Mujeres Artistas. Marietta Robusti


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               Esta sección incluirá información sobre la actividad de las mujeres dentro del mundo de las artes, y su formato será variable, apareceran sus biografías, sus obras, etc.; en otras ocasiones, se incluirán escritos sobre ellas publicados en revistas del siglo XIX y toda la información de interés sobre el tema que podamos recabar. Vamos a comenzar con Marietta Robusti pintora e hija del celebre pintor Jacobo Tintoreto. Para comenzar, en varios capítulos, la obra: Marietta Tintorella, relato novelado de su vida, obra de la escritora francesa Mde. Eugenia Foa (1796-1853?),  autora de obras históricas y morales para la juventud, colaboradora habitual de revistas parisinas como  “Journal des enfants”, “Journal des demoiselles” o “Dimanche des enfants“; bajo el seudónimo de Maria Fitz-Clarence y/o d’ Edmond de Fontanes publicaba folletines en la prensa de la época. El original que transcribimos está publicado en la revista madrileña, dedicada al público femenino “El Correo de la Moda“, y traducida al castellano por la escritora asturiana Robustiana de Armiño Gomez, dada su extensión se publicará en varios números de la revista, comenzando con el 30 de la 2ª Época de 16 de agosto de 1853.

MARIETTA TINTORELLA. I. La mujer del Tintorero

En Venecia, cerca de Santamaría Dell’Orta, por otro nombre, Ntra. Sra. Del Jardin, que pertenecia en la época á que nos referimos (1575), á los canónigos regulares de San Ambrosio, veiase una casa, cuyo esterior, cubiertas de grandes fajas encarnadas, verdes, azules y amarillas, indicaban la morada de un tintorero; mas ningun paño, ninguna tela colgada á las ventanas, atestaba la actividad de los obreros; y en el interior, las calderas vueltas boca abajo y el silencio del laboratorio, decian que el comercio que sostenia los habitantes de la casa estaba paralizado largo tiempo hacia.

El dia bajaba por momentos, y una brisa fresca reemplazo despues de algunos instantes los ardientes calores del mes de agosto; una mujer anciana abrió la puerta del jardín y salió a respirar el aire fresco de la noche.

Apoyada sobre un baston, se adelantó lentamente, al través de los árboles del vergel, examinando atentamente, y aun tocando con la mano que tenia libre, las hermosas frutas suspendidas en las ramas.

El ruido que hizo un hombre, que pasaba á su espalda, la hizo volver la cabeza:

— ¿Eres tú, Jacobo? Dijo la anciana: tu rostro está bastante alterado, ¿qué hay? ¿qué ha ocurrido?

— Hay… hay… que el dia se acaba, y ya no veo, respondió aquel hombre rompiendo entre los dedos con despecho uno de los pequeños pinceles de que se sirven los pintores para estender las sombras.

— El dia se acaba igualmente para todos, hijo mio, respondió la anciana con una voz dulce y tranquila.

— Si, pero mi paleta estaba cargada, tenia que desleir los tonos de color de carne… de aquí á mañana se secaran… será preciso empezar de nuevo, oh! ¡qué oficio! ¡qué oficio!

— Y bien! Volverás a empezar mañana tus tintes.

— Mis tintes! Repitió bruscamente Jacobo: Vos creeis ser todavía la mujer del tintorero, como cuando existia mi padre. Madre mia, vos sois la madre de un pintor, señora Robusti, recordad lo que voy á deciros, madre del Tintorero: la pintura y los tintes son dos cosas muy diferentes.

— No es tanta la diferencia, respondió la vieja sin conmoverse: la pintura y los tintes se hacen siempre con colores, luego….

— No hay diferencia! repitió Jacobo, reprimiendo un movimiento de impaciencia.

— He! Yo sé bien lo que digo, la diferencia esta solo en el modo de emplear los colores. Tu padre, mi pobre Robusti (que delante de Dios esté su alma), los hacia hervir en una caldera y mojaba en ellos las telas; tú los estiendes sobre el lienzo con tu pincel; pero de un modo ó de otro siempre son colores, y creo que no querras enseñar á tu madre á conocerlos…. á mi, que ya he nacido en este oficio!.

— Escuchar, madre mia, dejemos este asunto y hablemos un poco de mis hijos, dijo Jacobo sofocando un nuevo movimiento de impaciencia.

— Si, si, hablemos de mi hermoso Dominiquito, de mi graciosa Marieta, dijo la pobre abuela, tomando el brazo de su hijo, y apoyándose en él con aire de satisfaccion  maternal.

— De vuestro pequeño y hermoso Dominiquito, un tunantillo de veinte años, mi discípulo y mi sucesor!… pero… lo confieso, él hace mi gloria, mi felicidad, dijo el artista levantando la cabeza con orgullo. ¡Qué pureza en el contorno! ¡qué brillante colorido! He hecho lo que yo, ha tomado por divisa la inscripción que he hecho grabar en las paredes de mi taller. El contorno de Miguel Ángel, y el colorido de Ticiano. Heredará mi talento con mi nombre en el porvenir, se confundirá el Tintoreto padre, con el Tintoreto hijo. ¿Habeis visto su último cuadro, madre mia? ¿el cuadro que le han encargo los canónigos regulares de San Ambrosio para su capilla de Santa Maria Dell’Orta.

— Cómo le habia de ver, respondió la señora Robusti, si no le veo á él: ese chico no esta nunca en casa.

— Madre mia, es porque esta siempre en su taller.

— Entonces, ¿por qué cuando yo llamo á la puerta, ni me abre, ni me responde?

— Es que cuando un artista está trabajando nada vé, nada oye de cuanto pasa en rededor suyo. Yo apruebo esa mania de encerrarse con llave; es el modo de no ser interrumpido… ¡Mi Dominiquito me hará honor!… quisiera poder decir otro tanto de Marieta! Añadió exhalando un suspiro doloroso.

— Marieta? Virgen Santa! ¿qué puedes reprochar á esa pobre niña?

— Muchas cosas, madre mia, muchas; sobre todas, una: yo habia decidido, que no teniendo mas que dos hijos, y queriendo consagrarlos ambos á las artes, uno aprendiera la pintura, y el otro la música. Dominico me ha obedecido, no tengo nada que reprocharle; mas ¡Marieta! ¡Marieta! ¿Cuánto tiempo hace ya que no la he oido cantar, ni tocar la guitarra? Decir, madre mia, decir. Y sin embargo, ella sabe muy bien cuanto alivia mis pesares su dulce voz… ¡esa joven ingrata sabe muy bien cuánto me complazco en oirla!.

— Y bien; yo se lo diré, y la volverás á oir cantar. Pero Jacobo, no estés siempre así, con ese mal humor contra la naturaleza, contra el dia que espira, contra el sol que nos presta su luz, contra mi, porque digo que la pintura y los tintes son un sombrero blando, ó un blanco sombrero; contra esta pobre Marieta, que no canta porque quizá esta llena de pesar. En lugar de llamarte el Tintoreto, como te llama toda Venecia, yo te llamaré con el nombre que te han bautizado los miembros de la municipalidad de San Roque: Il Furioso.

— ¡Oh! esclamó el artista, ¿recordais bien eso, madre mia? Dios mio, yo me rio aun de la sorpresa de mis rivales con la prueba sin réplica de mi admirada facilidad. Esa comunidad habia pedido algunos dibujos á Pablo Veronés, á Salviati, á Federico Zucchero y á mi, con la intencion de escoger los mejores; mi cuadro estaba ya concluido y colocado, cuando los demas no habian acabado aun sus perfiles…. qué triunfo! Qué bello triunfo!

— Triunfo! sea; mas ya que tus hijos no están aquí, permíteme reprenderte un poco y hacerte una observación bastante sencilla: Jacobo, ten la bondad de decirme ¿para qué sirve la pintura?

— ¡El arte mas bello de cuantos existen, madre mia! ¡animar un lienso, darle vida, poder recordar las facciones de un ser amado! ¡arrancar á la eternidad, al olvido, una imagen adorada!.. ¿y me preguntais para qué sirve la pintura?

— Yo te hablo como una mujer de su casa y tu me respondes como un artista. Jacobo: tu pintura apenas nos basta para vivir, y es de lo que me quejo… los tintes de tu padre nos producian cien veces mas que tus pinceles, Jacobo.

— Dejemos eso, dijo el pintor con sequedad, yo no soy un comerciante.

— Y es de lo que yo me quejo, hijo mio, porque antes de todo es la existencia.

— Y qué! No podemos vivir? Nos hace falta alguna cosas.

— No, pero eso es un secreto de Marieta, Jacobo, yo no sé que hace esa niña para conservar el dinero; un ducado dura un mes en sus manos.

— Dónde está? Dónde está, madre mia?

— Ha salido.

— Salido, á la hora de cenar! He aquí uno de los pesares que me causa esa niña, yo no puedo velar sobre ella; os la habia confiado… y bien, dónde está?

— Tu hija no necesita de que velen sobre ella, Jacobo, es un ángel, y los ángeles se guardan unos á otros.

La llegada de un nuevo personaje que apareció entonces sobre las gradas del jardín hizo callar á madre é hijo, y ambos salieron al encuentro de la persona que llegaba.

(se continuará)

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2 pensamientos en “Mujeres Artistas. Marietta Robusti

  1. Me ha interesado mucho este artículo, Virginia. Si no me equivoco, Marietta era la hija preferida del pintor, que siguió su prfesión y que lamentablemente murió jóven. Han sido muchas las mujeres que han tenido una intervención importante en las Artes, algunas han pasado al olvido lamentablemente.

seguicollar

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