Mujeres Artistas. Marietta Robusti VIII


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         A continuación reseñamos la 8ª y última entrega del relato: Marietta Tintorella. Obra escrita por Mde. Eugenia Foa. Asidua colaboradora en las revistas francesas: Jornal des enfants y Dimanche des desmoiselles. La traducción a cargo de la Robustiana deArmiño Gómez, fue publicada en el número 36 de la revista madrileña, dedicada al público femenino: El Correo de la Moda, de 30 de septiembre de 1853.

         Next we point out the 8ª and last delivery of the story: Marietta Tintorella. It works written by Mde. Eugenia Foa. Collaborating regular in the French magazines: <Wage gives enfants> and <Dimanche you give desmoiselles>. The translation in charge of Robustiana deArmiño Gómez, it was published in the number 36 of the magazine from Madrid, dedicated to the feminine public: The Mail of the Fashion, of September 30 1853.

VIII. Conclusión

Todos se detuvieron admirados sobre el umbral de la desierta habitación.

–¡Dios mio! exclamó la pobre abuela deshecha en llanto, ¿dónde está mi niña? Y como cuando uno tiene mucho pesar y poca razon, echa la culpa á todo el mundo, la señora Robusti, se puso a reñir á su hijo por su severidad , á dominiquito por su pereza, y al padre Ambrosio por su silencio.

— Ya sé donde está! Esclamó Dominico, dándose una palmada en la frente; y dirijióse inmediatamente a su taller.

Acercase con precaucion a la puerta, colocó un ojo á la cerradura, y esclamó lleno de gozo: Aquí está!.

Entonces todos colocaron el ojo en la cerradura, y cuando llegó el turno á Tintoreto, grito con todo el orgullo de padre y de artista.

–¡Mi hija con el pincel en la mano! oh, Dios mio, yo te doy gracias! Y empujando la puerta con precipitación, se lanzo al taller lleno de alegría.

A la vista de su padre y de los que le acompañaban, Marietta se levanto espantada; y temiendo haber irritado á su padre abandonando la prision, cayó de rodillas, esclamando: Perdon, perdon, padre mio!

— Yo, yo soy quien debo pedir perdon, esclamó Tintoreto, levantando á su hija y estrechándola con entusiarmo contra su corazon; perdon, por haber desconocido un ángel como tu! Y fijando los ojos en el cuadro que pintaba Marietta, añadió: ¡Qué tono! qué colorido! Qué conclusiones! ¿quién ha pintado este cuadro, divino Hijo de María!

— Mi hermano! – Mi hermana! Esclamaron á un tiempo los dos hermanos.-Tú eres quien comprendió la expresión de la Santa Virgen, hermana mia! – Y tú has contorneado esta cabeza, hermano mio! -Tú, tú eres quien ha pintado los ángeles, Marietta .. — Por que tú los has ideado, Dominico.

— Ah! No me alabes á tus espensas, Marietta, dijo Dominico tomando las dos manos de su hermana con emocion, tu grandeza de alma de esta mañana me ha hecho entrar en mi mismo, y reflexionar que con una sola palabra podias defenderte, y esa palabra, Marietta, no la has dicho!

— No me hagas mejor de lo que soy, Dominico, porque esa palabra…. respondió Marietta sonriendo dulcemente, esa palabra, cuando he visto á mi padre irritado, estuve a punto de decirla; pero he reflexionado que esa cólera que rujia sobre mi cabeza, seria quizas mas terrible al pasar sobre la tuya… y callé.

— Sois dos jóvenes excelentes, dijo el padre Ambrosio con emocion! Dominico, añadió, en honor a vuestra hermana y de vuestra franqueza, aguardaré que acabeis el cuadro, y aun os remitiré despues otra suma.

— Pero tú eres un gran pintor, Marietta, dijo Tintoreto, que no podia separa los ojos del cuadro.

— Ah! Ella es mucho mas que eso, esclamaba la pobre abuela llorando de ternura, es buena hija, buena hermana, buena cristiana… En cuanto á ser gran pintor, no podia menos de ser así, porque ha nacido lo mismo que yo, en medio de los colores.

La explicación que siguió á estas palabras, fue tan dulce, como la sorpresa que las habia escitado. El Tintoreto queria que su hija se distinguiese en la pintura histórica, mas los estudios que tenia que hacer para ello repugnaban á la modestia de su sexo, y por tanto, se dedico enteramente á hacer retratos, alcanzando bien pronto, bajo la direccion de su padre, la doble habilidad del contorno y del colorido. Hizo tales progresos, que en aquel tiempo se ponian sus obras casi al nivel de las del Tiziano.

Toda la nobleza de Venecia queria tener un retrato hecho por ella; y no solamente el rey de España Felipe II hizo varias proposiciones para atraerla á su corte, sino que el emperador Maximiliano, y el archiduque Fernando, le hicieron con el mismo objeto ventajosos ofrecimientos. La ternura de Marietta por su padre le hizo deshacer todas estas proposiciones. La debilidad de su constitución la arrebató bien jóven; murió á los treinta años, en 1590, y fué inhumada en el convento de Santa Maria Dell’Orta, que habia ilustrado con sus obras.

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