ESCRITORAS ESPAÑOLAS DEL SIGLO XIX. Carolina Coronado


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         La serie de biografías de escritoras españolas que publicó Pilar Sinués de Marco en la revista madrileña, destinada al público femenino, <El Correo de la Moda>, es la de Carolina Coronado Romero, en ella nos habla sobre la vida y la obra de esta extremeña que destacó en la república de las letras. Vio la luz en el número 399, del año XI, publicado el 24 de abril de 1861. Respetamos la ortografía original.

         The series of Spanish writers’ biographies that Pilar Sinués de Marco published in the magazine from Madrid, dedicated to the feminine public, < The Mail of the Fashion >, she is that of Carolina Coronado Romero, in her she talks us about the life and the work of this extremeña that she highlighted in the republic of the letters. He/she saw the light in the number 399, of the XI, published year April 24 1861. We respect the original spelling

CAROLINA CORONADO

Bien podemos decir, sin temor a incurrir en una equivocación, que el distinguido nombre de que vamos á ocuparnos, ha resonado en los oidos de todos los amantes de las letras, al mismo tiempo que el de la eminente cantora de Alfonso Munio y de Saul y que los recuerdos de Gertrudis Gomez de Avellaneda y de Carolina Coronado son inseparables de aquella época, en que Madrid tenia un Liceo protector de los poetas, ventaja que no hemos conocido casi ninguno de los que hoy escribimos.

El Liceo de Madrid y los que concurrian a él, pueden decir mejor que nosotros cuánto vale el estro poético y la inspiración de Carolina Coronado: porque ahora guarda silencio, y ha dejado en el olvido a su armoniosa lira, para entregarse á los dulces cuidados de la maternidad.

No ha hecho, sin embargo, lo mismo con la grave y filosófica pluma que empleó para escribir el Paralelo entre Safo y Santa Teresa de Jesus: con la misma está escribiendo hoy su Galeria de poetisas contemporáneas, que da á luz en La América, y que es un trabajo concienzudo y de gran merito. Pero vengamos ya á la parte principal de nuestra tarea, que despues hablaremos de las obras de Carolina Coronado.

Nació esta distinguida escritora en Almendralejo, villa de Extremadura, distante nueve leguas de la capital, y fueron sus padres D. Nicolás Coronado, cuya pérdida reciente lloramos aun sus amigos, y Dª María Antonia Romero.

Carolina vió la primera luz en el año 1823, y cuatro después, se trasladó con su familia a Badajoz, á consecuencia de desgracias en la misma.

Nueve años contaba solamente, cuando ya se entregada con la mayor aficion a aprender al lado de su madre esas primeras labores que se enseñan á las niñas, y que, aunque fáciles, necesitan para su comprensión y adelantos en una edad tan tierna, de no poca asiduidad y aplicación.

Grande debió ser la de Carolina, cuando se distinguió bien pronto entre todas las compañeras de su edad, por su perfeccion en cuantas materias se le enseñaban: y como sino bastasen los trabajos del dia para satisfacer el gran caudal de actividad, que es una de sus mas brillantes dotes, pasaba una buena parte de la noche leyendo nuestros mejores poetas, hácia cuyas obras sentia una aficion irresistible.

Oigamos al señor Hartzembusch, en el prólogo que escribió para las poesías de Carolina, en el párrafo que trata de su afición al estudio:

— <Privese de dormir por leer cuentecillos, comedias o novelas, es cosa que todos hemos hecho: perder las horas del sueño para engolfarse en la lectura de la Historia critica de España del abate Masdeu, y otrs obras igualmente áridas y prolijas, ya es una buena prueba de aficion al estudio. Pero esta aficion excesiva, y contraria hasta cierto punto á la severidad de las costumbres estremeñas, no debia ser tolerada por una madre prudente desde el momento en que le fuese conocida; y una señorita que tiene ocho hermanos, debia tambien por su parte sacrificar su gusto á la sagrada obligación de ayudar á su madre en los quehaceres domésticos: desquitándose solo de esta violenta privacion, cuando mas adelante alguna casualidad le ponia en las manos algun poeta, en cuyo caso pugnaba por aprender de memoria el libro para poderlo devolver, segura de que ya no le haria falta, como se cuenta que hizo Juan Racine con la novela griega Heliodoro, cuya lectura le habia prohibido su maestro.>”

Puede juzgarse por lo que antecede, con cuánto trabajo adquiriria Carolina Coronado la instrucción que nadie puede negarle: pero esta historia de contrariedades y dolores, es la de todas nuestras poetisas, pues aun existen en las familias preocupaciones que, si bien llevan al rigor, no dejan por eso de ser respetables, pues solo son inspiradas por el amor que profesan á sus hijas.

Diez años tenia Carolina cuando escribió su primera inspiración, que dedicó á lamentar la muerte de una alondra: el papel que contenia aquellas frases, trazadas con lapiz, sirvio de mortaja al pájaro, que fué enterrado al pié de una encina.

Cuatro años despues estampó sus primeros versos en una carta que dirigió á una amiga suya, y uno mas tarde se publico su bella poesía La Palma, que le valió un elogio del señor Donoso Cortés, y una preciosa composición de su paisano, el malogrado Espronceda, que éste le dedicó.

En el año 1843, apareció en Madrid, su primera colección de poesías, precedida de un prólogo del señor Hartzembusch, del cual hemos copiado á la letra las líneas que anteceden: casi todas aquellas composiciones habian sido hechas de memoria, árduo trabajo para el cual tiene Carolina, en fuerza de la costumbre, una gran facilidad.

Al empezar el año 1844, y sin que se supiera el motivo, se estendió la noticia de su muerte: y esta supuesta pérdida inspiró a varios poetas lamentaciones que fueron á sorprenderla en su casa de campo, donde vivia una gran parte del año, haciéndole concebir la idea de escribir un librito titulado Dos muertes en media vida, que quizás será su obra póstuma.

En 1847 se vió atacada de una grave dolencia: y Cádiz guardo algun tiempo dentro de sus muros á la distinguida poetisa, despidiéndose de aquella ciudad con su bellísima inspiración Al mar.

A una enfermedad nerviosa que la dejó baldada, y la obligó a buscar su curacion en unas aguas próximas a Madrid, debió tambien la córte el ver a Carolina: el Liceo la dedicó una sesion, donde fue premiada con una corona de laurel y oro, y en aquel recinto leyó su poesia: Se va mi sombra, pero yo me quedo. En la sesion régia que el Liceo celebró despues para obsequiar á SS.MM. se representó su cuadro de la Esperanza, obra dramática de notable mérito.

Despues de publicado el tomo de poesías de que dejamos hecha mencion, ha dado á luz diez á doce mil versos en varios periódicos de Madrid, de las provincias, del extranjero y de América, que posteriormente ha reunido á las primeras, en una edicion general, el señor Fernandez de los Rios.

Los escritores han pagado el debido tributo al mérito de Carolina Coronao, quien posée muchas composiciones escritas en honor suyo, entre lasque se cuentan algunas italianas y francesas: á una de las españolas, debida al señor Rubí, acompañaba la corona qe éste recibió al estrenarse La rueda de la fortuna.

Carolina Coronado se ha consagrado tambien á la novela con bastante fortuna: sus dos primeras, de pequeñas dimensiones, son las tituladas Paquita y La luz del Tajo: á estos ensayos siguió otra titulada Jarilla, é impresa por el señor Fernandez de los Rios en su Biblioteca Universal.

En 1853 dio á luz la edicion de su novela La Sigea, cuya primera parte se publicó en el Semanario; esta obra, que con justicia puede llamarse una crónica portuguesa, está escrita con elegante estilo y gran facilidad.

Ha escrito tambien el Parelelo entre Safo y Santa Teresa de Jesus, de que ya hicimos mencion mas arriba.

La Ilustración publicó tambien algunas cartas suyas, que son impresiones de un viaje que hizo por Francia, Inglaterra, Bélgica y Alemania, y que estan escritas con muchas gracia y correccion.

Carolina Coronado casó en el año 1852 con mister Horacio Perry, que ejercia un importane cargo diplomático, y la maternidad arranco bien pronto la pluma de sus manos: su carácter apasionado, le ha hecho dedicarse exclusivamente al cuidado de sus hijos, de los cuales ha perdido algunos, quedándole dos hermosas niñas, una de ocho y otra de cuatro años de edad.

Sin embargo, la aficion á la literatura no se ha extinguido en ella; y como ya hemos dicho, está en la actualidad continuando sus Poetisas contemporáneas, que empezó á publicar en La Discusión, y que ha reproducido, y que sigue dando á luz en La América.

Este trabajo debe serla árduo por una razon: no son sus artículos como el presente, ni como los que le han precedido y han de seguirle: los de Carolina son mucho mas estensos, y consagra á una misma autora dos ó tres, tomándose el desagradable trabajo de juzgar las obras de nuestras escritoras, para lo cual se necesita todo el tacto y buen sentido de que la eminente poetisa está dotada.

Ya que hemos enumerado las obras de la escritora, digamos algo acerca de la mujer.

Carlina es alta, de figura elegante y distinguidas maneras: tiene hermosos ojos oscuros, y su voz está dotada de una dulzura tan suave y armoniosa, que parece un canto: es idólatra de su familia, y en estremo cariñosa y afable con sus amigos

Su vida retirada, y lo poco que escribe, hace que algunas personas duden de si se halla en Madrid: pera sus amigos, para lo que tenemos la dicha de tratarla, su casa es uno de los sitios adonde con mas placer encaminamos nuestros pasos, y las horas que pasamos en su compañía, las mas breves y deliciosas de nuestra vida.

Maria del Pilar Sinués de Marco

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Un pensamiento en “ESCRITORAS ESPAÑOLAS DEL SIGLO XIX. Carolina Coronado

  1. Me interesa muchísimo la figura de esta escritora. Es muy significativo que en el mundo que vivió tuviera que elegir entre su vida de hogar y su faceta pública; ha costado años conseguir llegar a poder ser una misma sin tener el sambenito del “ángel del hogar”. Y muy interesante comprobar que el propio Fernando de los Ríos se interesó por ella hasta el punto de imprimir una obra suya.
    Me interesa mucho esta serie de escritoras; seguiré leyéndolas.

seguicollar

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