Historia de la Mujer – Mujeres célebres de la Antigüedad


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           El historiador Antonio Pirala continúa con su serie de artículos sobre las mujeres de la Antigüedad descubriendo a sus lectoras de la revista El correo de la Moda las acciones sus acciones y hechos mas relevantes. El que introducimos a continuación se publico el día 16 de agosto de 1853, como siempre en la sección <Historia de la mujer. Instrucción>. Respetamos la ortografía original.

Mujeres de la Antigüedad: Arquileonida, Arria, Artemisa y Aspasia

La envidia de nuestro sexo intenta desvirtuar los casos sin cuenta que la historia de todos los tiempos y de todos los pueblos presenta del mérito de tantas mujeres, alegando que son una excepción de regla. Si las Amazonas y las Espartanas no destruyesen su aserto, las Argivas y Focenses les impondrían silencio en el particular de que mas blasonan. Eduquen á la mujer como a sí mismos se educan, y si en igualdad de circunstancias no corresponde, á pesar de su distinta organización y condiciones, á lo que debe aguardarse de la misma, entonces, y solo entonces, tendrémos derecho á decir que las mujeres que descuellan en tal ó cual ramo del saber, en valor o en hechos grandes, son fenómenos de su sexo. Mientras tanto abrigarémos la convicción de que tan dispuestas como nosotros para ciertos conocimientos, son mas susceptibles de todo lo grande y de todo lo sublime por su delicada imaginacion, por su exaltacion ardiente.

Breves serán los ejemplos que hoy ofreceremos de los supuestos fenómenos, cuyo número infinito destruye de suyo la suposicion. Si se trata de la grandeza de su alma, ahí esta Arquileonida, esa famosa lacedemonia, cuya respuesta a los que elogiaban el valor de su hijo, muerto en el combate, ha celebrado tanto la historia.- <Gracias á los dioses, dijo, aun quedan en Esparta otros mas valientes que mi hijo:> ahí Arria, ilustre romana, notable por su pasion á su marido, y mas aun por el valor con que murió; pero es tan elevado y tan digno su fin que merece reseñarse. Peto, su esposo, partidario de Escriboniano, sublevado contra el emperador Claudio, fue preso y embarcado para roma. En vano rogó Arria ocupar el lugar de un esclavo, que no se le podria negar por su categoría. Sin dejarse dominar por la desesperacion, siguióle sola en su esquife desde la Esclavonia. Allí, y en presencia de Claudio, reprendió  agriamente á la mujer de Escriboniano, porque aun conservaba la vida habiendo visto morir á su marido. Condenado Peto á muerte, y sin medio de salvarle, instóle su mujer á que se suicidase; mas viéndole sin resolución para ello, dióle ejemplo, y clavándose el puñal que le presentaba. Así, Peto, le dijo: y sacándosele se le ofreció tranquila, añadiendo: Toma Peto, esto no hace mal, y el romano se dió la muerte.

Nuestra religion reprueba justamente el suicidio, pero téngase en cuenta que no lo reprobaba el paganismo. Remontándonos, pues, á las antiguas épocas, que despojan al hecho referido de toda falta, no tendrá límites nuestro asombro al contemplar el valor inmenso de esa mujer, su entereza, su amor á la honra de su esposo, y su heróico sacrificio.

Si se trata de una mayor conyugal que no requiera tanta fiereza y dignidad, ahí está la esposa de Mausolo, que dio sér con su dolor á una palabra. A la muerte de su marido, aborrecido y aborrecible por su carácter fiero, la reina de Halicarnaso, Artemisa, le erigió un sepulcro tan magnífico, que se tuvo por la tercer maravilla del mundo, derivándose de aquí la denominación de Mausoleo, que se da á los monumentos fúnebres de importancia. Y se dice que consumió las cenizas de su marido quemando una pare con sus aromas, y mezclando las demás con sus bebidas. Lo cierto es, que minada por el dolor su existencia, murió en el mismo Mauseoleo 353 años antes de Jesucristo.

Y si por último, se requieren pruebas de un talento consumado, y de asiduos y profundos estudios, otro ejemplo presentaremos hoy de la antigüedad.

Aspasia, natural de Mileto, en la Jonia, fué tan célebre por su instrucción como por su belleza. Estudió en Atenas, y su casa llegó bien pronto á ser el punto de reunion de los hombres mas distinguidos de la Grecia. Allí se discutían los puntos mas interesantes de la filosofía, de la literata y de la política: el mismo Sócrates iba á escuchar sus lecciones, y Alcibíades y Pericles eran de los concurrentes mas asíduos. Amiga de todo lo grande, noble y bello, contribuyó con todo su poder á inspirar á los atenienses el gusto por las artes; y por su elocuencia, su amabilidad, y su claro ingenio, merecia los respetos que la tributaban los filósofos, los guerreros y los hombres mas distinguidos de la Grecia. Esposa del insigne Pericles, é influyente como tal en los negocios del Estado, dividido entonces en bandos, envidiada además por su hermosura y valor, fue víctima de los venenosos tiros de la calumnia, y acusada por partido contrario a su esposo de no creer en los efectos divinos de los fenómenos celestes y atmosféricos, ni dar crédito á la mitología griega. Esta mujer ilustrada se habia adelantado unos cuantos siglos a despreciar los delirios mitologicos, como nosotros hace ya algunos que los despreciamos. Era sin embargo punto de religion, y el Areópago, que no transigia en asuntos de esta especie, se hallaba poco dispuesto a absolverla. La defensa elocuente de su esposo no bastó á poner de su parte a los inflexibles jueces: Aspasia sabia lo terrible de las penas con que los areopajitas castigaban la impiedad; y por una debilidad muy propia de su sexo, prorrumpió en llanto. Pericles sabia por experiencia todo el poder que el hermoso semblante de Aspasia ejercia en el momento de verter lagrimas, y recurrió en tal conflicto a un lenguaje de accion para conmover á los jueces. Levantó el velo con que esposa estaba cubierta y el Areópago la salvó.

Atenas debió al genio singular de esta mujer el rápido progreso que hicieron en su tiempo las ciencias y las artes; y si nuestra era no hubiese cerrado las puertas del saber á esa hermosa mitad del género humano, otro seria el estado de unas y otras, y mayor que el de las antiguas el número de las mujeres modernas que ilustrasen á la humanidad con sus luces, y la empujasen hacia la perfeccion, en cuya digna empresa no debiéramos desdeñar sus esfuerzos.

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Un pensamiento en “Historia de la Mujer – Mujeres célebres de la Antigüedad

  1. Es muy de agradecer estos textos sobre “La historia de la Mujer”. Tengo que reconocer que muchas de estas biografías me eran desconocidas. Sigo con mucho interés tus textos.

seguicollar

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