Mujeres Artistas. Rosa Bonheur III


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            A continuación transcribimos la tercera entrega de la biografía de Rosa Bonheur, obra del escritor y periodista Antonio Pirala que vio la luz en el número 365 de la revista madrileña, destinada al público femenino, <El Correo de la Moda>, publicada el 8 de agosto de 1860. Respetamos la ortografía original 

           Next we transcribe the third delivery of Rosa Bonheur biography, it works of the writer and journalist Antonio Pirala that saw the light in the number 365 of the magazine from Madrid, dedicated to the feminine public, < The Mail of the Fashion >, published August 8 1860. We respect the original spelling.

  Rosa Bonheur III

                              VII

Todas las mañanas se veia á nuestra jóven pintora, pues ya podemos darla ese nombre, salvar las barreras de París, con sus útiles de pintar y algunas provisiones, y recorriendo las campiñas que rodean la ciudad, detenerse á la orilla de un arroyuelo, ó junto á un bosque, llenar de colores su paleta, y hacer rápidamente un boceto de la escena que atraía sus miradas. Al empezar la noche volvia á su casa, unas veces fatigada, otras mojada hasta los huesos ó cubierta de barro, lo cual no la impedia volver al dia siguiente.

Rosa hubiera querido poseer un gran corral y una pareja de cada especie de animales, como Noé en el arca, pero habitaba en un sexto piso de la calle Rumfort, y aunque con buenas luces, no se prestaban á sus ideas fantásticas las cuatro piececitas muy estrechas sobre un pequeño terrado.

Pero Rosa tenia una imaginacion como Semíramis, reina de Babilonia, y formó un jardin suspendido, llenando el terrado de macetas, y formando así un encantador oásis que florecia en medio un desierto de tejados.

Mas esta verdura y estas flores, menos que para ella eran un bonito cordero, de fina y sedosa lana, al que dio el terrado por residencia, teniendo el horror de servir dos años de modelo á nuestra jóven artista.

En 1841 espone sus primeros cuadro, Cabras y corderos, Dos conejos. Al año siguiente se detienen los curiosos delante de tres nuevos lienzos: Animales en una dehesa,- Vaca echada en la pradera y el Caballo en venta.

En 1843 espone los Caballos en un prado y los Caballos saliendo del abrevadero.

Casi todos los años siguientes continuó exponiendo cuadros, al lado algunas veces de los de su padre y sus hermanos, igualmente pintores. Espuso tambien algunas obras de escultura, compradas para Inglaterra, lo cual puso el sello á su fama.

Popular ya su nombre como pintora, aunque su estilo era un poco tímido, se mostraba sin embargo estudiado, grave, admirablemente concienzudo y lleno de un encanto nuevo y de un sentimiento profundo. Era, pues, reconocida la originalidad de su talento, y se veia recompensado, comenzando á caer una lluvia de oro en su modesto taller. Esto la hacia gozar; mas no por ella, sino por su excelente padre, cuyos cabellos habian encanecido en una existencia ignorada y trabajosa, y ahora podia ya reposar, porque su hija trabajaba por él.

El Jurado de recompensas puso el sello á su fama de artista, concediéndola una medalla de primera clase; y el célebre Horacio Vernet, presidente de la comision, proclama delante de una ilustra y brillante multitud, el triunfo de la señorita Rosa, y la presenta en nombre del Gobierno un jarron de Sevres, de gran precio.

Estas recompensas oficiales aumentan estraordinarimanete  la alegría de Rosa, por lo que enloquecen á su padre, que viendo en su ancianidad pagados todos sus sacrificios con la reputacion de su hija, olvida la existencia de trabajo y angustias que pasó, y se vé rejuvenecido.

En 1849 envia Rosa á la Exposicion bastantes cuadros notables, entre los que sobresalieron Una labranza nivernés y un Efecto de la mañana, recomendados por el Gobierno. Al primero de estos cuadros le hemos admirado en el Museo del Luxembourg.

Poco amiga de lo fantástico ni de lo exagerado, sin distinguirse por esos golpes de audacia, son sus cuadros originalmente sentidos y escrupulosamente ejecutados. No luce su talento por ese nervio varonil que poséen otras mujeres, sino por su candidez femenina, por su delicada sensibilidad.

Y sin embargo, viste de hombre muchas veces; mas no por imitar a Jorge Sand, ni por gozar de punible libertad con el traje, sino por no exponerse á groseras bufonadas en sus campestres expediciones; solo entonces se disfraza de hombre.

En París siempre viste segun su sexo, pero con estremada sencillez, pues desdeña toda clase de adornos, y por librarse de los cuidados meticulosos que exige la cabellera de las mujeres, lleva el pelo muy corto.

                                  VIII

Si su genio no es varonil, lo son sus ademanes: marcha con firme y ligero paso, sin mirar á nadie, y siempre bajo el dominio de alguna idea. Dos gruesos perros, uno á su derecha y otro á su izquierda, la escoltan siempre.

Su disfraz masculino la ha prestado servicios importantes, mas también la ha proporcionado algunas aventuras.

Al volver un dia de una de sus expediciones campestres, la anuncian que una de sus amigas ha caido enferma; inquieta y no queriendo perder tiempo en variar de traje, corre al lado de su amiga á prodigarle sus cuidados. Llega el médico; vé á Rosa abrazada á la enferma, y temiendo ser indiscreto se retira sonriéndose. Pregunta asombrada la enferma porqué se marcha doctor.

— No se, contesta Rosa, tambien sorprendida: le habré yo asustado, pero como no tengo bigotes…..

— No, pero estás vestida de hombre, y te ha visto abrazarme. Corre á alcanzarle, querida, y traéle. Misericordia! Va á creer que eres un amante.

Vuelve Rosa con el doctor, que trata de escusarse con la enferma, hasta que ésta le dice que Rosa no es un hombre, y le añade: — Estoy desolada por vuestras suposiciones. Permitidme que os presente en paletot á mi mejor amiga, á la señorita Rosa Bonheur, cuyos cuadros amais tanto.

Otra aventura tuvo lugar en la casa que habitaba nuestra heroína. Al volver Rosa de una excursión campestre, estaban acabando de trasladar los muebles á su nueva habitacion, y obstruido el paso de la escalera, se sentó fatigada en un escalon esperando poder pasar. Al verla un mozo, se cruza de brazos y dice…

–Vaya un holgazan!… dádle un sillon!… Vamos arriba, marqués de la pereza, ú os pego un bofeton.

Rosa se echa á reir y se levanta para ayudar á transportar un armario. Mas no la ayudaban sus fuerzas y se burlan de ella.

Viendo un momento despues penetrar á Rosa en su habitacion, dar ordenes y aparecen en su verdadero traje, se  confundieron todos en escusas, y la jóven artista recompensó con una doble propina el desprecio que la habian hecho.

                                       IX

Rosa es muy distraida. Pinta con un vestido bastante ordinario, y mas de una vez ha salido á la calle sin reparar en el descuido de su traje, y suele notar su distracción bastante tarde.

Representándose, dice uno de sus amigos, en el teatro francés una nueva producción, y la invitaron con un asiento de palco, que á fuera de instancias aceptó. Sin pensar en vestirse, estuvo pintando hasta que llegó la hora; paró un carruaje á la puerta y la anunciaron que la esperaban. Arroja paleta y pinceles, se pone un sombrero y corre al carruaje. Las personas que estaban en él, no osaron llamarla la atención hácia su desaliño: llegaron al teatro, cada uno se colocó en su puesto, y Rosa se encontró colocada á la izquierda de un señor muy elegante, que la mira de alto á bajo y se retira de ella con afectación, sin que nuestra heroina distraida comprenda sus desdenes. En el entreacto, busca al acomodador de los palcos y le dice:

— Os habeis equivocado sin duda, colocando a mi lado una mujer en chancletas y con el vestido manchado de aceite. Esto es intolerable! Hacedla salir.

— Imposible señor: ha pagado su asiento.

Disputan: interviene el conservador del teatro, y le dice el elegante señor lleno de cólera:

— Yo me quejo de estar colocado en un palco de la comedia francesa al lado de gentes indignas.

— ¿De personas indignas? Murmura el conservador.

— Si señor, de las que llevan á Lazarí.

El conservador se asoma al palco, reconoce en el á un renombrado pintor, cambia con él algunas rápidas palabras, y vuelve preguntando al quejoso.

— Teneis la bondad de decirme vuestro nombre?

— Permitidme… Se trata de una ofensa brutal, de la que no quiere hacerse responsable la administración, y menos tratándose de la persona cuya vecindad rechazais.

— Oh! quién es esa persona tan digna de muestras consideraciones?.

— La señorita Rosa Bonheur.

— Os mofais de mí?

— De ninguna manera, os lo aseguro. Esta señora en chancletas y con la ropa manchada de aceite, es la autora de los cuadros de La Labranza, de la Venta del caballo, y de otras obras maestras. Vuestro nombre?… Y voy al instante á suplicarla de vuestra parte que deje el sitio.

— Oh! señor, piedad… ¿No la habreis dicho mi queja?

— Entonces consentís en permanecer á su lado?

— Estoy confuso; os lo aseguro.

— Aun tenemos otro palco vacante. ¿Deseais que se le ofrezca á la señorita Rosa? Su traje contrasta efectivamente de una manera escandalosa al lado del vuestro.

Así vengó el conservador á la grande artista, y castigó la necedad del elegante, que desapareció de su palco.

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Un pensamiento en “Mujeres Artistas. Rosa Bonheur III

  1. Reciban un cordial saludo,
    conocedores ustedes del arte, quisiera que me ayudara a encontrar la técnica y el autor de esta magnifica obra de arte, esta hecha sobre el pelaje de un caballo, es un paisaje de una yegua pastando con su potro, es de color natural. Mide aproximadamente 104X76 cm.
    marcelvaldes@yahoo.com
    Tel. 3155770456 – 301 658 2161

    Muchas gracias.

    nota: favor si no recibió la foto, envíeme otro email para hacérsela llegar.

seguicollar

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