubiera ido accediendo a los diferentes niveles de educación, en la medida de sus capacidades y posibilidades, según sus características individuales. Pero el planteamiento no fue éste, sino que se organizó una educación especial encaminada, básicamente, a desarrollar en ella las capacidades para las que, según los tópicos vigentes, estaba dotada, que no eran otras que las que le interesaba al hombre y la sociedad de mayoría burguesa que se estaba formando, que desarrollara. 
Hemos visto como las ideas ilustradas del siglo XVIII, sobre todo en lo concerniente a la mujer de la clase popular, defendía su derecho a recibir una formación, con vistas a aprovechar su potencial como sujeto activo de la sociedad, desechar su ociosidad, etc, son muchos de los argumentos que se esgrimen. Debemos señalar también que respecto a la mujer de clases sociales altas, también se desarrollará un interés por que acceda a la educación. Sobre todo la sociedad francesa vive durante el siglo XVIII, un momento en el que la mujer consigue, en cierta manera, el dominio o control de campos que hasta ese momento le habían estado vedados. Ya hemos mencionado el comentario al respecto de los hermanos Goncourt, y cabría añadir los hermanos Gall que inciden en lo mismo. Además, esta situación preponderante de la mujer tiene dos consecuencias preocupantes: primero que al ocuparse de cuestiones de las que habitualmente ha estado desligada: como la política, las artes, las finanzas, se aleja de su medio natural: su hogar, abandona sus deberes de madre y esposa, etc. y, segundo que su cambio de rol, conlleva, además un efecto negativo en el comportamiento masculino quienes, en sus manos, se convierten en petimetres pusilánimes, perdiendo así todas sus capacidades y dotes directivas. La situación expuesta tiene su mayor exponente en la sociedad francesa, pero desde allí comienza a exportarse, sobre todo a países próximos política y geográficamente, comenzando a notarse también en la sociedad española situaciones parecidas, que aunque no tan graves como el caso francés, no dejan de preocupar a los ilustrados españoles del XVIII. Quienes ven que la solución a estos problemas pasa, también, por la educación de la mujer, ya que controlando su educación se controlará su comportamiento.
Las Sociedades Económicas de Amigos del País que van extendiéndose por la geografía española comienzan a fundar escuelas, entre ellas algunas especialmente dedicadas a las mujeres; en su mayoría encaminadas a conseguir su incorporación a la industria. En el Anexo II incluimos una relación de escuelas fundadas por estas entidades, como muestra de su labor educativa. Cabe destacar, en este sentido, la  gran actividad fundacional que la Económica Matritense dedica a mujer.
De acuerdo con la ideología dominante estas entidades acometieron, básicamente, dos tipos de escuelas: Primeras letras y de Artes y Oficios, incorporando a ellas, en ambos casos, a la mujer.
Durante el siglo siguiente la mentalidad fue transformándose; la educación ya no debía restringirse a la clase popular, sino extenderse a toda la sociedad, especialmente, a la creciente clase media. La mujer de la clase media tenía una labor importante que cumplir, y sólo su correcto desempeño permitiría el desarrollo de la sociedad liberal. Ejercer el poder por parte de la aristocracia era sencillo, su poder económico les permitía el desempeño de sus altos cometidos; podían pagar personal para que se ocupara, tanto de las tareas domésticas, como de las educativas, sobre todo, en lo concerniente a los varones ya que éstos eran los destinados, en el futuro, a ocupar el lugar de su padre y desempeñar altos cargos o labores directivas. ¿Pero que sucede con la burguesía?. La gran mayoría, no podía permitirse el lujo de contratar criados y/o educadores para su familia; sólo si la mujer estaba capacitada para hacerse cargo del hogar y de la educación de sus hijos, el hombre podría, teniendo así aseguradas ambas cuestiones, dedicarse a fines más altos: la política, las finanzas, etc.. No es por tanto de extrañar el creciente interés por educar a la mujer, aunque siempre dentro de los límites necesarios para los fines previstos.  
Existen, por tanto, dos intereses básicos: por un lado la necesidad de incorporar a la mujer de la clase popular al trabajo industrial, con ello tendría solucionado el problema de la ociosidad y sería además una medida económicamente rentable, dado que sus salarios siempre han sido inferiores a los percibidos por cualquier hombre; únicamente el trabajo infantil era más rentable. Respecto a la mujer de la clase media, su nuevo papel exigiría de ella modificaciones en sus actividades y conducta.
Existía la posibilidad de asistir a un colegio de señoritas, éstos podían ser religiosos o  seglares; la primera opción era la más habitual, aunque el número de los colegios privados seglares fue creciendo poco a poco y comienzan a ser interesantes para la educación de la mujer, sobre todo, a partir de las experiencias krausistas y la creación de la Institución Libre de Enseñanza, desde donde se planteaba, sin paliativos, la coeducación igualitaria, además de unos sistemas de enseñanza innovadores. Otra iniciativa digna de mención es la realizada por educadoras protestantes norteamericanas, como Alicia Gulick con la fundación en Madrid, en 1903, del Instituto Internacional que había tenido su precedente en el Colegio Norteamericano de San Sebastián fundado por el mismo grupo en 1881, que presentaba también experiencias docentes innovadoras para la educación femenina.
Las asignaturas impartidas, adecuadas a los planes de estudio vigentes eran, por tanto, coincidentes, con diferencias más bien terminológicas. Si consultamos algunos prospectos informativos que confeccionaban los colegios religiosos anunciando sus enseñanzas comprobamos que en la mayoría de ellos coinciden en las Enseñanzas generales: Religión y Moral, Lectura, Escritura, Gramática Castellana, Geografía, Historia, Literatura, Elementos de las Ciencias naturales y Geometría (aquí hay variantes a veces aparece Elementos de la Lógica), labores de mano (suelen incluir: zurcidos, bordados en blanco, seda y oro, cortar, planchar, etc.). Los idiomas pueden tener tratamiento diferente, el francés suele estar incluido en los estudios generales, el inglés y el alemán aparecen incluidos en los estudios de adorno; la Música en sus ramas de piano y canto y el dibujo, son siempre de adorno. Los estudios de adorno se imparten a petición de los padres y se abonan aparte. Esto sucede también en los prospectos de colegios religiosos franceses. Las asignaturas de adorno, normalmente optativas, son básicamente enseñanzas artísticas: dibujo, música. Aunque en este nivel de estudios puede decirse que se trata de una educación básica, se imparten unos conocimientos artísticos que cualquier señorita, que se precie de serlo, debía conocer, pero la escasa profundización en los estudios no permitía el desempeño de una actividad artística en el plano profesional.
Otras opciones que tienen cierto éxito, cuando se pretende conseguir un nivel de aprendizaje mayor, serían:
  • A) Las Clases particulares con un maestro. En la prensa de la época existen multitud de anuncios en este sentido (Fig. 56). Los catálogos de las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes, demuestran que ésta era una práctica habitual. Las reseñas sobre la participación femenina pone de manifiesto que las artistas en su gran mayoría figuran como alumnas de algún artista que impartía clases particulares.
  • B) Aprendizaje sin maestro, también se oferta, en la prensa y revistas, esta posibilidad. En realidad este método es el tradicional, ya que se trataba de una cartillas de dibujo, más o menos orientadas y adecuadas a la educación artística que se suponía debía aprender una mujer; el uso de las cartillas de dibujo era habitual, también, en el aprendizaje con maestro, ya que el alumno debía copiar y estudiar los modelos propuestos en ellas hasta adquirir perfección en su reproducción. Aquí se trataba de lo mismo pero siguiendo unas instrucciones sistematizadas de manera que siguiendo las pautas en ellas indicadas las alumnas pudieran ir avanzando en el aprendizaje, sin necesidad de un control directo por el maestro. El mayor problema se presenta en las correcciones de los ejercicios y en el control de los adelantamientos.
A continuación abordaremos la labor que se acomete desde instancias, más o menos, oficiales o gubernamentales en cuanto a la educación artística femenina.
BIBLIOGRAFÍA
Gall, Jacques y Gall, François. La pintura galante francesa en el siglo XVIII. Fondo de Cultura Económica. México. 1953
Martín Gaite, Carmen. Usos amorosos del dieciocho en España. Ed. Anagrama. Madrid. 1987
Zulueta, Carmen de. Cien años de educación de la mujer española. Historia del Instituto Internacional. Ed. Castalia. Madrid.1992..

 

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Un pensamiento en “GLORIA MELGAR (1859-1938). XVI. Por Virginia Seguí

  1. Pensaba al leer el articulo en las mujeres artistas y en las mujeres “de los artistas” que también lo fueron a su vez, a fines del siglo XIX, los casos de las mujeres de Picasso, por ejemplo y otras…han tenido que pasar años de lucha para que fueran reconocidas por su arte, y dejaran de ser vistas como casos extraños.
    Y aquí se puede ver el comienzo de sus luchas por el reconocimiento.

seguicollar

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