Historia de la Mujer – Mujeres célebres de la Antigüedad VI


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          La serie de Mujeres célebres de la Antigüedad continúa publicandose en la revista femenina <El Correo de la Moda>, su autor el historiador Antonio Pirala publica una nueva entrega en su sección habitual, que se incluía en el número 34 de la 2ª época que se publicó el 16 de septiembre de 1853. Respetamos la ortografía original

MUJERES CÉLEBRES DE LA ANTIGÜEDAD: PULQUERIA

Esta emperatriz de Oriente, hija del emperador Arcadio, y nieta del Gran Teodosio, ha sido una de las princesas que más han honrado el sólio. Desde su edad mas tierna, en que quedó huérfana, se fué  haciendo notable por su distinguido ingenio y por su juicio sólido. Sus discursos, sus acciones, su modestia y su piedad eran la admiracion de la corte á los nueve años, y á los quince hablaba perfectamente varios idiomas, y se distinguía en la historia. Conociendo que su mano podría ser un motivo de discordia, se decidió, luego que llegó a la pubertad, á renunciar para siempre al matrimonio, y para que nadie tuviese la menor duda de sus intenciones, hizo voto público  solemne de virginidad en la iglesia de Constantinopla.

Muy jóven se encargó de la educación de su hermano Teodosio, desempeñando tan difícil cargo con admirable prudencia, y al cumplir éste quince años, la asoció al Imperio, declarándola Augusta el Senado con aplausos del pueblo. Encargada del gobierno á los diez y seis años, desplegó tantos talentos, tanta firmeza y habilidad, que se avergonzaban sus entendidos ministros. <Ofreció un fenómeno (dice la historia del Bajo-Imperio) único, y que no ha vuelto a darse: una princesa de quince años gobernando un vasto imperio con la madurez de la mas consumada experiencia.> En efecto, Pulqueria, heredera de las virtudes del gran Teodosio, gobernó el Oriente con gloria durante treinta y dos años: su justicia restableció el orden, su bondad ganó el afecto de los pueblos: su firmeza reprimió las facciones, y previno las continuas revueltas de que era teatro la capital. Su inmensa caridad, imitada por la córte, desterró la mendicidad; protegió las ciencias, las artes y las letras, y tomó una parte muy principal en la redacción del Código Teodosiano. Fue amparo de la inocencia, alivio de menesterosos, escudo del pais, y protectora de la naciente religión cristiana. Sin curarse de que otra mujer dividiese con ella la influencia que ejercia en el ánimo de su hermano,  deseosa de la felicidad de éste, le propuso por esposa á la jóven Atenais, no mecida en cuna régia, pero muy digna de un trono, sino por su maravillola hermosura y elocuencia, por su virtud y su génio. Convirtióla Pulqueria en cristiana y emperatriz, y su celo por la pureza del dogma fue causa de que, furiosos los Nestorianos con el acuerdo del Concilio de Efeso, que hizo se convocase para condenar sus doctrinas heréticas, inventasen mil calumnias contra esta princesa, de que se vengó haciendo levantar dos magníficos templos en honor de María.

Treinta y dos años de paz y de prosperidad en el Imperio, debidas á la sabiduria y altas prendas de Pulqueria, y las dulces virtudes, la irreprensible conducta que todos admiraban en ella, no dejaban campo alguno á la intriga. La maldad, sin embargo, no descansa. Teodosio no tenia aficion al despacho de los negocios, y habia contraido la mala costumbre de firmar, sin leer, cuando á este fin se le presentaba: las constantes reprensiones de su hermano pudieron corregirle; y la princesa imaginó un medio de conseguir su propósito. Escribió la abdicación de Teodosio, la mezcló entre otros papeles, y la firmo el Emperador sin leerla: entonces Pulqueria le hizo ver á lo que se esponia y al Estado con su indolencia; y en vez de agradecer la importante advertencia que por su gloria y su interés acababa dehacerle su hermana, enojóse , y aprovechando esta ocasión el favorito Crysafio, consiguió la órden de que la consagrase diaconesa el Patriarca. Noticiosa de esta determinación por S. Flaviano, y prefiriendo la calma de la soledad á los honores supremos, previno su desgracia retirándose. Bien pronto se advirtió su falta: los pueblos echaban de menos á la que tantos años había procurado su felicidad con una eficacia verdaderamente maternal, y dejabanse sentir las turbulencias en el Estado y en la Iglesia. El emperador comprendió al fin su falta, y llamó á su hermana, que volvió por el sostenimiento de la religion cristiana, por el bien de su patria y de su hermano. Su entrada en Constantinopla fue una ovacion. <Los grandes (dice un escritor), el clero y el pueblo, la recibieron como una divinidad bienhechora,>, y guiándose Teodosio por los consejos de su hermana, cicatrizó en breve las llagas abiertas en el seno del Estado; volvió a florecer la religion; la paz y la abundancia renacieron en los pueblos, y el nombre de Pulqueria era bendecido en todas partes. Murió el Emperador sin sucesion, y el Senado, los grandes, el ejército y el pueblo aclamaron á una vez emperatriz a Pulqueria, y la elevaron al trono de los Césares. Digna era del cetro; pero contrario á las costumbres del Imperio el gobierno de una mujer, podía dar pretesto á la ambicion, y por evitarlo, se casó Pulqueria con Marciano, y le asoció al sólio. De humilde cuna, su edad de sesenta años, su entereza y probidad, y sus dotes militares secundaban los laudables designios de la Emperatriz, y le dió la púrpura, prévio juramento, que le exigió, de respetar su castidad. Marciano justificó plenamente la eleccion de Pulqueria. Entre ambos esposos trabajaron de acuerdo para aumentar la felicidad de sus pueblos hasta el año 453 de nuestra era, en que á los cincuenta y cuatro años de su edad murió llorada de todos la Emperatriz. Esta princesa, que habia edificado gran número de iglesias, fundado conventos, y dotado con largueza muchas casas de beneficencia, instituyó herederos de sus bienes á los pobres. La historia la ha colocado entre los mas dignos soberanos del mundo, y la Iglesia griega en el número de sus santos. Benedicto XIV autorizó la honra de su memoria; el jesuita Cotucci publicó su Vida, en las Memorias de Tillemont, la Historia de la decadencia del Imperio, y otras obras dan mas pormenores de esta mujer inmortal, segunda Providencia de su pueblo.

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