Mujeres Artistas. Rosa Bonheur II


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A continuación insertamos el segundo capítulo de la biografía de la pintora Rosa Bonheur que el historiador Antonio Pirala escribió y publicó en el número 364 la revista madrileña <El Correo de la Moda> que vio la luz el 31 de julio de 1860. Un retrato de la pintora y alguna obras ilustran esta entrada. Respetamos la ortografía original.

Next we insert the second chapter of the painter’s biography Rosa Bonheur that the historian Antonio Pirala wrote and it published in the number 364 the magazine from Madrid < The Mail of the Fashion > that saw the light July 31 1860. The painter’s portrait and some of their works illustrate this entrance. We respect the original spelling.

      IV.

Raimundo Bonheur lucha en París con la fortuna, y su hija Rosa asiste á un taller como aprendiza de costurera. Su orgullo é inteligencia la hacen sentir la inferioridad de su condicion; y la monotonía del trabajo de aguja se le hizo odiosa, pues tanto contrariaba su carácter turbulento y su innata independencia. Su semblante demostraba el profundo sentimiento de su corazon, y el invencible enojo que tenia por cuanto la rodeaba. Pasar doce horas diarias en un cuarto sin aire, con la aguja en la mano, cuando en el bosque de Bolonia cantaban los pájaros y se mecian las hojas al impulso de la brisa que las acariciaba, era una verdadera tortura.

Afortunadamente va su padre a visitarla al cabo de algunos dias, y se arroja la niña en sus brazos, y le declara llorando el martirio que sufre.

La saca de allí y la lleva á una pension de señoritas, á condicion de que la instruyan a cuenta de dar su padre tres lecciones mas de dibujo por semana.

Si la directora tenia motivos para mostrarse muy satisfecha del profesor de dibujo, no se podia felicitar igualmente por la adquisición de Rosa, en la que no había la mayor aplicación, y era ademas un diablillo con faldas, que todo lo traia revuelto en el colegio. Cuantas travesuras puede inventar en un mes la imaginacion de treinta colegiales, se organizaban en la suya en algunos minutos.

Dibuja la caricatura del profesor de inglés y de las inspectoras, las recorta, une sus extremidades con hilos, y cuando hallaba ocasion, que solia ser siempre, las suspendia en medio de la clase, donde se balanceaban con la mas completa irreverencia, y causaban en la clase el tumulto y la risa mas espantosa, al comprender al instante la admirable exactitud de la caricatura.

Nunca habia que buscar al culpable, y Rosa era inmediatamente condenada á pan y agua.

La directora declara públicamente criminales los dibujos, pero tiene buen cuidado de guardarlos para enriquecer en secreto su album con una colección tan original como divertida.

No hay que examinar á Rosa de gramática, de ortografía, ni de historia; solo la absorve el estudio del dibujo: no se le hable de otra cosa. Se la puede castigar y privarla de comer; ella tendrá un lápiz en el bolsillo, y dibujara paisajes y árboles, con las rutas de que carezca. Encierrala en un calabozo, y sus ojos se habituarán á las tinieblas, y bien pronto dibujará en las paredes bocetos de magníficas academias.

Al fin de cada año, jamás deja de obtener el primer premio de dibujo, con la celosa admiracion de sus condiscípulas.

      V.

Feliz hubiera ido deslizándose la vida de Rosa, si sus camaradas no hubiesen herido su amor propio.

Pertenecian todas á familias opulentas, abundaba entre ellas la intemperancia de la lengua y la vanidad, no reinaba mucho el buen sentido, y no faltaba un profundo desden par quien no tenia títulos y carruajes.

Así que Rosa era sus ojos una especie de mendiga, admitida por caridad á la inapreciable fortuna de su ilustre compañía.

Y no solo pensaban así, sino que, y esto es peor, humillaban y mortificaban constantemente á su condiscípula, tan pronto comparando sus vestidos de seda con sus pobres indianas, como mofándose en el refectorio de su cubierto y de su vaso de estaño, cuando ellas bebian agua en vaso de plata.

Estos pinchazos la herian el corazon, agriaron su naturaleza tan franca, y se hizo sombrío su carácter; ya no juega con sus compañeras, se muestra irascible, de profesor de dibujo tiene que retirar a su hija de la pension.

      VI.

En la casa paternal se entrega Rosa á su vocacion de artista: pasa todo el dia dibujando ó pintando, y modela en cera por la noche.

Un gusto especial la aficiona hacía la escultura, y se dedica á ella seriamente, pero el color la seduce, y se decide por la pintura.

Todas las mañanas iba al Louvre á copiar las grandes obras italianas y los cuadros de Rubens, Poussin, y otros; los admirables lienzos de Pablo Potter; los paisajes de Rujsdale, y los cielos límpidos de Dujardin.

Rosa, dice su historiador, no se preocupa mas que del arte sublime, del que produce las grandes pasiones y los grandes pensamientos del hombre. En las galerías del Louvre trabaja nuestra heroína con un recogimiento y con una asiduidad que escitaba la admiracion general: no hacia caso de los visitadores ni de sus camaradas; y era frecuente ver parados algunos extranjeros delante de sus lienzos, y esclamar: Bien, muy bien! sin que ella hiciera el menor caso del elogio.

Cuando cesó de estudiar en el Louvre continuó trabajando bajo la direccion de su padre, que fué su único profesor, y el que no queria mas gloria que la que pudiesen conquistar sus hijos y éstos le dieran.

Impide a Rosa trabajar para el público, hasta que no esté sazonado su talento, pues á trueque de sacrificar el lucro, juró su padre no salieran del taller de su hija mas que obras maestras.

Así permanece cuatro años estudiando los grandes maestros, y teniendo la conciencia de su fuerza, duda en el género que ha de seguir: la asusta la pintura histórica; rechaza otros géneros su carácter, recuerda sus paseos al bosque de Bolonia, los éxtasis deliciosos en que se sumergía su imaginacion infantil, y comprende que ha nacido para pintora de paisajes y de animales. É inmediatamente, con esa fuerza de voluntad, con esa energia de perseverancia de los grandes artistas, se pone á estudiar, no los paisajes de la escuela histórica, con sus eternas montañas, sus fuentes cargadas de inscripciones latinas o griegas, etc., etc,. Sino la selvas, los campos, los montes, los prados, como se ven en Berry ó en Bretaña, lugares agrestes por excelencia, ribazos y valles poblados de pacíficos rumiantes, que retrataba fielmente.

(Se continuará)

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2 pensamientos en “Mujeres Artistas. Rosa Bonheur II

seguicollar

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