Historia de la Mujer – Antígona y otras mujeres célebres


       El historiador Antonio Pirala sigue colaborando en la revista <El Correo de la Moda> con sus artículos para la Sección: Instrucción. Historia de la Mujer, el que reseñamos hoy es el primero de una serie en la que irá informando a las lectoras sobre las mujeres más destacadas de la Antigüedad, comentando las acciones por las que han destacado y haciendo mayor hincapié en las que considera tuvieron mayor importancia o, quizás, en las que tiene mayor información. La serie se inicia con el numero 29 de la segunda época, publicado el 8 de agosto de 1853. Respetamos la ortografía original

Antígona y otras mujeres célebres

Es tan abundoso el catálogo de las mujeres célebres, ora por su saber, ora por su virtud, ora por su valor, ora en fin por sus descubrimientos, que si hemos de presentar á nuestras amables lectoras una reseña de la principales, que son patrimonio de la historia, habrémos de compendiar en estremo sus hechos, abrazando á varias en la mayor parte de nuestros artículos. Solo así podrá tener termino la tarea, para nosotros tan grata, tan de la índole de periódico, y que tan satisfactoria debe ser á las suscritoras, por lo que lisonjea siquiera su legítimo amor propio.

Modelo de virtud, de piedad filial, y de cariño fraternal, se ofrece á todas las edades la hija de Edipo y de Jocasta reina de Tebas, la famosa Antígona. Durante el destierro á que voluntariamente se condeno su padre, después de haberse privado de la vista, le acompañó solícita, y le sirvió de guia. Hizo cuanto pudo, aunque infructuosamente, para reconciliar á sus hermanos Eteócles y Polynice, tan conocidos bajo la denominacion de los hijos de Edipo; y cuando murieron, su tio Creonte, que habia usurpado el trono, prohibió enterrasen á Polynice, prestestando que habia muerto con las armas en la mano dirigiéndolas contra su patria. A pesar de tan inícua órden, Antígona volvió secretamente a Tebas para dar á su hermano sepultura, y se halló con Argía, su cuñada, que ya habia acudido con igual objeto al sitio donde yacia su esposo. El bárbaro y desnaturalizado Creonte, instruido de haber sido desobedecido su mandato, dispuso que algunos guardias velasen cerca de la sepultura para descubrir al transgresor, y sorprendieron á la tierna Antígona, que iba á llorar sobre la tumba de su infeliz hermano,  que murió de orden del tirano.

Tan bello asunto suministró á Sófocles argumento para una de sus mejores tragedias, cuya representación causó tanto entusiasmo en los atenienses, que premiaron al célebre poeta con el gobierno de la Isla de Samos.

Areta, hija de Aristipo, célebre filósofo de Atenas, es uno de los innumerables ejemplos que prueban la aserción, que tantas veces hemos sentado, de no ser esclusivo patrimonio del hombre la ciencia. Areta, orgullo de su patria y de su tiempo, era tan docta en las letras griegas como en las latinas; y leia y explicaba de tal modo la doctrina de Sócrates, que mas parecia haberla escrito que aprendido. Esto dió lugar á que fuese fama en toda la Grecia, que el alma de Sócrates habia transmigrado á Areta. Escritora tan fácil y elegante como sábia maestra, dejo á la posteridad cuarenta libros sobre diversas ciencias. Después de haber enseñado filosofía material y moral en las Academias de Atenas por espacio de treinta y cinco años, murió á los setenta y siete de su edad, tres siglos antes que Jesucristo. Ciento diez filósofos distinguidos se vanagloriaban de haber sido sus discípulos. Sus conciudadanos, dolorosamente afectados por su pérdida, honraron extraordinariamente su memoria, e inscribieron en su sepultura el siguiente epitafio: Aquí yace Areta, la gran griega, lumbrera que fué de toda la Grecia: tuvo la hermosura de Elena, la honestidad de Thirma, la pluma de Arístipo, el alma de Sócrates, y el lenguaje de Homero.

Arquidamia, hija del rey de Esparta, Cleonimo, es una de esas figuras colosales de la antigüedad, cuyo heroísmo no pierde a pesar de los siglos, cuya grandeza reconocerán todas las generaciones.

Por ambicion de vencer á un pueblo tan valiente, invadióle Pirro, rey de Epiro, tan de improviso, y con tal rapidez, que llegó á Esparta sin obstáculo. Creyeron cierta ruina, trataron los Espartanos de salvar á sus mujeres, enviándolas a Creta, y Arquidamia se presentó al Senado, y en nombre de las demas de su sexo, romped ese decreto injurioso, les dijo. Nos deshonrais creyéndonos tan cobardes que podamos sobrevivir á la ruina de la patria: preparadas estamos á defender la ciudad, y resultas a morir con vosotros… Aquel rasgo de valor fué premiado; las mujeres permanecieron, y pelearon heróicamente, llevando al cuello Quelinodia, madre de Arquidamia, una cuerda con un nudo corredizo para ahorcarse si triunfaba el enemigo. Estimulando el valor de los hombres con el ejemplo de las mujeres, en vano repetia el sitiador sus ataques, en vano irritado con una resistencia que no entraba en sus cálculos asaltó la ciudad. Confundidos los sitiados de ambos sexos, cedió ante su coraje el empeño del invasor, á quien persiguieron en su fuga, dándole al fin muerte.

Por una série de visicitudes, fue preso y degollado el rey, hermano de Arquidamia, y ahorcada la madre. Obligada á entrar en la prision donde ambos habian sido ejecutados, verdadera espartana, ayudó á descolgar á su madre, la estendió con cuidado al lado de su hijo, la cubrió con un lienzo, y presentó el cuello al verdugo, esclamando: ¡quieran los dioses que mi muerte sea útil á Esparta!

Afrania, mujer de un Senador romano, defendia con admirable despejo muchos pleitos, á cuya ocupación era muy afecta: Agalis, muy celebrada por su sabiduría, daba como Areta, lecciones públicas en Grecia: Aganice (de Tesalia), fué la primera mujer que se dedicó al estudio de la astronomía, y á cuyas investigaciones se debe el conocimiento de las causas y tiempo de los eclipses de luna: Agripina, la mujer de Germánico, le acompañó constantemente, inflamando en el peligro con su ejemplo y su voz el valor de las legiones de Roma, que condujo una vez al combate, triunfando del enemigo. Alcesta, mujer de Admeto, rey de Tesalia, consultó en la grave enfermedad de su esposo al oráculo, y obteniendo por respuesta que moriria si alguien no sacrificaba por él su vida, hizo este sacrificio, que sirvió de argumento a una de las mas bellas tragedias de Eurípides; y Antonina, mujer de Belisario, le acompañó en sus campañas, sirviéndole de mucho con su valor y consejo.

Pero por mas que nos reducimos, se va haciendo larga esta reseña, que continuaremos en el inmediato número.

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3 pensamientos en “Historia de la Mujer – Antígona y otras mujeres célebres

  1. Me ha interesado mucho la historia de Antígona; y me he quedado con ganas de saber más de Arquidamia, que Pirala solo menciona. Seguiré leyendo a ver si en algún articulo posterior algún autor nos dice sobre ella alguna cosa.
    Y agradezco estos articulos porque aprendo historia y aprendo sobre mujeres.

  2. Pues me alegra mucho que te interesen estos artículos, la verdad es que en el siglo XIX las lectoras de El Correo de la Moda, debieron aprender mucho con ellos, mira después de tanto tiempo, pues nosotras también.

seguicollar

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