GLORIA MELGAR (1859-1938). XVII. Por Virginia Seguí

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La mujer y las enseñanzas artísticas II

La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando había organizado durante el siglo XVIII la educación artística masculina y a comienzos del siglo XIX organizó la femenina

En su archivo se conservan varios legajos sobre el tema, del estudio de los documentos que contienen se desprende que el proceso comenzó con un oficio de Domingo Fernández de Campomanes, fechado el 5 de diciembre de 1817 en el que  solicita de la Academia ayuda y consejo, para poner en marcha un proyecto: la fundación de cinco escuelas de dibujo para niños. Que quedarían ubicadas en los parajes más convenientes escogidos de entre los diez cuarteles en que estaba dividida Madrid.

La Real Academia, que ya tiene organizadas escuelas de este tipo encuentra la propuesta inadecuada, y a su vez propone que en lugar de las cinco escuelas para niños propuestas por la Junta de Caridad, sean, en principio, sólo dos y destinadas a niñas. Fernández de Campomanes propone entonces lo siguiente:

“1º) Que las niñas sean de 12 años cumplidos y tengan elementos de escribir, porque a no ser de edad se expondrían a peligros teniendo que transitar una parte de poblacion para acudir a las clases. 2º) Que sean las niñas de las escuelas gratuitas y no otras, porque si fuesen de otra clase no por el Instituto de la Junta por lo comun estan resabiadas. 3º) Que no se proceda al establecimiento de las escuelas de dibujo mientras que por las listas de las actuales diputaciones encargadas a los respectivos censores no se sepa las niñas que estan en aptitud de esta enseñanza.”

Ante esto, la Academia reunida en Junta de 30 de diciembre estudia la propuesta y comunica a Fernández de Campomanes que la propuesta de la Junta Suprema de Caridad fue estudiada decidiéndose: su acuerdo con la primera propuesta; sobre la segunda piensan, los miembros de la Academia, que la Real Junta de Caridad debe obrar de acuerdo con lo establecido, de manera general, para entrar en las escuelas de primera aplicación. Y respecto al número posible de alumnas resuelven aguardar noticias de la Junta de Caridad. Se indica, también, que la Academia no tiene otro interés que el de propagar el estudio del dibujo entre las mujeres para perfeccionar nuestra industria fina, sin que intente mezclarse en lo gubernativo ni económico de los establecimientos.  También se determina que llegado el caso se consultará sobre el tema a la Junta de Señoras Académicas que hayan de velar y promover lo artístico de otros establecimientos.

Lo que la Junta de Caridad propone es limitar al acceso a las enseñanzas artísticas de estas escuelas admitiendo únicamente a niñas que provengan de sus Establecimientos, sin embargo la Real Academia pretende que la matricula sea abierta para todas las mugeres que tengan interés en su aprendizaje y por esto en marzo de 1818 propone a la Junta de Caridad lo siguiente:

“Que los estudios que la Junta de Caridad pretende establecer sean extensivos a toda clases de muchachas, para sacar utilidad completa a esta enseñanza, como sucede en Francia, Inglaterra, Alemania, Italia, Helvecia, etc.. Donde con el auxilio del dibujo las mugeres hacen infinitas obras primorosos propias de su sexo, con las cuales se mantienen muy bien, y no hay tantas ociosas como por desgracia vemos en nuestra patria.”

También se le indica que no han de ser necesariamente cinco, escuelas de dibujo que se deben abrir en la capital, sino que se deben abrir primero dos, y ver los resultados y demanda de las enseñanzas que en ellas se imparten, en función de esto ver si interesa abrir alguna más y cual debe ser su ubicación. Como estas sugerencias de la Academia no parecen ser del agrado de la Junta de Caridad, la Academia, a la que la idea de dar educación artística a la mujer le parece viable e interesante, decide aplicarla en sus centros, con lo cual incorpora en los locales de las calles de La Merced y Fuencarral, donde tiene establecidos sus escuelas clases de dibujo para niñas. Considera oportuno, la utilización de estos locales ya que en ellos existe la infraestructura material necesaria para impartir este tipo de clases, evitando los gastos de este tipo que requeriría el establecimiento de una escuela de este tipo en otro lugar; los parajes en donde está situadas son de fácil acceso para las posibles alumnas y existen horas del día en las que las escuelas están desocupadas y  que podrían ser utilizadas para este fin. Todo ello les lleva a proponer al su Jefe supremo el infante D. Carlos María es establecimiento de estas clases de dibujo para niñas.  

El 30 de marzo de 1818 un oficio firmado por Fernando Queipo de Llano de cuenta de la apertura de los estudios de dibujo para niñas, en las escuelas de La Merced y Fuencarral. Aprobado en Junta Particular de 30 de marzo de 1818. En la misma junta se trató de los posibles horarios y de los profesores necesarios, los cuales deben acceder a su puesto mediante oposición. El viernes 27 de noviembre de 1818 se inserta en el Diario de Madrid el anuncio de la aprobación de estos estudios y todo lo previsto para la apertura de las clases.

La Academia decide poner los estudios de niñas bajo la supervisión de una Junta de Damas Académicas de Honor y Mérito de la primera jerarquía, como Jefa Suprema de la Junta de Damas estará la Infanta Dª Mª Francisca, esposa del Infante D. Carlos María. quién dirige un discurso a la Junta de Damas Académicas del que entresacamos el siguiente párrafo en el que vuelve a incidir sobre la necesidad del aprendizaje del dibujo:

“[…] bien penetrado el Rl. animo de S.M. de estas notorias verdades, y de que el estudio del dibujo, es digamoslo asi, el alma de la industria fina, con la qual nos aniquilan las naciones extranjeras, llevandonos el numerario mediante las buenas formas la invencion y el primor que con el auxilio del diseño saben dar á sus artefactos, vió el leal y honrado pueblo de Madrid con la mayor satisfaccion que una de las primeras atenciones de S.M. despues de su plausible entrada en la Capital del reyno fué visitar la Real Academia de las nobles artes de San Fernando […]”

La Academia aprueba el Reglamento que establece las normas de funcionamiento del estudio de niñas.

El Artículo 6º trata de las normas de conducta de las niñas en el centro y de la vigilancia que se establecerá al respecto: 

“[…] S.A.R. se dignará nombrar una viuda de notoria buena conducta, edad competente, instrucción y modales finos, con el titulo de vigilante en cada estudio y sueldo de 200 ducados anuales para hacer observar a las discipulas el orden, el silencia y la compostura debida, la qual deberá hallarse presente a la entrada de las discipulas en las dos horas de estudio y hasta que todas hayan salido.”

El artículo 8º trata sobre la matrícula; la necesidad de dar aviso de ella en los diarios, y de que se ejecutará en los mismos términos que se ejecuta las de los muchachos. Las niñas deberán tener 10 años cumplidos, saber doctrina cristiana y leer, con principios de escribir.

El artículo10º establece que durante las dos horas de estudio, se hará observar a las discípulas el mayor silencio á fin de que dibujen y se apliquen sin distraerse. El profesor las corregirá  explicará los defectos que note en los dibujos con el mayor modo y claridad.

Las razones que obligan a situar los estudios de niñas en los mismos parajes y locales que los de muchachos está plenamente justificada por las dificultades que entraña juntar en otra parte una colección tan completa de excelentes dibujos de todas clases con que están provistos. A pesar de todo se consideran enteramente separados del conocimiento e inspección de la Real Academia de San Fernando.

Se indica también el objeto que tiene el establecimiento de estos estudios que, no es otro que el de recuperar la industria española:

“El principal objeto de este establecimiento despues de enseñar el dibujo a las jovenes ha de ser introducir en España la industria fina adaptandola a los vestidos y adornos de su sexo, a cuyo fin, S.A.R. se dignará nombrar a su debido tiempo quatro damas de las inteligentes en el buen gusto con dos modistas españolas acreditadas y algunas de las discípulas mas sobresalientes en el dibujo puestas a las inmediatas ordenes de dichas señoras, con el especial e importante encargo de inventar nuevos y graciosos trajes y modas nacionales con generos del país, a cuyo fin la Rl. Academia les facilitara diseños de los vestidos y adornos antiguos, griegos romanos y de las demas naciones como tambien de los adornos modernos.”

Se indica también que las niñas formadas en estos estudios se irán incorporando a las diferentes fábricas textiles que existan en el Reino.

Entre los diversos documentos existentes en el Archivo de la Real Academia de San Fernando, relativos a este tema se encuentran multitud de relaciones fechas en los años siguientes en los que se enviaban los trabajos realizados por las niñas para que los académicos pudieran comprobar sus adelantamientos.

Estos estudios se mantuvieron activos hasta, aproximadamente, los años cincuenta ya que con fecha 21 de marzo de 1850 el Ministro de Instrucción Pública dirige un oficio a la Academia en el que indica que la S.M. la Reina se interesa sobre las causas por las cuales en los últimos años no se han impartido estudios artísticos niñas. La contestación de la Academia indica que las causas son múltiples: las deficiencias del local de la calle Fuencarral determinaron el cierre del mismo, el nuevo local donde están ubicados los de muchachos no reúne condiciones para reiniciar los estudios; la Marquesa de Casa Madrid, Secretaria de la Junta de Damas, quien era, últimamente, el alma de la escuela y contaba con la confianza plena de los padres de las alumnas ha fallecido siendo difícil su sustitución; el programa educativo no era adecuado a las necesidades de las niñas… El Ministro de Instrucción Pública indica a la Academia que informada de todo la Reina ha dispuesto que a la mayor brevedad posible se hagan en el local, las mejoras necesarias para continuar las clases, que se modifiquen los planes de estudio para adaptarlos a las nuevas necesidades y profesiones peculiares del bello sexo. Empleando para todo ello la asignación de veinte mil reales de vellón con que ha sido ampliado el presupuesto de la Real Academia en ese año. Debiendo reanudarse las clases en el curso siguiente.

Se cumplieron los deseos de la Reina, se modificaron los planes de estudio de las niñas quedando reducidas a las asignaturas de: natural, adorno y flores, reiniciándose las clases al curso siguiente. Este estado de cosas se mantuvo poco tiempo, ya que en 1854 varios académicos hicieron un informe indicando el bajo rendimiento de las escuelas de niñas <que no deben producir resultado en favor del arte> proponiendo la suspensión de estos estudio, transformándolos en estudios de Grabado para muchachos. Los académicos firmantes del documento son: José Madrazo, Vicente Peleguez, Bernardo López por pintura y Sabino Medina, Ponciano Ponzano y Bartolomé Coromina por escultura. El 12 de diciembre de 1854 el Ministro de Instrucción Pública informa a la Academia lo siguiente:

“Habiendose conformado la reina con la supresión de las enseñanzas de dibujo para niñas, ha tenido ha bien crear en la Academia tres clases de Grabado: Grabado al acero, Grabado en hueco y Grabado en madera. Se suprimen los estudios de niñas por Real Orden de 28 de noviembre de 1854.”

Por tanto las clases de educación artística femenina organizadas por la Real Academia permanecen activas entre 1818 y 1854, a partir de esta fecha deja existir opción oficial para su aprendizaje. Existía la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado, pero se desconoce la fecha de real de incorporación de la mujer a estos estudios. Lo más probable es que no se produjera hasta la década de los setenta. Lo que si se sabe es que cuando se produce la enseñanza no es igualitaria, la quedar excluida la mujer de las clases del natural.

En el resto de provincias se habían ido creando escuelas de dibujo, el Archivo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando contiene multitud de legajos que con documentos que nos hablan de su creación y sus relaciones con la de San Fernando, de la que dependían para cuestiones académicas y de la que recababan con frecuencia consejo.

Al crearse las Academias provinciales, se produce un efecto imitativo y en ellas comienza a se plantearse la incorporación de la mujer a los estudios artísticos. Por ejemplo, la de Cádiz se dirige, en 1852 a la de San Fernando preguntando sobre cuestiones como: Sí hay en Madrid estudios de niñas; de existir éstos las horas de estudio que se dedican a ellos. Y en relación con los maestros: ¿Cuántos profesores se dedican a enseñar a las niñas y qué emolumentos perciben?

En Barcelona, la existencia de la Escuela de la Lonja hace que la preocupación sobre estos temas, cronológicamente, sea sincrónica con Madrid y ya en 1821 parece que las mujeres eran admitidas con normalidad ya que hay constancia de que se concede el derecho a los alumnos de la Escuela de uno y otro sexo, que fuera de ella son enseñados por sus profesores, a presentar sus obras por mediación de los mismos, a los efectos de obtener premios de honor.

Aunque, al parecer, el proceso de incorporación de la mujer a las enseñanzas artísticas en esta escuela se efectúa cuando se procede a la creación de las escuelas de distrito; ya en el ensayo que se hizo para implantar estas escuelas sucursales se creó de una sección de niñas y otra de adultos, regidas por un profesor, una profesora y una ayudanta.

 En 1882 se establecía, con carácter libre, en la Escuela de la Lonja una escuela de Dibujo y Pintura para niñas. La Diputación informaba la aprobación del dictamen emanado de la Academia relativo a la instalación de un solo local de la Escuela de Dibujo para niñas y adultas, y de la de distrito últimamente creada, con la precisa condición, empero de que en el propio local funcionara asimismo la Escuela especial de corte, a cargo de Carmen Ruiz y Alá, y que en consecuencia se alquile previo compromiso, por termino de cinco años el local de la calle Mercader, núm. 33, propiedad de Fernando Segarra al precio mensual de 200 pesetas, esta escuela, la tercera de distrito se inauguraba el 12 de febrero de 1883.

El programa de estudios de las Escuelas de Distrito, fue suscrito por los profesores: Rigalt, Lorenzale, Vicens, Rogent y Miquel y Badía, y quedó establecido en los siguientes términos:

  • Estudios generales: Demostración por medio de examen o por certificado de Escuela Oficial que se conocen los elementos de geometría, dibujo de formas varias en claro oscuro y copia de estampa.

  • Ornato en color y tres dibujos distintos, copia de Estampa

  • Vegetación en color y copia en Estampa

  • Adorno en claroscuro y sin color, copia del relieve.

  • Flores copia del natural.

  • Estudios especiales de aplicación: Fragmentos de composición en dibujo, aplicables a cualquiera de las especialidades de tejidos, bordados, blondas, estampados, cerámica y demás labores propias de la mujer.

  • Fragmentos de composición en color, aplicables a cualquiera de las especialidades antes indicadas.

Para obtener la aprobación después de las dos menciones anteriores, en cualquiera de las especialidades expresadas deberá la alumna ejecutar una composición de conjunto que permita conocer su suficiencia en la especialidad en la que solicite ser aprobada.

Entiende la Comisión que los trabajos de las alumnas deberán ser juzgados mensualmente por un tribunal competente y que este mismo tribunal expusiera al terminar el año académico, cuanto estimase pertinente sobre la marcha de la enseñanza en la escuela, resultados obtenidos, reformas o variaciones que conviene introducir y sobre todo cualquier, extremo relacionado con la mejor y mayor instrucción de las alumnas.

A partir de estas fechas comienzan a aparecer mujeres en los premios que se conceden en las Escuelas artísticas catalanas: El curso 1886-7 se aprobaba la propuesta de bolsas de viajes para varios artistas entre ellos figuran dos mujeres: Emilia Cortay Lluviá en Bordados y blondas a quien se le prorroga la bolsa también al curso siguiente y Francisca Mirabent Soler en tejidos y estampados.

En los años 1889-90 y 1890-1 ganó la bolsa de bordados y blondas Ángela García Riba, En 1895-6 Ana Martí Llorach gana la de blondas y bordados y en el siguiente fue para Amparo Vives Pons y se prorroga la bolsa de Juana Soler Engracia en la misma categoría. En el curso 1899-1900 correspondió a Joaquina Vacarisas Vila; esta última pasará poco después a formar parte del profesorado.

Respecto a estos premios concedidos a mujeres artistas, cabe destacar que ninguna mujer aparece premiada antes de la creación de las escuelas para niñas, y que los premios concedidos se circunscriben casi siempre a las categorías en las que participan únicamente mujeres como son bordados y blondas. Lo que pone de manifiesto o la escasa participación de la mujer en las otras enseñanzas o su inferioridad a la hora de ejecutar sus actividades artísticas.

La segunda escuela de distrito situada en la Calle Mercaders, propuso en 1887 crear una clase nocturna para niñas y adultas análoga a la que ya daba en horario diurno. En 1889 esta escuela se trasladó a un local de mayor capacidad en la calle del Carmen, los nuevos horarios para niñas fueron de 12 a 2 para las niñas y adultas y de 7 a 9 para la de dibujo de distrito, pasando la matrícula de 125 a 230 alumnos en total.

El proceso en Barcelona finaliza en 1900 cuando tras la nueva normativa la antigua Escuela de la Lonja se incorpora al proceso oficial. A partir de aquí la educación artística pasa a depender de las Escuelas de Artes y Oficios.

En otras provincias el proceso había comenzado antes, a medida que los Institutos de 2ª Enseñanza para adaptarse a la nueva norma, habían comenzado un proceso mediante el cual fueron absorbiendo las escuelas  que de este tipo estaban establecidas, ya hubiera sido la iniciativa, de su fundación, pública o privada.

La incorporación de la mujer a estas escuelas de Artes y Oficios no se produce tampoco desde un principio, sino que es gradualmente que se van incorporando clases dedicadas especialmente a la mujer. El acceso a la Escuela Oficial de Pintura, Escultura y Grabado requería la presentación de los historiales de las aspirantes, en ellos se comprueba que la procedencia de las alumnas era de las Escuelas de Artes y Oficios o de la Escuela Normal, o de la Asociación para la Enseñanza de la mujer.

 El estudio de las Escuelas de Artes y Oficios es muy problemático, dada la variedad y dispersión de la documentación, así cómo de las diferencias fundacionales en cada una de las provincias. Existen algunos estudios monográficos sobre algunas, y se conservan algunas memorias, confeccionadas en la apertura de los cursos académicos. A través de ellas hemos visto que la incorporación de la mujer a estos estudios vuelve a ser dificultosa.

Un artículo anónimo publicado en La Gaceta de Fomento en octubre de 1885 indica ya que, en Madrid, en estas fechas funcionaba la Escuela Central de Artes y Oficios y asistían a ella señoritas, de él entresacamos estas líneas que ilustran nuestro estudio:

“De los establecimientos de enseñanza que en Madrid sostiene o subvenciona el Estado, pocos de tan excelentes resultados para la cultura de las clases trabajadoras y de mayor utilidad que las Escuelas de Artes y Oficios. En éstas aprenden los hijos del pueblo, en las primeras horas de la noche, cuando salen de los talleres, dibujo lineal, artístico y modelado, nociones de aritmética, álgebra y geometría, de física y mecánica y los idiomas francés é inglés./ A las clases de dibujo asisten muchas señoritas cuyo número aumenta todos los años; en su mayoría pertenecen a familias acomodadas que, rompiendo con preocupaciones rutinarias, no tienen inconveniente en matricularlas, lo mismo en la Escuela de Artes y Oficios que en la Asociación para la Enseñanza de la mujer.”

Otro artículo firmado por V. insertado en La Ilustración Española y Americana en octubre de 1887, se congratula de la publicidad que se ha dado en ese a la apertura de la matricula del curso próximo, y nos informa de que para esas fechas ya asistían a las Escuelas de Artes y Oficios, al menos en Madrid, algunas señoritas para recibir formación artística, en él podemos leer el tipo de enseñanzas que reciben:

“Novedades que vivamente aplaudimos ha sido la colocación de carteles en las esquinas públicas de esta corte, anunciando en tiempo oportuno la matrícula en las once secciones de la Escuela Central de Artes y Oficios, en las que reciben gratuita instrucción, sólida base de un porvenir honrado y digno, mas de seis mil alumnos, la mayoría artesanos./ Hay Clases orales de aritmética, Geometría, Física y Química, Mecánica, Arte de construcción é idiomas francés é Inglés; Enseñanzas gráficas y plásticas, con aplicación á las artes y oficios, hasta el modelado y vaciado; Enseñanza artísticio-industrial de la mujer, como pintura á la acuarela en porcelana y cristal, flores artificiales, dibujo, etc., y Enseñanza de maquinistas, nueva este año, entre cuyas signaturas cuentan Dibujo industrial, Mecánica, Maquinaria y prácticas de taller./ Sabido es que el cuadro de profesores de las Secciones de la Escuela tienen eminentes hombres de ciencia y distinguidos artistas, como los Sres. Marquez, Soler y Argués, Commeleran, Lázaro (D. J. Bautista), Sáez Montoya, Hernández (D. Germám), Bellver (D. Francisco) y D. Ricardo), Aparicio, Mújica y otros siendo director  el Sr. Serafín Martínez del Rincón, y secretario general el Sr. Plácido Francés.- V”

Ya hemos visto en el apartado de Escuelas de Artes y Oficios que cuando en 1886 se crean estos establecimientos en la de Madrid existe una sección exclusivamente para las enseñanzas de las mujeres, el decreto, por tanto, asume algo que está sucediendo ya incorporando la situación real a la nueva regulación de las enseñanzas.

En provincial se comprueba a través de las diferentes Memorias de Escuelas de Artes y Oficios consultadas que la incorporación de la mujer a las mismas es más tardía, pudiendo decirse que en general hasta principios del siglo XX no es algo generalizado.

Somos conscientes de que se podría profundizar más en el tema, estudiando pormenorizadamente las situaciones provinciales, etc., pero consideramos que está fuera de nuestra pretensión en este trabajo.

BIBLIOGRAFÍA Y FUENTES

AA.VV. Escuela Municipal de Artes y Oficios. Memoria de 1899. Imp. de Francisco Nuñez. Salamanca. 1899

Anónimo. “Escuela de Artes y Oficios: Reparto de premios”. En La Gaceta de Fomento de Octubre de 1885. Madrid.

Archivo Rabasf Legajo. 33-21/1

Archivo Rabasf. Legajo. 33-16/1

V. “Escuela Central de Artes y Oficios”. En La Ilustración Española y Americana de 8 de octubre de 1887. Año XXXI. Núm. XXXVI. Madrid

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GLORIA MELGAR (1859-1938). XV. Por Virginia Seguí

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Un caso particular. Barcelona y la Escuela de la Lonja

Fue Fernando VI quien autorizó en Real Cédula de 16 de marzo de 1758, el nombramiento de un cuerpo de Comercio: una Junta para atender a su fomento en lo gubernativo, y un Consulado en que se determinase todo lo contencioso. El reconocimiento de las facultades inherentes a la Junta, hasta entonces puramente nominales, no llegó hasta que Carlos III firmó, el 7 de septiembre de 1760, la Real disposición que así lo establece.

La Junta deseaba instalarse en el antiguo edificio de la Lonja del Mar, y aunque al principio hubo ciertas dificultades, en 1771 consiguen que las autoridades superiores de Cataluña les entreguen el local, aunque se encuentre arruinado y deshecho.

La Junta de Comercio inició sus labores de inmediato, tomando medidas tendentes a mejorar la situación industrial del Principado, entre ellas:

“[…] soluciona crisis fabriles, estudia planes, renueva maquinaria, importa adelantos, incrementa la producción al mismo tiempo que vigila severamente la calidad de los productos manufacturados; facilita créditos protege la industria textil, selecciona tintes para los estampados en algodón y seda, en especial los de las indianas, que no tarden en aventajar en calidad y precio a los del mercado extranjero.”

El resultado será satisfactorio y la Junta pronto estará en condiciones de acometer labores educativas; sus actuaciones, en este sentido, serán similares a las que ejecutadas por las Sociedades Económicas de Amigos del País o la Real Academia de San Fernando. Nombran comisiones para estudiar y comprobar las deficiencias que demuestran la escasa formación de los técnicos, por tanto las medidas a tomar deben ir encaminada mejorar su formación, para ello, en primer lugar crearán escuelas y centros de enseñanza y, en segundo deberán habilitar y elevar los presupuestos existentes de manera que puedan sufragar los gastos de formación de los alumnos fuera del país.

Como resultado de la primera de ellas, La Junta, creará en Barcelona, a lo largo de un siglo los siguientes establecimientos de enseñanza:

“En esta nueva etapa promotora de actividades que llegaron a absorber casi un siglo, se inicia en 1769 con la creación de la Escuela Náutica, a la que sigue en 1775 la Escuela Gratuita de Diseño, que, más tarde, al ampliarse pasara a llamarse Escuela de las Nobles Artes; en 1803 la de Química aplicada a las Artes, la de Taquigrafía en 1805, la de Cálculo y Escritura en 1806. Esta etapa, truncada durante la invasión napoleónica, no se reemprende hasta 1814 en que la Junta establece las cátedras de Física Experimental y de Economía Política; de Arquitectura, Mecánica, Agricultura y Botánica en 1817, y en 1819 las de Matemáticas, y de Aritmética y Geometría prácticas para sus ayudantes.”

Centrándonos en lo relativo a la Escuela de la Lonja debemos señalar que la Junta de Comercio inicialmente pensaba crear una Escuela Gratuita del Diseño, destinada a cubrir las necesidades de la industria del algodón y la seda, de ella deberían salir los alumnos preparados para incorporarse a las fábricas de indianas. El Reglamento de noviembre de 1776 también preveía que, más tarde, una vez que esta necesidad estuviera cubierta ampliar el campo de aplicación de estas enseñanzas. Y dar conocimientos artísticos sobre manufacturas y artefactos a toda clase de gentes formando así perfectos pintores, escultores, arquitectos, grabadores, etc.

La enseñanza que imparte, no sólo es gratuita sino que facilita a los alumnos los materiales necesarios para desarrollar sus actividades. Y no olvida el resto de la formación educativa de sus alumnos, creando también una Biblioteca que, poco a poco, va nutriéndose de libros que facilitan el estudio a los alumnos. En ciertos casos se atendieron también situaciones de necesidad de los alumnos, concediéndose, a veces, pequeñas cantidades tendentes a solucionar situaciones de precariedad familiar.

En 1778 se propone la ampliación de los estudios, siempre que lo admitiesen los locales de la Escuela, el propósito era establecer clases de Bellas Artes, Pintura, Escultura y Arquitectura. Este es el momento en que cambia su nombre por el de Escuela de Nobles Artes.

La Escuela va adquiriendo fama, el profesorado es cada vez más cualificado, consecuentemente con esto comienzan a ser solicitados sus servicios como asesores en cuestiones educativas; El Fiscal de la Audiencia les pide consejo sobre la fundación de una Escuela de Dibujo en Olot; la Sociedad Económica de Amigos del País de Zaragoza, Tárrega y Gerona solicitan su apoyo y dirección para las Escuelas de Dibujo, que cada una de ellas, proyecta fundar, etc.

Naturalmente, desde el principio, para excitar a los alumnos y premiar su adelantamiento se establece la habitual política de premios que este tipo de Instituciones crea. Siendo estos cada vez de mayor cuantía y categoría. Con el tiempo se crearon premios extraordinarios, primero anuales y después trimestrales equiparándose así a los concedidos por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y la de San Carlos. La creación de los premios pedagógicos era otra de las aspiraciones de la Junta, desde 1786 se habían iniciado los trámites necesarios para poder concederlos pero hasta 1789 no se consiguieron los permisos pertinentes para conceder a los alumnos aventajados pensiones que les permitieran terminar y perfeccionar sus estudios en Madrid o fuera del país. A principios del siglo XIX, con el objetivo de promover todas las artes se amplían los premios y comienzan a concederse: premios de industria, que premian diseños de dibujos aplicables sobre todo a la industria de indianas. En 1834 se crea un nuevo Plan de Premios quedando éstos divididos en cuatro clases: Grandes premios, equivalentes a los generales; Premios de composición de concesión anual y en número de siete, Premios ordinarios y trimestrales se concedían hasta sesenta y seis y Premios menores de carácter mensual o accidental. .

La situación de penuria económica que atraviesa la junta hacia 1825 le hace primero suspender algunos años la concesión de los premios generales y después modificarlos, transformándolos de económicos en honoríficos: medallas de oro de diferentes tamaños.

La Junta lucha también contra el control gremial, poniendo en conocimiento del Gobierno las trabas que se dan el Principado para la práctica de las Nobles Artes dadas las actividades de los colegios de los diferentes gremios: plateros, pintores, escultores, carpinteros, sin que la Real Cédula de 1782 declarando libres estas actividades. Se pedía se evitará de raíz toda posibilidad de obstaculizar el ejercicio de las actividades artísticas, para ello debía facultarse a la Junta para que con la Real Academia de San Fernando emitiera licencias para los trabajos de pintor y escultor, a aquellos alumnos de la Escuela que hubieran obtenido premios en sus especialidades, reconocidos en un examen final, así mismo se solicitaba que se eximiera a los artistas de la necesidad de estar colegidos para ejercer sus respectivas profesiones.

Otra actividad destacada eran las exposiciones que se realizan en la Escuela de la Lonja, en aquellas fechas Barcelona no contaba con ninguna otra sala de exposiciones y éstas que se realizaban para exponer los premios anuales en la Lonja eran muy apreciadas por el público barcelonés. El interés que despertaban fue aumentando y cuando se ampliaron las salas dedicadas a exposiciones varios profesores de la escuela cedieron cuadros originales para ser expuestos en ellas.

A principios del siglo XIX durante la invasión napoleónica Barcelona vive momentos de crisis, durante seis años la ocupación de Barcelona por tropas francesas trastorna la vida de la Escuela y puede considerarse inexistente. En general existió una actitud de resistencia ante la una Junta afrancesada que pretendía reiniciar las actividades académicas, los trabajadores de la escuela pasaron largo tiempo sin percibir sus emolumentos, pero custodiaron el edificio en un intento de mantenerlo fuera del dominio francés.

Ante las medidas tomadas por las autoridades francesas respecto a las Iglesias y conventos, el director de la Lonja tomó medidas tendentes a evitar el expolio francés trasladando a las salas de la Escuela obras de artes recogidas de estos centros religiosos, de esta manera se salvaron bastantes obras. Una vez que las tropas francesas abandonaron Barcelona, se procedió a inventariar las obras devolviéndolas a sus dueños, excepto algunas de especial valía que corrían el peligro de perderse si volvían a claustros húmedos y faltos de condiciones, se entablaron conversaciones con sus dueños y en los casos que aceptaron fueron sustituidos por copias que quedaron en la Escuela para que los alumnos pudieran contemplar obras originales de grandes maestros;  hoy día, éstos los originales, están expuestos en el Museo de Arte de Cataluña.

Conforme la vida recobraba su normalidad la Escuela volvió a abrir sus aulas y reanudó sus actividades.

La primera Escuela de Arquitectura fue una realidad en 1817, el 11 de septiembre del mismo año tuvo lugar la inauguración oficial, pero hasta 1819 en que comenzó a  exigirse a los alumnos estudios previos de matemáticas no comenzó en realidad el estudio de arquitectura propiamente dicha. Se agrupa a los alumnos en dos clases los que quieran dedicarse a lo científico del arte, y a los que no pudiendo hacerlo aspiren a conocer la parte que puedan del mismo arte. La enseñanza se divide en tres clases: principiantes, prácticos y teórico-prácticos.

La Real Orden de 17 de Octubre de 1818 que establece la subordinación de todas las Academias y Escuelas de Nobles Artes a la Real Academia de San Fernando, orden de claro espíritu centralizador no es demasiado bien visto en Barcelona ya que sin duda limita las funciones de la Junta de Comercio, que se negará a aplicar el Reglamento que la Real Academia de San Fernando crea al efecto.

La Escuela pasa malos momentos, problemas de alumnado y descontento en el profesorado y trabajadores del centro relativos, a emolumentos, ascensos, etc. Comienzan a existir problemas de competencias entre Madrid y la Junta, que crean problemas económicos que repercuten en el orden pedagógico.

Según la relación de premios concedidos en 1822 se impartían las siguientes clases: Invención de flores, modelo del natural en diseño, modelo del natural en escultura, modelo de yeso en diseño, modelo de yeso en escultura, flores copiadas del diseño, flores y adornos, oficios y artefactos. En 1824 se accede a que se establezca la enseñanza de dibujo de paisaje y toma de vistas a cargo del pintor Pablo Rigalt.

Muchos alumnos de esta Escuela fueron en los años siguientes artistas destacados: Joaquín Planella, Francisco Coromina, José Bover, Jacinto Corominas, Antonio Roca, José Arrau Barba, Antonio Ferrant, Adriano Ferránt, Antonio Boix y Segismundo Ribó.

En 1826 la Junta modifica el Reglamento de la Escuela, y reorganiza las enseñanzas, Se incluye una clase de arquitectura civil, la enseñanza queda divida en siete asignaturas. Encuentran las enseñanzas del Grabado en franca decadencia, debido a las nuevas técnicas como la litografía y la Calcografía que merman cada vez más sus posibilidades.

Varios alumnos de la clase de Perspectiva y Paisaje solicitan del profesor Pablo Rigalt que les diese la lección por la mañana a fin de aprovechar la luz natural. Este profesor se ofreció para viajar a sus expensas, con la colaboración de los alumnos que se prestaran a ello, y aprovechar sus vacaciones para levantar algunos planos de lugares pintorescos de Cataluña.

En 1830 se pide la al Rey que elevase la categoría de la Escuela de los Nobles Artes a Academia que no tuvo el eco deseado en Madrid. Aunque las aspiraciones de crear una Academia en Barcelona son muy anteriores a esta fecha, e incluso, anteriores a la creación de la Junta, y así lo ponen de manifiesto documentos que contiene un legajo del Archivo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en el que se conservan varias solicitudes en este sentido, la fechada en 1747, la hacían un grupo de artistas que se habían asociado y formado una Escuela de enseñanzas artísticas. Las peticiones a la Real Academia están encabezadas por: Francisco Tramulles; académico de la de San Fernando que se proponía como director de Pintura de la de Barcelona, al que acompañan en la petición: Pedro de Costa académico de Mérito de la de San Fernando y Director de Escultura de la de Barcelona, Joseph Martí y Amat Director de Arquitectura de la de Barcelona; seguidos de Carlos Grau, Ignacio Valls, Manuel Tramulles, Ramón Esplugas, etc..

En 1834 se inicia otra etapa renovadora, implantándose las enseñanzas de ornato que ya funcionaban, similar a la que existía en la R. Academia de Milán. Se divide esta nueva disciplina en cuatro secciones: elementos de contorno, elementos de sombra, modelo de yeso y elementos de ornato  Los estudiantes se dedican al ornato que más conviene a su profesión, arte u oficio. En la cuarta se aprenden las reglas de la Composición. En este año las enseñanzas de la Escuela están constituidas por: principios; testas y figuras; flores y artefactos; escultura, yeso y natural; pintura al óleo; perspectiva y paisaje; ornato, grabado y vaciado.

En 1838 se crea, en unos locales del antiguo Convento de San Sebastián, próximo a la Lonja, una Clase del Natural a ruegos de Ferrant y Arnau, trasladándose también la Clase de Grabado al mismo lugar.

También en este año se hace un nuevo intento de lograr de Madrid autorización para transformase en Academia, pero nuevamente la Real Academia de San Fernando considera contrario a sus intereses semejante pretensión.        

La Junta atraviesa desde hace tiempo problemas económicos, sus ingresos dependen básicamente de peritaje, concedidos en su fundación y que poco a poco han ido reduciéndose y viéndose afectados por las diferentes guerras que se van sucediendo, ahora en 1841 se verá suprimido al aprobarse el nuevo plan arancelario que suprime los arbitrios especiales y entre ellos el peritaje de la junta. El mantenimiento de las enseñanzas requiere fuertes sumas económicas, para sufragar los gastos de locales, pensiones, materiales, profesores, etc. Todo ello le lleva en 1842 a declarar públicamente la imposibilidad de mantener  las Escuelas en funcionamiento. Los profesores y trabajadores del centro llevaban casi un año sin cobrar.

Ante la grave situación la Junta se dirige al Gobierno para solicitar nuevamente la creación de una Academia, amparándose en las indicaciones recibidas de la Real Academia de San Fernando en noviembre de 1829, aunque justificando su retraso por las situaciones de inestabilidad vividas en el Principado. Deseaban formar la creación de la Nacional Academia Barcelonesa de Bellas Artes, puesta bajo la advocación de Santa Eulalia, se aprobaron los Estatutos Provisionales y se solicitó la ayuda y colaboración de la Diputación, el Ayuntamiento y la Academia de las Buenas Letras y de Ciencias y Artes. El Ayuntamiento por su parte se había dirigido ya al Gobierno solicitando autorización para establecer una Escuela de Nobles Artes.

La Academia de San Fernando no considera oportuno destruir la más bien montada Escuela de la nación, sostenida por la Junta de Comercio.

En 1849 por Real Decreto de 31 de diciembre quedan instituidas las Academias Provinciales de Bellas Artes quedando bajo su tutela las enseñanzas artísticas. Esto aunque no significaba, directamente, la desaparición de la Junta de Comercio si significaba vaciarla de contenido. El traslado y traspaso de competencias fue lento y difícil por la oposición de la Junta, deslindar atribuciones y competencias entre la Junta de Comercio y Academia llevo tiempo, exigió años de trámites y negociaciones.

El 27 de abril de 1850 administrativamente hablando quedo instituida la Academia Provincial de Bellas Artes de Barcelona, después de leer el Real Decreto de 31 octubre de 1849 sobre organización y régimen de las Academias y estudios de Bellas Artes en las provincias de la Monarquía. Fue un acto ajeno a la Escuela de Nobles Artes de la Lonja, la nueva Academia no tenía local donde reunirse y los académicos que fueron nombrados aunque formaban parte de la vida cultural catalana eran, también en su mayoría. ajenos al mundo del arte. Muchos de los profesores de la Escuela de la Lonja, que eran ya académicos de la de San Fernando o San Carlos y que quedaron fuera de este primer nombramiento, solicitaron su inclusión en la provincial, su petición fue aceptada meses después y a finales de 1850 asistían ya como académicos los profesores: Vicente Rodes, Antonio Ferrant, Damián Campany, Antonio Roca, Luis Rigalt y José Casademut. Con ello la Academia provincial alcanzaba el prestigio y autoridad artística que le correspondía.

No obstante seguían existiendo diferencias, una cosa era dirigir las enseñanzas artísticas y otra muy distinta, al menos para la Junta, dirigir la Escuela de la Lonja. La Junta intentó mantener fuera de la órbita de la Academia aquellas enseñanzas artísticas de tipo más industrial, aquellas con las que empezó la escuela, que a su entender estaban más alejadas de competencias académicas.

La autoridad gubernativa tuvo que decidir finalmente la cesión del segundo piso del edificio de la Escuela de la Lonja para ser ocupado por la Academia provincial; tras algunos altercados y dificultades así queda establecido.

En cuanto a las cuestiones docentes el Reglamento que la Real Academia de San Fernando había aprobado, establecía una división de la enseñanza en estudios menores y superiores. Los menores de, carácter gratuito, eran considerados elementales y preparatorios para el paso a los superiores y los de aplicación a la industria, estaban divididos como sigue:

            1º) Aritmética y Geometría propias del dibujante; 2º) Dibujo de figura; 3º) Dibujo lineal y de adorno; 4º) Dibujo aplicado a las Artes y a la fabricación; 5º) Modelado y vaciado de adorno.

Los Estudios superiores, exigían el abono de matrícula y correspondían a los de Bellas Artes y maestros de obras consistiendo en:

            1º) Dibujo de antiguo y del natural; 2º) Pintura, escultura y grabado 3º) Enseñanza de maestros de obras y directores de caminos vecinales.

El Decreto de junio de 1869, del que ya hemos hablado, crea serias dificultades en Barcelona que quedan subsanadas por interpretaciones particulares del decreto, de manera que las nuevas normas no afecten a las enseñanzas establecidas en el principado y puedan seguir impartiéndose. No obstante, las atribuciones que este decreto confiere a las Diputaciones hace que la Diputación de Cataluña empiece a acariciar la idea de crear una nueva Escuela que reúna todas las enseñanzas, denominada Escuela Politécnica. Su inauguración se efectuó en octubre de 1869 en las mismas clases de la Lonja.

En 1871 el Gobernador de la provincia de acuerdo con las disposiciones vigentes en materia de enseñanzas artísticas y para solucionar los problemas existentes dispone la reorganización de las enseñanzas en Cataluña, disolviendo la Escuela Politécnica y creando dos Escuelas: una de Arquitectura y otra de Pintura, Escultura y Grabado, pero considera que deben arbitrarse medidas de tipo administrativo que permitan reorganizar al profesorado. Una vez hecho esto éstas escuelas deberán quedar bajo la tutela superior de la Institución más idónea para ello: la Academia Provincial de Bellas Artes y que se provea de fondos a ésta para poder acometer la tarea sin problemas. Establece también que la recién creada Escuela provincial de Arquitectura dará impartirá sus estudios siguiendo la enseñanza oficial de la de Madrid, expidiendo títulos de Arquitecto según la norma de 8 de enero de 1871. La Escuela provincial de Pintura, Escultura y Grabado dará las siguientes enseñanzas: dibujo del antiguo y natural; Colorido y Composición; Perspectiva y Paisaje; Teoría e Historia de las Bellas Artes; Anatomía Artística; Escultura; Grabado en todas sus formas y procedimientos.

Ya en estas fechas la ciudad de Barcelona había iniciado su expansión, y aumentado su densidad demográfica de tal modo que la saturación de alumnos en las Escuelas existentes es muy alta, pidiéndose la apertura de centros secundarios en los diferentes barrios de la ciudad que facilitaran el acceso de los habitantes de la periferia y aumentaran el número de alumnos posibles. La Academia propondrá a la Diputación la creación de Escuelas sucursales de dibujo en los diferentes barrios. Y se publica una convocatoria para conceder subvenciones a otras Escuelas de Artes y Oficios que creasen las poblaciones de la provincia. Las primeras que lo solicitaron fueron: Mataró, Sabadell y Tarrasa. La primera escuela de este tipo se creó en 1880 en la calle del Dr. Dou, nº 17, bajo. Tuvo un éxito rotundo quedando cubierto el cupo de alumnos en el primer año de funcionamiento.    

Los diferentes decretos de fines de siglo, que hemos comentado en el apartado anterior conducen finalmente a desvincular la Academia Provincial de Barcelona de la Escuela de Bellas Artes, culminando en 1900 cuando además sufre una transformación en la denominación pasando a ser: Escuela de Artes e Industrias de Barcelona.

A partir de esta fecha esta escuela que tuvo su origen en la Escuela de Lonja se incorpora a la enseñanza oficial.

El panorama general de las enseñanzas artísticas que hemos expuesto hasta aquí, daría mucho más de sí y, es un tema que en sí mismo permitiría un trabajo más extenso, si detallásemos las características propias de cada provincia; ante las limitaciones de tiempo y espacio hemos intentado plantear un panorama general que, básicamente, puede hacerse extensible a todo el territorio nacional. Las diferencias propias de cada una de las provincias afectaron también a este proceso, lo que sin duda produjo desajustes cronológicos pero, sustancialmente, el proceso fue uniforme. Ante la imposibilidad pormenorizar la situación en cada una de ellas nos hemos decidido por centrarnos en los dos ejemplos, que creemos, más significativos: Madrid y Barcelona. Somos, también,  conscientes que cualquiera de los dos ejemplos permitiría, e incluso requerirían, estudios más extensos que quedan fuera de nuestras posibilidades.

BIBLIOGRAFÍA

AA. VV. Plan General para el Gobierno de las Escuelas de Nobles Artes, dispuesto por la Real Academia de San Fernando y aprobado por S .M. Imp. Real. Madrid. 1819

Marés Deulovol, Federico. Enseñanza artística en el Principado. La Junta particular de Comercio. Escuela gratuita del diseño. Academia de Bellas Artes. Ed. Camára Oficial de Comercio y Navegación de Barcelona. Barcelona. 1964.

GLORIA MELGAR (1859-1938). XIV. Por Virginia Seguí

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Las Escuelas de Bellas Artes 

Como las Escuelas de Bellas Artes de cada provincia tenían una historia diferente, las situaciones son muy diversas de manera que cualquier decreto u orden emanada del Gobierno afectaba de distinta manera a cada una de ellas, en función de quién corría con los gastos de los locales, profesorado, etc. y de quién dependieran para las cuestiones docentes o administrativas; una norma podía ser bien recibida en una provincia y mal aceptada o ignorada en otras; esto último sucede en Barcelona con el Real Decreto de 8 de julio de 1892 que separaba totalmente de las Academias provinciales a las Escuelas de Bellas Artes, la finalidad del decreto era por cuestiones administrativas y de gastos del profesorado, pero una medida así, también afectaba directamente a las competencias en materia docente. De manera que la Academia provincial de Barcelona interpreta que se refiere a las Escuelas de Bellas Artes elementales y no a las superiores. De esta manera un decreto que pone directamente bajo la jurisdicción universitaria a las Escuelas de Bellas Artes en Barcelona no tiene efectos reales hasta bastantes años más tarde.

Exceptuando el caso de Madrid, donde existe la Escuela Oficial de Pintura, Escultura y Grabado, las enseñanzas artísticas a partir de ahora se imparten a través de las Escuelas de Artes y Oficios y su organización y funcionamiento, al igual que el resto de enseñanzas, depende del Ministerio de Instrucción Pública. La organización, tanto educativa como docente de estas Escuelas causará bastantes problemas y sufrirá a lo largo de los años varias reformas, sin que se consiga establecer un programa coherente, aun hoy en día estas enseñanzas, son objeto de críticas y discusiones.

En Madrid existía también otra institución que enseñaba oficios artísticos: El Conservatorio de Artes creado, en 1810, por José I y que se mantiene vigente en estas fechas, tenemos noticias de su existencia a través del Catálogos de participantes a la Exposición Universal de Filadelfia de 1876 donde se menciona su partición con varias obras dentro del Departamento III. Educación y Ciencia. Entre ellas Memorias del estado del Establecimiento y ejemplares de los cuatro cursos lectivos anteriores y trabajos de los alumnos de las clases de: Dibujo geométrico, Adorno y Figura, Perspectiva, Aplicaciones del colorido, Modelado, etc.

En 1887 esta institución educativa desaparece, seguramente deja de considerase necesaria su existencia dada la reciente creación, en 1886, de las Escuelas de Artes y Oficios.

“En esta fecha se publica un Real Decreto que suprime el Conservatorio de Artes. en este artículo se indica se pone término a una gran Institución, si bien esto no perjudica la docencia pues estas funciones habían sido transferidas a otras instituciones creadas al efecto: Las Escuelas de Artes y Oficios y la de Comercio”.

Las diferentes orientaciones políticas de los sucesivos gobiernos, como es natural, incidían en estas cuestiones educativas, en relación con la Escuela de Artes y Oficios de Madrid  un artículo, anónimo, publicado por La Gaceta de Fomento del 28 de septiembre de 1885 nos pone en antecedentes de una de ellas; ya que relata que el nuevo edificio que se estaba construyendo en el Paseo de Atocha, en uno de los extremos del Jardín Botánico destinado, en principio, a albergar a esta Escuela iba a ser finalmente utilizado para emplazar: el Museo de Ciencias.  El articulista justifica la medida en el cambio de orientación política del nuevo Ministro, el conservador, Sr. Pidal, quien modifica una medida tomada por el ministro anterior de orientación liberal. El nuevo ministro no tiene los mismos criterios que el anterior lo que va en detrimento de la educación de los más desfavorecidos: la clase obrera.

El Real Decreto de creación de las Escuelas de Artes y Oficios comienza con una Exposición de motivos por parte del ministro Carlos Navarro Rodrigo en el cual hace una recapitulación sobre la situación, mencionando que este tipo de escuelas nacieron en España á últimos del pasado siglo:

“[…] creando talleres para la construcción de aparatos físicos y astronómicos, de grabado en metales y piedras finas, de relojería y de otros varios oficios y artes, llegándose á normalizar en 1824 el Conservatorio de Artes con un plan de estudios Orales y Prácticos”

Reconoce también que a pesar de los esfuerzos realizados tanto, por los diferentes gobiernos como por los particulares, citando expresamente a las Sociedades Económicas de Amigos del País, los resultados han sido estériles. Menciona expresamente que la Gran Bretaña fue consciente de su situación industrial con la realización de la Exposición Universal de 1851. Para poner solución a estos problemas y poder competir con las industrias extranjeras vio que tenía necesidad imperiosa de difundir en sus clases populares la educación artística de que carecía, creándose al efecto una serie de establecimientos educativos por parte del Estado y fomentándose la implantación de otros a cargo de particulares, todo ello había dado sus frutos; dados los éxitos del proceso inglés éste había servido de ejemplo al resto de países europeos que tenían las mismas pretensiones.

Se espera que la nueva regulación de estas enseñanzas que ahora se acomete en España de también sus frutos. Se plantea una nueva regulación de las existentes en Madrid y la creación de 8 escuelas de Artes y Oficios en provincias; así como: el aumento de enseñanzas prácticas y talleres, el establecimiento de pensiones y premios.

La regulación de la situación madrileña consiste en incorporar el Conservatorio de Artes y Oficios a la nueva Escuela  que se denominará Escuela de Artes y Oficios Central y que estará compuesta por diez secciones.

Además se crean, en principio, siete escuelas de distrito, que se establecerán en las siguientes poblaciones: Alcoy, Almería, Béjar, Gijón, Logroño, Santiago y Villanueva y Geltrú. El Art. 2º del Real Decreto fija el objetivo de estas escuelas: “Instruir Maestros de Taller, Contramaestres, Maquinistas y artesanos. Y crear y promover la instalación de talleres de pequeñas industrias.”

El Art. 3º divide las enseñanzas, a impartir, en Orales, Gráficas y Prácticas, e incluyendo dentro de ellas las siguientes asignaturas:

Orales:

Aritmetica y Geometría con aplicación á las artes y oficios;

Elementos de Física con aplicación á las artes y oficios

Elementos de Química con aplicación á las artes y oficios

Nociones de Mecánica con aplicación á las artes y oficios

Principios del arte de construcción y conocimiento e materiales, en cuanto se relacionen más directamente con los conocimientos cultivados en las Escuelas.

Lenguas francesa e inglesa

Gráficas

Dibujo geométrico y de figura

Aplicaciones de colorido á la ornamentación

Plásticas

Modelado y vaciado

Grabado en dulce con aplicación á artes industriales

Prácticas

Ejercicios verificados en talleres, museos, gabinetes y laboratorios de las Escuelas

Visitas a fábricas y talleres, bajo la dirección de los profesores.”

Es importante destacar que una de las Secciones de la nueva Escuela creada en Madrid estará  destinada exclusivamente, durante el día á la enseñanza artístico industrial de la mujer. Esta enseñanza abrazará, por ahora, las materias siguientes:

“Nociones de Aritmética y Geometría

Dibujo á mano alzada, principalmente de adorno    

Dibujo lineal

Pintura á la acuarela en porcelana y cristal

Modelado de pequeños objetos

Flores artificiales

El reglamento interior determinará todo lo relativo al régimen de esta enseñanza.”

Respecto a las normas que deben cumplir los alumnos para matricularse, están recogidas en los artículos 37 al 44 y estipulan que deben saber leer y escribir. La matricula será gratuita y por orden de presentación. Los matriculados en clases gráficas o plásticas deberán justificar sus faltas de asistencia a las mimas, perdiendo la matricula si éstas no están debidamente acreditadas.

Respecto a los premios El Gobierno concederá cada año 11 pensiones para otros tantos alumnos, cuatro para la Escuela de Madrid uno para cada Escuela provincial. El gobierno si lo estima conveniente, concederá pensiones á los alumnos para estudiar en el extranjero una industria u oficio, ingresando como operarios en los talleres o fábricas correspondientes. Estas pensiones serán de 3000 pesetas y 500 para gastos de viaje. Duraran uno ó dos años. Se concederán en virtud de oposiciones igualdad á las del premio de honor.

Dado que en la Escuela de Artes y Oficios Central de Madrid iban a concentrarse prácticamente todos los estudios de este tipo de la capital, se pensó que era necesario ubicarla en un edificio acorde con las necesidades de la escuela, el lugar elegido fue el Paseo de Atocha, en uno de los extremos del Jardín Botánico. El nuevo edificio comenzó a construirse pero en un momento dado se cambiaron los planes y en lugar de ser utilizado para su destino inicial quedó convertido en el Museo de Ciencias. Un artículo de la época que comenta el tema justifica este cambio por la nueva orientación gubernamental, el nuevo ministro no tiene las mismas prioridades que el anterior lo que va en detrimento de la educación de los más desfavorecidos: la clase obrera.

A estas ocho Escuelas de Artes y Oficios iniciales creadas por el gobierno se le fueron añadiendo algunas en más en las diferentes provincias, creadas desde instancias gubernamentales o por iniciativas particulares, de manera que a primeros de siglo el sistema se ha ido extendiendo modificando algo la situación preexistente. Aunque los problemas económicos y de organización persisten.

En 1895 un decreto emanado de la Dirección General de Instrucción Pública al frente de la cual estaba el marqués de Guadalhorce, orienta las enseñanzas artísticas hacia directrices más positivas, enfocándolas hacia las artes aplicadas, con el fin de vigorizar las industrias artísticas. Y en 1900 las Escuelas de Artes y Oficios que habían sido creadas en 1886 tuvieron que ser reformadas, al no haber dado los resultados apetecidos. Lo que se lleva a cabo mediante decreto del 4 de enero que transforma las Escuelas de Bellas Artes y Oficios determinando, entre otras cuestiones, un cambio de denominación pasando a ser Escuelas de Artes e Industrias y un cambio de competencias, ya que a partir de ahora pasarán a depender exclusivamente de los directores de los centros respectivos, quedando completamente separadas de las Academias de Bellas Artes.

En 1900, y por las mismas causas aducidas anteriormente, estas escuelas son de nuevo reformadas, los problemas son los mismos de siempre que, casi, pueden ser considerados endémicos: insuficiencia de dotaciones presupuestarias, empobrecimiento de la función docente y falta de una idea general coherente que regule el sistema.

El problema de la educación artística oficial sigue vigente en el siglo XX,  sabemos que en 1910, estas enseñanzas sufrieron nuevamente modificaciones, ya que por Real Decreto de 10 de diciembre se procedió a la separación de las enseñanzas artísticas de las de oficios o industriales, pero, sin embargo, se mantuvieron unidas mediante un Reglamento orgánico común,  ya que el profesorado pertenecía al mismo escalafón.

La segunda modificación, que cita, es la producida el 25 de marzo de 1925, en esta ocasión, profundizando en lo establecido en 1910, tiene lugar la separación absoluta de las escuelas citadas, pasando las Industriales a depender del Ministerio el de Trabajo. La Memoria pone de manifiesto el malestar que esta situación produce y señala que debería, sin duda, ir acompañada de un nuevo Reglamento orgánico dado que el existe y está vigente, se hizo para ambas escuelas conjuntamente, debiendo, ahora, desglosarse de él todas aquellas disposiciones que se referían a las Escuelas Industriales, exclusiva y preferentemente.

La Memoria, del Curso de 1914-5, de la Escuela Central de Artes y Oficios de Madrid, a cargo del director de la misma D. Ramón Suárez Bermúdez plantea nuevamente los graves problemas por los que atraviesan este tipo de enseñanzas, dándose cuenta, en ella, de los resultados de una Asamblea que con autorización del Ministerio de Instrucción Pública  y Bellas Artes se había realizado en Madrid por parte del profesorado, a la que habían asistido representantes de la totalidad de escuelas de este tipo existentes en España y cuyas conclusiones son:

“- Que se oiga al profesorado, antes de modificar las enseñanzas. Con objeto de asesorarle sobre cuestiones que se le escapan desde las alturas de su cargo. Que sean oídos los que llevan a la práctica las disposiciones.

–  Que se arbitren medios para que por el Estado, la Provincia o el Municipio se construyan edificios apropiados para estas Escuelas.

– Que se limite prudencialmente el numero de escuelas facultadas para cursar peritajes, así como el número de estos en algunas de ellas.

– Ley que regule la relación entre patronos y aprendices.

– Que por la Inspeccion general de Artes e Industrias se desempeñen las funciones asignadas ordinariamente a los Comisarios Regios en las distintas escuelas que lo tienen.  etc.

– Que para mayor garantía y acierto en el reclutamiento del profesorado de estas Escuelas, los Tribunales de oposiciones a cátedras vacantes, deben estar constituidos por profesores de término de asignatura igual a la que haya de proveerse

– Que los cuestionarios de las materias que deben integrar cada una de las asignaturas que se cursan en nuestras Escuelas, sean redactadas por Profesores de término de las mismas, revisándose cada cinco años.

– Que para que las Escuelas de Artes e Industrias sigan concurriendo a las Exposiciones nacionales de Artes Decorativas, como es su deseo, deben intervenir en la formación de los Reglamentos porque estas han de regirse y el Estado debe consignar en Presupuesto la cantidad necesaria para los gastos que esta concurrencia origina.

– Que las Escuelas tengan un representante en el Consejo de Instrucción Publica.

– Que se equiparen las categorías del Escalafón de las Escuelas de Artes é Industrias a las de segunda enseñanza, con arreglo a las disposiciones vigentes.

– Derechos pasivos para los profesores igual que en los Institutos de segunda enseñanza.

– Que el estado pague el personal administrativo                                                “

El 25 de marzo de 1925 una nueva reforma de estas enseñanzas profundiza en lo establecido en el Decreto de 1910. Ahora tiene lugar la separación absoluta de las escuelas citadas, pasando las Industriales a depender del Ministerio el de Trabajo. La Memoria pone de manifiesto el malestar que esta situación produce y señala que debería, sin duda, ir acompañada de un nuevo Reglamento orgánico dado que el existe y está vigente, se hizo para ambas escuelas conjuntamente, debiendo, ahora, desglosarse de él todas aquellas disposiciones que se referían a las Escuelas Industriales, exclusiva y preferentemente.

Todo ello da una idea de la situación real del tema a principios del siglo XX, no vamos a ir más allá en el tiempo, pues estaríamos fuera de los límites impuestos por nuestro trabajo, pero debemos indicar que esta es la tónica general de este tipo de enseñanzas, también durante, al menos, la primera mitad de este nuevo siglo.

BIBLIOGRAFÍA

Anónimo. “La Escuela de Artes y Oficios. Reemplazada por el Museo de Ciencias”. La Gaceta de Fomento del 28 de septiembre de 1885

Anónimo. “Supresión del Conservatorio de Artes y creación de una Dirección especial de patentes, marcas é industria”. En La Gaceta Industrial. 1887.

AA.VV. Lista de expositores de la Exposición Universal de Filadelfia. Imp. de T. Fortanet. Madrid. 1876. Pág. 85-86. 1887

AA.VV. Escuela de Artes y Oficios central de Madrid. Memoria del Curso 1914-15.Madrid. 1916

AA.VV. Memoria del Curso 1924-25 de la Escuela de Artes y Oficios Central. Madrid. 1926.

GLORIA MELGAR (1859-1938). XIII. Por Virginia Seguí

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Las Escuelas de Artes y Oficios

La Constitución de Cádiz establece, en su artículo 367, la regulación en materia de Bellas Artes, asimilándola al resto de enseñanzas y ciencias, estableciendo que se crearan los establecimientos que para su instrucción se juzguen necesarios.

El gobierno organizará la educación dividiéndola en varios niveles, las enseñanzas artísticas fueron incluidas dentro de la Segunda Enseñanza y ésta se supone previa a las enseñanzas superiores o al desarrollo de una profesión. Por lo tanto tradicionalmente se ha considerado que los objetivos de la segunda enseñanza pueden quedar fijados en: “Preparar para el ingreso en las Facultades y Escuelas Superiores, y dar una educación para la vida; a lo que hay que añadir un tercer objetivo, frecuentemente olvidado y escasamente desarrollado en lo planes, la preparación para ciertas profesiones de grado medio.”

Este tercer objetivo de preparación para acceder a profesiones de grado medio sería el que nos interesaría más, pues es donde se han encuadrado los estudios artísticos. Hasta la Ley Moyano que establece unos estudios de Aplicación a las profesiones industriales, no aparecen  fijados con nitidez y apenas son desarrollados después. En ellos las exigencias académicas son menores y claramente diferencias de las de los estudios generales; una vez concluidos los estudios los alumnos se incorporaban a la actividad laboral. Aunque esto puede considerarse un avance con relación a la situación anterior, la realidad es que, siguen estando discriminados pues no habilitan para el titulo de Bachiller y son un añadido artificial en los Institutos. La norma indica, también algunas de las materias que comprenden: “Dibujo lineal y de figura, nociones de Agricultura, Aritmética mercantil, y <cualesquiera otros conocimientos de inmediata aplicación a la Agricultura, Artes, Industria, Comercio y Náutica, que puedan adquirirse sin más preparación> que la recibida en la Escuela primaria“.

El párrafo anterior indica las materias que deben estudiarse y, éstas, más que asignaturas son las diferentes ramas que permitirían estructurar los estudios profesionales. Después dentro de cada una de ellas deberían fijarse la duración de los estudios y las materias que deben impartirse que se centrarían en el área o rama concreta elegida, ya que debían permitir a su término y tras la obtención del título de Peritos en la carrera cursadas asumir las tareas profesionales. Debe considerarse que lo que hace la Ley Moyano es abrir posibilidades de desarrollo posterior a los estudios profesionales, entre los que se encontrarían los artísticos.

Los alumnos de 1ª Enseñanza Superior que pasaban a los Estudios de Aplicación debían tener 10 años cumplidos y cursar un año más que los que optaban por los Estudios Generales, reforzaban así el estudio de las asignaturas de tipo general para compensar la menor intensidad con que éstas eran tratadas en sus estudios específicos, finalmente debían superar un examen general de 1ª enseñanza. 

Se pretendía organizar unas enseñanzas que hasta ahora, en general, se habían ido creando e impartiendo de modo disperso, en lo que se conoce como Escuelas Elementales; que existían en todas las provincias y que aunque en algunos casos tenían sedes propias, otras muchas utilizaban aulas en los Institutos, ahora se refundirán, permitiendo una mayor difusión y un mayor aprovechamiento de locales y dotaciones:

“<[…] en las poblaciones donde haya Instituto, se refundirán en él las Escuelas elementales que existan de Industria, Agricultura, Comercio, Náutica u otras de estudios de aplicación de segunda enseñanza> e inversamente <en los pueblos donde existan Escuelas de esta clase y no instituto, se procurará establecerlo>”.

No es extraño que sea en este período cuando nuevamente se vuelve a ser consciente del atraso de la industria española; las Exposiciones Universales no dejan lugar a duda y demuestran claramente la inferioridad de nuestros productos. Se intentará revitalizar nuestra industria uniendo, de nuevo, el binomio arte e industria, tomando como ejemplo las experiencias de otros países comienza un proceso que terminará, a finales de siglo, con la creación de las Escuelas de Artes y Oficios.

El Real Decreto de 31 de octubre de 1849 en el que se crean las Academias Provinciales y se pone bajo su jurisdicción las enseñanzas artísticas en las diferentes provincias, contenía un preámbulo del ministro del ramo Seijas Lozano, en el que se pondera el valor de las Bellas Artes y se lamenta el atraso de la industria, atribuyendo ésta última circunstancia a la ya tradicional deficiente enseñanza del Dibujo de adorno y de aplicación a las Artes Industriales, considerando que, en este aspecto, excepto en Madrid y Barcelona la situación era muy precaria. Este decreto es el primero que pretende deslindar oficialmente las enseñanzas de las Bellas Artes y las Artes Industriales.

El Decreto creará cierta confusión en las enseñanzas artísticas, sobre todo en el plano económico y de delimitación de competencias; cuestiones cómo ¿quién es el responsable del mantenimiento de los diferentes establecimientos docentes?, ¿Quién debe correr con los gastos de mantenimiento, dotaciones académicas, etc.?; son temas que la redacción del Decreto no delimita suficientemente, dando lugar a diferentes interpretaciones lo que provocará roces entre algunas Instituciones y las autoridades provinciales. La situación se agravó, aún más, con el Real Decreto de Junio de 1869, que establecía que el Estado dejaba de sostener las Escuelas Superiores de Bellas Artes; dejando a las elementales a cargo de las autoridades provinciales; aunque una disposición posterior establecerá el carácter voluntario de esta última medida. La aplicación de estos decretos provoca la desaparición de ciertas Escuelas y obliga a emitir un informe aclaratorio sobre ciertas cuestiones:

“1º los rectores de las Universidades se encargarán del local y de los medios materiales de enseñanza pertinentes a estas Escuelas en las poblaciones en que hubiera Universidades. 2º En las demás se encargará del local y demás enseres el Gobernador de la provincia. 3º La entrega de objetos que posea cada Escuela se hará con toda formalidad por el Jefe del establecimiento al comisionado o comisionados que nombren, según el caso, los Rectores o Gobernadores. 4º El material correspondiente a cada Escuela quedará en depósito hasta que el Gobierno determine como ha de utilizarse. Las Diputaciones provinciales podrán consignar en sus presupuestos las cantidades necesarias al sostenimiento de estas Escuelas y cual caso el Gobierno les facilitará los objetos y medios materiales de enseñanza que posean las Escuelas suprimidas.”

Una muestra del estado de la cuestión en la opinión pública puede ser el artículo de La Gaceta Industrial, revista de la época relacionada con los temas que nos ocupan, que demuestra que la situación no está solucionada  y que las cuestiones relativas a la educación industrial siguen despertando interés en la sociedad. En un artículo de marzo de 1865 podemos leer las dificultades por las que atraviesa el capítulo de la enseñanza artística:

“Uno de los primeros deberes de los gobiernos que aspiran á ocupar un lugar preferente en los paises civilizados, es de difundir la instrucción entre las diversas clases de la sociedad que tienen íntima relación con la industria, y que hoy constituyen la inmensa mayoría de todas las sociedades. Hasta hoy, por circunstancias especiales que examinares a su tiempo, la enseñanza industrial en nuestro país ha quedado circunscrita al ingeniero industrial error gravísimo que la experiencia se ha encargado muy pronto de demostrar, y que se refleja perfectamente en el estado actual de nuestras escuelas industriales: algunas han desaparecido hace ya algunos años, y las que quedan arrastran una vida tristísima y artificial, indicio de una muerte próxima, si pronto no se acude con una reforma indispensable para traerlas á mejor camino, dándoles una organización que satisfaga verdaderamente las necesidades  de nuestra naciente y atrasada industria.”

Cómo vemos, a estas alturas de siglo, siguen considerando a la reforma de las enseñanzas artísticas como una medida necesaria para salvar la industria española, que es calificada de naciente y atrasada. El artículo continúa diciendo que en la actualidad las escuelas industriales existentes no cumplen los objetivos por los que fueron creadas y que sería necesaria una reforma, creando en los principales centros de fabricación: Madrid, Barcelona, Valencia y Sevilla unas nuevas. Propone la utilización del material de las escuelas industriales superiores de estas mismas ciudades, lo que abarataría el coste de implantación, después una vez reconocida su utilidad extenderlas a los puntos donde se crean más convenientes.

Unos días antes, en otro artículo, la misma revista había dado cuenta de la creación por parte de la Dirección General de Instrucción Pública de la creación de una comisión  inspectora de la que formaban parte Federico Madrazo, Mariano Borrel, Teodoro Molina y Joaquín Salas Dóriga,  para que estudiara e informara del estado en que se encontraba la enseñanza de los artesanos, interesándose especialmente por los resultados que estaba obteniendo el método de dibujo de Mr. Hendrizch.

El Ministerio de Fomento emite, al año siguiente, una disposición que establece que en las provincias donde existan Academias Provinciales de Nobles Artes era obligatorio que se implantaran estudios de Bellas Artes o de Aplicación, que dependerían del director del Instituto. Aquí está la base de la enseñanza artística actual, por un lado las enseñanzas universitarias de Bellas Artes y por otra las Escuelas de Artes y Oficios, encuadradas dentro del ámbito de la enseñanza secundaria. A pesar de que hasta ahora ya hemos hablado en varias ocasiones de escuelas industriales, lo que hoy día conocemos como Escuelas de Artes y Oficios fueron creadas en 1886.        

La situación organizativa de las enseñanzas artísticas es bastante caótica y desde todas las instancias interesadas en el tema se intenta estudiar el mejor sistema para subsanar la situación y conseguir una organización coherente; por encargo de la Diputación la Academia Provincial de Barcelona crea una Comisión que estudia la situación en otros países, el resultado es un informe emitido por Salvador Sampere y Miguel en el que pone de manifiesto el atraso español con respecto a la situación en otros países, entre los que se citan: Inglaterra, Alemania, Austria, Francia e incluso Italia. A pesar de los avances de los últimos años aún queda mucho por hacer. Aconseja un cambio en el programa dibujo existente, modificando los métodos de aprendizaje, desterrando aquellos que desvían del estudio de la forma que es el fin primordial a que debe tender dicha enseñanza; cambiando radicalmente en la Escuela de Bellas Artes y en la de Artes y Oficios los programas de dibujo, tanto el general artístico como el de aplicación a la industria, introduciendo modelos de lámina y corpóreos sacados de ejemplares notables antiguos y modernos, e iniciando la enseñanza práctica como acontece en la clase de escultura en Italia, dentro de las condiciones reducidas del local donde se dan las clases hoy día.    

El informe hace mención de los centros de enseñanza extranjeros que deben ser modelo al tratarse de organizaciones de enseñanzas artísticas de especial importancia que tienen grandes repercusiones en las artes suntuarias; como es el caso del Instituto South Kesington que realiza actividades que traspasan el ámbito inglés. También se mencionaba los avances realizados en Francia a través de Cluny y de el Trocadero, sin olvidar a la Unión Central de artes aplicadas a la industria establecida en París. Mención especial mereció también la organización artística industrial de Wurtenberg.  

En general a mediados del siglo XIX todos los países son conscientes de la necesidad de organizar sus enseñanzas artísticas institucionalizándolas, ya que hasta el momento la creación de estos centros había sido un tanto anárquica, en general estaban sufragados por el estado, ya fuera la Administración central o la local la que corriera con los gastos, pero no existían criterios comunes y sus títulos carecían de reconocimiento administrativo oficial. La realidad hace patente que conceptualmente no se ha avanzado mucho y el tema sigue siendo el mismo que encontrábamos ya durante el siglo XVIII, la importancia que tiene de la educación artística en la industria nacional, y la necesidad de mejorar la formación de los trabajadores de la industria española. El problema está generalizado, pues no sólo preocupa en España sino que está en candelero en casi todos los países de nuestro entorno cultural.

En cada uno de ellos se intenta subsanar de una manera u otra, algunos tienen la suerte de contar con personalidades destacadas artísticamente que se conciencian del problema y acometen proyectos tendentes a subsanar sus deficiencias. El problema español es que realmente, que no aparecen estas individualidades hasta fines de siglo y sus aportaciones tampoco se generalizan, desde el Estado el problema se acomete sin convicción, con escaso presupuesto, de manera que no se soluciona de forma generalizada.

BIBLIOGRAFÍA

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Anónimo. “Enseñanza de artesanos”. La Gaceta Industrial. Año I. Nº 9 de 3 de marzo de 1865. Madrid.

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GLORIA MELGAR (1859-1938). XI. Por Virginia Segui

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La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Su fundación tiene una finalidad clara: crear un órgano facultativo del que puedan emanar directrices en los diferentes aspectos del arte, lo que significa, a la vez, un control del arte y de los artistas. Asumiendo tareas educativas en aulas abiertas para formar artistas, algunos de ellos se convertirán en la élite; dada la capacidad limitada de sus aulas y por tanto la imposibilidad de impartir directamente educación artística a todos y cada uno de los ciudadanos que lo solicite, será necesaria la existencia de escuelas provinciales, que colaboren en la educación artística de la juventud,;en ellas se formaran los jóvenes de la zona, seleccionado entre ellos los que tengan mejores cualidades para la práctica de las Bellas Artes, que serán premiados con una pensión que les permitirá ampliar estudios en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en Madrid, o incluso en el extranjero, Roma o París.

Los orígenes de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando se relacionan  con <la restauración y el desarrollo de las Bellas Artes y se afirma que fue establecida para fomentarlas y devolverles la lozanía y galanura de sus mejores días>, el interés por crear este tipo de establecimientos desde el momento en que los Borbones ocupan el trono español es evidente y forma parte de la lucha que se establece, desde el propio gobierno, en contra la estructura gremial; era necesario crear  un órgano facultativo del que pudieran emanar directrices en los diferentes aspectos del arte lo que, a la larga, significaría obtener el control del arte y de los artistas. Parece que, al principio, había otros asuntos más importantes que atender que impidieron su creación, pero era una aspiración que compartían gobernantes y artistas ilustrados.

En el ánimo del arquitecto Juan de Villanueva  estuvo el pensamiento de fundar este tipo de establecimiento en Madrid en un intento de reanimar el desaliento que existía en las Artes, las Letras, la Industria y el Comercio. El sistema mediante el que se pretendía reanimar la Pintura y la Escultura no era otro que crear una institución que organice la enseñanza artística. Superado el proceso bélico, otro artista, el miniaturista Francisco Antonio Menéndez, se interesará también por esta empresa y en 1726 expone al gobierno la necesidad de que Madrid, a semejanza de otras ciudades importantes como Roma, Florencia o París; cuente con un establecimiento que facilite a los ciudadanos una sólida enseñanza artística de la que hasta ahora carecen. No obstante todavía no había llegado el momento oportuno de fundarla, seguía habiendo asuntos más urgentes que atender. El escultor Juan Domingo Olivieri retomó el tema y supo aprovechar momentos de mayor desahogo económico consiguiendo del gobierno la creación de una Junta preparatoria precursora de la Academia, poco después se aprobaban los estatutos y el sistema de enseñanza. La enseñanza artística comienza ya en estos momentos, desde la propia Junta. 

Aunque al parecer los primeros estatutos tienen deficiencias, ya que sus creadores no dejan claras las competencias y organización de la Academia y la escuela dependiente de ésta, lo que provoca cierta confusión. Las escuelas que se organizan parecen más privadas que públicas, los profesores aún no asumían las características especiales que requería la enseñanza desde una Academia de Bellas Artes.

En los primeros momentos las dificultades económicas impidieron que las enseñanzas tuvieran la extensión que hubiera sido deseable dada la categoría del establecimiento. A pesar de que la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando se crea en 1752, las enseñanzas se establecen con anterioridad, pues hay constancia de que en 1745 ya se impartían clases y de que en julio del mismo año se obtuvo, para establecer sus dependencias, la Real Casa de la Panadería. En estos nuevos locales se replantearon las clases que se consideraron necesarias distribuyéndolas como mejor permitió el edificio. Las enseñanzas que se impartían estaban incompletas, faltando asignaturas importantes; también, había dificultades con los modelos e instrumentos necesarios, libros de texto, etc. Y los estudios de Arquitectura no estaban, todavía, bien definidos. Todo esto se achaca a:

“Escasa la experiencia, y nunca destinados los profesores á la enseñanza elemental como un establecimiento público la requiere, tampoco se ordenaron los cursos académicos de la manera más oportuna, y aun las clases abiertas al público se limitaron á una tentativa emprendida sino con desaliento, á lo menos sin toda la resolución que pudiera asegurar su buen éxito”.

Respecto a las enseñanzas artísticas impartidas por la Academia hasta la reforma del Plan de Estudios de 1819, cabría decir que eran bastante limitadas, reduciéndose casi exclusivamente al aprendizaje del dibujo del cuerpo humano, las técnicas de pintura y escultura seguían aprendiéndose en el taller del maestro, en cierta manera esto supone todavía, la pervivencia del antiguo sistema gremial. Los estudios se estructuran en niveles, sin periodicidad determinada.

Se comenzaba el aprendizaje por la Sala de Principios, ésta a su vez estaba dividida en otras: Principios y Extremos, ésta era a la que se entraba cuando se comenzaban los estudios con muy poca preparación, debido a esto, estaba muy masificada; cuando el profesor creía que el alumno había adquirido la madurez suficiente en el tema, pasaba a la sala siguiente: la Sala de Cabezas, donde volvía a comenzar el proceso, finalmente se pasaba a la Sala de Figuras. La enseñanza en estas clases estaba impartida por los Tenientes Directores y ayudantes nombrados al efecto.

El enfrentamiento con el natural no llegaba hasta que el alumno no accedía la Sala del Yeso, en ella habría que enfrentarse a la propia interpretación de la realidad, sin traducciones intermedias.

La Sala del Natural era el máximo nivel a que se podía llegar, y lo hacía un número muy escaso de alumnos, el tiempo de permanencia en ella podía ser de varios años, estaba dirigida por los Directores. Los alumnos copiaban del natural: modelos varones vivos.

Durante el siglo XVIII, la docencia artística estuvo basada en: “[…] muchos y buenos modelos de las estatuas antiguas; libros de los autores más clásicos, que derechamente tratan y dan reglas de nuestras artes; maestros que enseñen estas reglas, y premios para animar a la Juventud.”

La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando  no tenía capacidad para asumir las enseñanzas artísticas a nivel estatal, por lo tanto era necesaria algún tipo de organización que supliera esta deficiencia, de este modo se habían ido creando, en las diferentes provincias, muchas de estas escuelas artísticas en su mayoría por iniciativa de las diferentes Sociedades Económicas de Amigos del País, esto determinará que, en cierta manera, vayan desarrollándose y creciendo de manera desigual, sin criterios comunes, cada una en la medida de sus posibilidades y necesidades; varias de ellas llegarán a tener pretensiones de convertirse también en Reales Academias, algunas lo conseguirán, entrando así en competencia con la de San Fernando. La de San Fernando procurará asegurarse su preeminencia y salvaguardar sus intereses restringiendo, lo más posible, estas pretensiones y a principios del siglo XIX, conseguirá que se tomen medidas, mediante la publicación de la normativa correspondiente, para controlar la proliferación de este tipo de iniciativas y evitar que la situación se repita.

Una Real Orden 31 de enero de 1816, determinará la dependencia de las Escuelas de dibujo provinciales de la Real Academia de San Fernando, en abril del mismo año se creará una comisión que presidida por el Duque del Parque, estudiará las condiciones que deben cumplir las escuelas de dibujo provinciales de nueva creación. Esta Comisión emite un informe contestando a varias preguntas formuladas por una de las Juntas Ordinarias de la Academia. Establece; primero que, mientras que las Escuelas de Nobles Artes que aspiren a Academias no demuestren sus adelantamientos y tengan dotación suficiente para mantener las obligaciones que esto conlleva, no debe haber más Academias que las cuatro existentes, de: Madrid, Valencia, Zaragoza y Valladolid.

El segundo punto establece que las nuevas escuelas de Dibujo deben depender directamente de las Sociedades respectivas, según la R. Orden de 31 de enero de 1816, pues así quedará asegurado que su establecimiento se hará en los pueblos y lugares que más convenga a la industria además de ser más permanentes que si erigen por subscripciones arbitrarias o a cargo de particulares reunidos accidentalmente como sucede con el caso de Logroño. Se asegurará, también, así las buenas relaciones entre las Escuelas y la Academia, lo que redundará en su buen funcionamiento, ya que habrá consenso en cuanto a planes de estudio, profesorado, dotaciones, etc. Para la parte artística las Reales Sociedades, cuando tengan asignados al menos 20 reales anuales, deben dirigirse a la Real Academia de San Fernando, para que ésta les asista en lo necesario. Determinando que la asistencia de la Academia no puede, por su naturaleza, extenderse más que a la parte facultativa: prescribiendo el método de estudios, aprobando los dibujos y modelos de la escuela, proporcionando los mejores profesores, examinando los estatutos o reglamentos con que hayan de gobernarse, etc.; pero no le incumbe mezclarse en el señalamiento de arbitrios ni cuestiones de orden económico.

De esta manera la Academia de San Fernando consigue una situación de preponderancia respecto al resto de Academias y Escuelas, controlando el nivel de enseñanza artística que en ellas se imparte.

Y como ya hemos visto establece en sus propios locales las enseñanzas artísticas, con dos objetivos básicos, las enseñanzas van encaminadas en dos sentidos, por un lado se trata de seleccionar, de entre los jóvenes asistentes a las diferentes clases, a los mejor dotados para la práctica artística, a estos se les ira premiando, concediendo pensiones para que estudien en el extranjero, etc., una vez perfectamente formados en sus disciplinas se les nombrará académicos y asumirán también labores docentes y serán la élite artística del país. Pero a las aulas de la Academia también asistían una serie de jóvenes cuya intención era, mas modesta, se trataba de conseguir una formación artística que les permita desempeñar un oficio o profesión ya fuera individualmente o mediante la incorporación a las distintas fábricas que se estaban fundando.

La Academia había organizado, en principio, todas las enseñanzas en los locales de la Real Academia de Bellas, existiendo horarios nocturnos que favorecían  la asistencia, a ellas, de los artesanos y aprendices. Se tiene constancia de que en un momento dado, a principios del s. XIX, comienzan  a surgir problemas con estas clases ya que, al parecer, había altercados entre los jóvenes, tanto en las aulas y patios de la propia Academia como en las calles adyacentes; un informe de Pedro Franco establece una de las causas de estos incidentes es el horario de clases, ello obliga a estudiar el asunto, la comisión encargada del caso establece la necesidad 1º) de modificar los horarios, impartiéndose desde entonces por la mañana; y 2º) de trasladar las escuelas a otros locales, ampliando, además,  su número de manera que <repartidos por diferentes parages de Madrid> solucionen la acumulación de jóvenes alumnos en un mismo lugar

El principal problema que se plantea es de orden económico, pues la Academia no posee los fondos necesarios para sufragar los gastos que el establecimiento de estas escuelas supondría. Finalmente el Infante D. Carlos se ofrece a sufragar de su bolsillo los gastos de una de ellas, concretamente las que se establecería en el antiguo convento de la Merced y la Academia correrá con los gastos de la que se situará en la calle Fuencarral. Al mismo tiempo que se trasladan las clases de ubicación se modifican los horarios, poniéndolos a partir de ahora desde las 6 a las 8 de la mañana, horario adecuado a los calores del verano, que permitirá acudir a los jóvenes a sus trabajos si los tuvieren y evitará altercados.

Los locales que se habilitan como escuela de las Nobles artes en la calle Fuencarral no se abren hasta febrero de 1818, el anuncio que se hizo público informando del comienzo de las clases es del 17 de diciembre de 1817, y esta redactado en los siguientes términos:

“La Rl. Academia de Sn. Fernando abre al publico es estudio de la calle Fuencarral desde el dia 2 de enero del año proximo. No solo se daran en el desde las 11 á  la 1 del dia y en las dos primeras horas de la noche, las lecciones y estudio de la aritmetica y geometria de dibujantes, los principios de dibujo hasta la figura, la Perspectiva y el Adorno, sino tambien en las noches la geometria practica para los artesanos. Ademas de la enseñanza del adorno a los discipulos matriculados, tan util para la perfeccion de todas las artes y oficios, habrá una Coleccion de Estampas y Diseños de buen gusto para que los maestros plateros, ceramistas y demas que deseen o necesiten tomar algunas ideas o modelos para las obras que tengan que executar, puedan concurrir a verlas, examinarlas y tomas sus apuntes á fin de que la industria nacional consiga por este medio toda la perfeccion de que es capaz cuando va dirigida por el estudio de las nobles artes” Fdo. Martin Fernz. De Navarrete.”

Un escrito de Custodio Moreno de noviembre de 1818 da cuenta a Martín Fernández de Navarrete  de que se han matriculado para el próximo curso un total de 864 discípulos repartidos entre los diferentes turnos de día y noche.

El mismo legajo contiene los contratos de inquilinato y las cuentas de pago de las rentas anuales, hasta julio de 1824. Aunque desde 1823 ante las continuas rebajas que está sufriendo la asignación general de la Academia, ésta se ve en la necesidad buscar soluciones que le permitan mantener abiertas las escuelas, por ello entra en conversaciones con el Ayuntamiento Constitucional solicitando que éste sufrague los gastos de profesorado e inquilinato de las mismas, además de los locales de La Merced, Fuencarral y otros, que dedicados a la litografía, se han establecido en la calle del Turco. También se menciona en este oficio de 22 de julio de 1823  el de  Fuencarral incluye ambos sexos, existiendo dos ayudantas, y dos vigilantes.

En principio estas enseñanzas comprendían las tres Nobles Artes; respecto a las enseñanzas del grabado sabemos que, al parecer, la Real Academia de San Fernando asume pronto la necesidad de su difusión y pese a que, sus primeros estatutos no lo mencionan, desde su fundación, el 12 de abril de 1752, se nombra Director de Grabado en Dulce a Juan Bernabé Palomino, quien, al parecer, impartía las clases en su propio taller; Palomino desempeñó el cargo hasta 1777. La enseñanza de este arte en las aulas de la Academia fue complicada por la falta de espacio, según se desprende del informe que en 1753 emitió y presentó al Rey la Junta de la Academia:

“[… ] <era evidente la necesidad de promover el estudio de este Arte> para la que ya existían los profesores, <pero que no pudiéndose practicar las lecciones de Grabado en las horas de la noche, en las cuales franquea la Academia las de las tres Artes, solicitaba se establecieran seis plazas, cada una dotada con 150 ducados anuales, ya que eran <muchos los pobres y jóvenes que por necesitar adquirir con el trabajo del día su alimento, no pueden aplicarse a estudiar la del grabado>.”

Las enseñanzas del grabado no estuvieron incluidas hasta los estatutos de 1757, en ellos ya se contempla la existencia dos Directores encargados de su enseñanza, se deduce también que sus clases estaban establecidas en los locales de la Academia, pues los estatutos indican que estos dos Directores deberán encargarse también de: “[…] cuidar de que los alumnos asistan todas las noches a los estudios de la Academia, y que presenten a fin de cada mes obras ó labores en que se exerciten informando a la Junta Ordinaria del adelantamiento, atraso o inaplicación que notaran en sus discípulos […].”

A los premios ya existentes de las disciplinas que se impartían se añaden ahora las pensiones de los estudios de Grabado y pronto se verá la necesidad de crear un premio extraordinario de grabado para equipararlo al estudio de las tres Nobles Artes.

En 1777, a la muerte de Palomino, Manuel Salvador Carmona, antiguo alumno y pensionado en París es nombrado Director de Grabado. En una carta a, de 1778, dirigida a Antonio Ponz explica sus métodos de enseñanza; el proceso tiene tres fases fundamentales, la primera de ellas es el aprendizaje de la técnica del dibujo, cuando esta fase esta completada y se dibuja con soltura se considera que el alumno esta preparado para pasar a la segunda fase que consiste en: copiar las obras de grabadores destacados como: Edelinck, Drevet, Nanteuil, Audran y Mason. La creación propia o tercera fase llegará cuando se domine la copia  de los maestros a la perfección. Aconseja también a los alumnos el uso de manuales especializados, citando expresamente el de A Bosse, traducido al español en 1761 por Manuel Rueda.

Cuando Bernardo de Iriarte fue nombrado Viceprotector de la Academia en marzo de 1792, se produce una reorganización de los estudios generales y Manuel Salvador Carmona redacta un informe solicitando, a la Academia, la necesidad de exponer en una sala de la Institución obras maestras del grabado, de manera que los principiantes puedan ver buenos modelos, además de reiterar la necesidad de que los alumnos estudien con el manual traducido por Rueda.

No obstante, hay constancia de que a principios de siglo, ni los profesores ni los alumnos de grabado están conformes con la enseñanza que, de esta disciplina, se imparte en la Academia; al menos, esto es lo que pone de manifiesto un informe que, sobre el tema, emite el Marqués de Espeja, en 1803, en el que podemos leer:

“Los profesores han tomado la costumbre de formar a sus alumnos en sus talleres. La Academia no estaba al corriente de la evolución de esta disciplina, no veía otro remedio a esta situación que una vigilancia más estrecha ejercida por los consejeros, tanto sobre los discípulos como sobre los profesores.”

El 25 de noviembre de 1844 se aprueba el Plan de Enseñanza de las Bellas Artes, mediante este plan se crea la Escuela de Bellas Artes y, supondrá para la Academia el comienzo de la pérdida del control de las enseñanzas artísticas, ya que, en poco tiempo, quedara desligada del control Académico. Para estas fechas, mediados del siglo XIX, el Gobierno de la nación no quiere que otros organicen ninguna parcela de la educación, y dicta las normas necesarias para incorporar la enseñanza de las Bellas Artes a los Planes de Estudio generales, de esta manera, podrá asumir competencias directas sobre estas enseñanzas. A partir de ahora el profesorado de la Academia será nombrado por el Gobierno: “Todos los profesores de las artes serán nombrados por el Gobierno a propuesta de la Academia. La gracia e los honores y graduación de director no daran opción alguna a las plazas de la enseñanza, conservándose sólo los derechos adquiridos”

Los estatutos de 1846 contemplan todavía el control, que sobre la Escuela de Bellas Artes, mantiene la Academia además de reservarse el derecho de elegir a los directores de las enseñanzas; el grabado quedará incluido en la sección de pintura.

El Real decreto de 28 de agosto de 1850 que reforma el plan de estudio, contiene lugar un cambio de denominación de la Escuela de Bellas Artes que desde ahora pasará a llamarse Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado y la dependencia administrativa y académica del Ministerio de Instrucción Pública consumándose el desmenbramiento de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

En 1854 se está planteando, también, las enseñanzas artísticas para niñas, hay varios académicos que no encuentran que éstas tengan mucho sentido, ya que son pocas las que asisten a ellas y piensan que la finalidad para la que fueron creadas no ha sido lograda; en este sentido envían un informe al Ministerio de Instrucción Pública, proponiendo que dada la escasa rentabilidad que tienen estas enseñanzas se sustituyan por nuevas enseñanzas de grabado. El Ministerio asumirá la petición, y con fecha 12 de diciembre de 1854 Luis Ferrant, comunica a la Academia que la reina se ha conformado con la situación y ha tenido a bien crear tres nuevas clases de grabado: al acero, en hueco y en madera. Así pues, los avances en la enseñanza del grabado ira en detrimento de las enseñanzas artísticas de la mujer.

Las enseñanzas de la escuela sobre grabado iban dirigidas, básicamente, al aprendizaje del grabado de reproducción, su situación era, según algunos documentos, precaria; aunque por parte del Ministerio de Instrucción Pública se intenta revitalizar, por un lado iniciando la publicación de algunas ediciones librescas de calidad que excitaran a los artistas en la creación de grabados y, por otro, con la creación en 1854 de dos nuevas clases de grabado que modernizaran los métodos e innovaran las enseñanzas; se trata de la clase de grabado en acero y la de grabado en madera. Esta última nunca llegará funcionar, ya que el concurso para cubrir las plazas de profesor quedó desierto y después no se volvió a conseguir dotación económica para ella.

La ley de Instrucción Pública de 1857 (Ley Moyano) afecta a la Escuela que fue desde ahora denominada: Escuela Superior de Pintura, Escultura y Grabado dependiendo totalmente de la Universidad, publicándose un nuevo Reglamento provisional aprobado el 7 de octubre, así como el Reglamento definitivo que será de 9 de octubre de 1861.

Esta Escuela Superior de Pintura. Escultura y Grabado, será la futura Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid.

Respecto a la Arquitectura, había conseguido autonomía propia, sus enseñanzas mantendrán una dura pugna con la ingeniería, la polémica que se suscita en este siglo entre estas dos disciplinas, y la relación que dicha dicotomía tiene con la arquitectura moderna es un tema tratado por todos los estudiosos del tema.

BIBLIOGRAFÍA

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Bedat, C. L’Academie des Beaux-Arts de Madrid, 1744-1808. Contribution à l’étude des influences stylistiques et de la mentalité artistique de l’Espagne du XVIIIe siècle. Toulouse. 1974

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GLORIA MELGAR (1859-1938). X. Por Virginia Seguí Collar

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La educación en España. Panorama general                  

La educación es otro de los temas importantes para este estudio, no obstante tratarlo con profundidad esta fuera de nuestro objetivo; ya existen amplios y rigurosos trabajos que lo tratan pormenorizadamente. Esbozaremos el planteamiento general de la cuestión y trataremos con mayor extensión su proceso evolutivo general, para pasar a continuación a centrarnos y tratar con mayor detalle la educación artística.

La educación está en la base de la lucha del estado liberal burgués por acceder al poder; estaba claro que sin una buena educación sus miembros no estarían en condiciones de desempeñar las responsabilidades que la nueva sociedad iba a exigirles. Será, por tanto, un tema estrella durante los siglos XVIII y XIX. El Estado le dedicará gran atención y tratará de conseguir la colaboración de los particulares laicos para involucrarlos en la tarea de enseñar al pueblo.

La democratización del conocimiento va a requerir grandes esfuerzos y fuertes debates; aunque paulatinamente se irán sentando las bases para que la mayoría de los ciudadanos tenga acceso a él.

Los ilustrados españoles tienen un concepto utilitario de la educación, será para ellos el instrumento mediante el cual los ciudadanos comenzarán a ser útiles la sociedad y, por lo tanto, útiles al Estado. En un principio lo que el Estado hará, básicamente, será  fomentar y favorecer la existencia, en la sociedad, de un estado de opinión que favorezca sus intereses, e incite a los propios ciudadanos a crear por sí mismos los medios para lograrlo. Una vez este primer status de concienciación, sobre la necesidad de educar al pueblo esté asumido, se habrán sentado las bases que permitirán avanzar en el tema y dar el segundo. En esta segunda fase el Estado asumirá directamente la dirección de la educación, para llegar a él habrá que esperar al siglo siguiente.

El sentido utilitario de la educación les lleva también a modificar los contenidos de la enseñanza, ya que éstos deben servir para formar al ciudadano dándole una instrucción práctica que redunde en el bien general y en suyo propio. Los distintos niveles de enseñanza a los que los ciudadanos pueden acceder, son, básicamente, tres:

  • Enseñanza primaria – que incluiría las escuelas de primeras letras

  • Enseñanza secundaria. Dentro de este apartado tendríamos dos bloques, por un lado el bachillerato general, conocido como Bachillerato en Artes y por otro lo que podríamos llamar: Escuelas profesionales, donde quedaría encuadrada la educación artística.

  • Enseñanza superior.

Lo primero sería establecer que nivel de conocimiento conviene generalizar; el primer paso empezaría por poner la enseñanza primaria al alcance del mayor número de población posible. El criterio de acceso a los dos niveles siguientes es más restrictivo y debe establecerse en función de las necesidades de la sociedad.

En un primer momento no se asumen responsabilidades directamente sino que se fomenta y excita la creación de organizaciones en cuyas manos se dejarán las labores educativas: Las Sociedades Patrióticas o Sociedades de Amigos del País.   

Siglo XVIII. Las Sociedades Económicas De Amigos Del País.

Los orígenes y antecedentes de este tipo de organizaciones hay que buscarlo combinando iniciativas españolas con sociedades creadas, para los mismos fines, en otros países europeos, los estudiosos del tema respecto a esto concretan lo siguiente: 

“Se pueden concretar en cuatro los precedentes más importantes de las Sociedades Económicas de Amigos del País: Las Sociedades Económicas o de Agricultura extranjeras, las Tertulias y Academias científicas españolas, el Proyecto económico de Bernardo Ward y la Sociedad Económica Vascongada, ésta ya auténtica sociedad económica.”

Consecuentemente con el origen francés de los gobernantes españoles el modelo que al parecer tiene mayores influencias en nuestras Sociedades es el implantado en Francia donde fueron también consideradas un instrumento del Estado, aunque en su caso, los historiadores franceses al valorar su actuación hablan de fracaso, ya que al parecer no cumplieron las expectativas previstas.

En España la opinión de los historiadores sobre su labor no es unánime existiendo, entre ellos, a este respecto opiniones encontradas; Ferrer del Río, Serrailh, Carande y Anes la valoran positivamente, entre los críticos tenemos a Menéndez Pelayo, Desdevises du Dezert y Elorza.

Hubiéramos podido incluir el estudio de las Sociedades Patrióticas en cualquiera de los otros apartados de este estudio ya que su ámbito de actuación fue muy amplio, pero creemos que su labor educativa fue fundamental y que puede considerarse el hilo conductor de su actuación en todos los campos. Forman ciudadanos para que sean útiles a la industria, a la agricultura, a la ciencia, al comercio, etc., en este sentido podemos ampliar sus actividades a todos los ámbitos de la sociedad. Sus objetivos y finalidades prioritarias serán, ya desde el principio la ilustración o educación del pueblo.

Las Sociedades Patrióticas de Amigos del País llevarán a la práctica el ideario ilustrado. Comenzará un proceso fundacional de este tipo de instituciones, poco a poco, y a lo largo de toda la geografía española irán creándose organizaciones de este tipo; hombres de muchos pueblos o ciudades del país que comparten el pensamiento ilustrado serán conscientes de su parte de responsabilidad en el proceso; hombres capacitados primero para realizar su fundación y después para asumir su dirección y organización. Con sus actividades fomentarán en todos los habitantes del pueblo, ciudad, provincia o incluso comarca: la instrucción pública, la agricultura, la industria, etc…

Sí toda la población debía tener acceso a la instrucción pública para poder así ejercer como ciudadanos, como hombres y como trabajadores, es indudable que estas ideas contenían el germen de la revolución ya que suponían una indudable democratización del conocimiento. Hay que destacar que las inquietudes educativas ilustradas se centran, básicamente, en la enseñanza de las primeras letras y enseñanzas de las Artes y Oficios.

Jovellanos en su Memoria sobre educación pública dirigida a la Real Sociedad Mallorquina de Amigos del País y escrita durante su estancia en el Castillo de Belver, plantea varias cuestiones importantes; se hace eco y a la vez comenta el  llamamiento que la sociedad efectúa a todos los hombres a través de la Gaceta para la creación de un establecimiento literario. Este documento nos permite estudiar el pensamiento que, sobre la cuestión, tenía uno de los ilustrados españoles que asumió responsabilidades de gobierno. Plantea cinco cuestiones básicas:

1º Considera a la instrucción pública el origen de la prosperidad social:

“Las fuentes de la prosperidad social son muchas; pero todas nacen de un mismo origen, y este origen es la instrucción pública. Ella es la que las descubrió, y a ella todas están subordinadas {…} Con la instrucción todo se mejora y florece; sin ella, todo decae y se arruina un Estado”.

2º Diferencia los conceptos de: instrucción pública y educación:

“[…] son muchos (y con estos hablaremos ahora) los que no miran la instrucción como perteneciente a la educación; que llaman bien educado, no al joven que ha adquirido conocimientos útiles, sino al que se ha instruido en las fórmulas del trato social y en las reglas de lo que llaman buena crianza, y tachan de mal educado a todo el que no las observa, por más que esté adornado con mucha y buena instrucción”       

Fija la necesidad de que el hombre se instruya y la edad en que éste debe instruirse: “De aquí es que la puericia y la adolescencia forman el período propio para la instrucción”

3º Plantea a quiénes debe afectar la educación, planteándose el tema referido únicamente a las clases sociales sin entrar para nada en cuestiones de género. Aunque alaba la idea de la sociedad de levantar un Seminario de Nobles, crítica por un lado: su denominación; ya que al incluir la palabra <Nobles> introduce aspectos que dudosos, que podrían plantear problemas a la Institución y las familias que envíen a ella a sus hijos sean éstas nobles o no, la segunda crítica se refiere al número de jóvenes que tendrán acceso a la enseñanza en el centro creado por la sociedad.

“Trátese, pues, de un seminario de nobles y gente acomodada, y aunque suele decirse que los títulos son indiferentes a las cosas, veo yo en éste un grave inconveniente. En prueba a la verdad cuánto los amigos de Mallorca se han levantado sobre las ideas vulgares, pues que no tratan de un establecimiento limitado a una sola clase; y esa la menos numerosa. Conocen que una educación noble es necesaria a todos los que están destinados a vivir noblemente, y que este destino no se regula por pergaminos, sino por facultades; y en fin, que el bien público exige la buena y liberal instrucción se comunique a la mayor porción posible de ciudadanos”

4º En este punto explica el concepto moderno de educación pública y lo analiza desde el punto de vista de los estados antiguos y de los estados modernos, estableciendo las diferencias existentes y justificándolas en la adecuación a las necesidades de ambos, justificando su concepción y finalidad, en parte, precisamente en esa adecuación.

“Pero en cualquier tiempo y estado que consideremos la educación pública o privada de los antiguos, sus planes no podrán convenir ni acomodarse a los estados modernos. Grandes imperios de varia y complicada constitución, donde los ciudadanos, aunque iguales a los ojos de la ley, están divididos en diferentes clases y profesiones; donde la jerarquía directiva es más compuesta y más artificiosamente graduada; donde el poder de la fuerza pública, no tanto se regula por el valor, cuanto por la fortuna de sus ciudadanos; donde por lo mismo las artes lucrativas, el comercio y la navegación, fuentes de la riqueza privada y de la renta pública, son el primer objeto de la política; y donde, en fin, el germen de la ruina y disolución anda envuelto y escondido en el mismo principio de prosperidad, el campo de la instrucción se ha dilatado, se han multiplicado sus objetivos, y ha nacido la necesidad de un sistema de educación literaria proporcionado a la exigencia de tantas miras políticas.”

Lo que entiende por adecuar la instrucción pública al estado moderno, pasa por una reforma en los planes de estudios, también plantea la necesidad de que la instrucción pública se extienda a todos los individuos del estado:

“Si queremos, pues, tener una educación literaria que conduzca a llenarlos, es necesario que comprenda los estudios que tengan relación con ellos; y como a su logro deben concurrir, por diferentes medios y caminos, no solo todas las clases, sino aun todos los individuos de un estado, aquella educación se ira pública, que despues de abrazarlos, este abierta a cuantos quieran recibirla”

El hombre debe instruirse para dominar los dos aspectos de su naturaleza: su fuerza física y su potencial intelectual, debiendo estudiarse a sí mismo y a la naturaleza sin olvidarse del creador de ambos: Dios. El conocimiento de Dios, el hombre y la naturaleza.

5º Fija los estudios convenientes a impartir en la instrucción pública y para ello divide las ciencias en metódicas e instructivas. Respecto a la primera dice así

“En efecto, si los métodos de inquirir la verdad son unos auxiliares necesarios a la razón humana para alcanzar este sublime fin, es claro que el primer grado de instrucción que conviene al hombre es el conocimiento y recto uso de estos métodos; y por consiguiente de las ciencias que los enseñan (y no se nos dispute este nombre que aquí tomamos en su más amplia y vulgar significación) pertenecen esencialmente a la educación literaria. Por que si es cierto, como no puede dudarse que el joven sin estos auxilios no podrá alcanzar las verdades que pertenecen a la filosofía natural o racional, o por lo menos que no la podrá alcanzar tan fácil, tan breve y tan cumplidamente como con su auxilio, es claro que ninguno que no los haya adquirido se podrá decir bien educado”.

Hasta aquí las cinco cuestiones básicas del discurso de Jovellanos. En ellas deja claro su pensamiento sobre el tema, el resto del mismo lo dedica a citar y explicar lo que entiende por ciencias metódicas y por ciencias instructivas; efectuando la siguiente clasificación:

Divide las ciencias metódicas en dos ramas: las destinadas a dominar el arte de hablar: Primeras letras, la gramática, la retórica, dialéctica y la lógica y las destinadas a dominar el arte de calcular: la aritmética, el álgebra, la geometría y la trigonometría. Nos interesa ver como plantea la necesidad de la enseñanza de las primeras letras como base para cualquier estudio posterior, aunque la separa de la instrucción pública:

“Bien sé que este ramo de enseñanza debe estar separado de la institución pública que dejo indicada. Las primeras letras reclaman muchas escuelas segregadas y dispersas por toda vuestra isla; tal vez para la capital no bastará una ni dos; pero hay un medio de enlazarlas todas con aquel principal establecimiento. Estén todas bajo su dirección, pertenezcan a él todos sus maestros, sea él quien los nombre y examine, y de él reciban métodos, libros y máximas de enseñanza. Así se establecerá aquella unidad moral, que es tan necesaria para que todos los métodos, libros y máximas de enseñanza.”

Un estudio pormenorizado de las escuelas fundadas por las diferentes Sociedades Económicas de Amigos del País nos permite apreciar que, la creación de escuelas de: primeras letras fue para ellas una cuestión, prioritaria y dominante. El acceso a una educación de mayor entidad o especializada tendentes a capacitar a los jóvenes en el ejercicio de algún oficio o profesión, en general, relacionada con las industrias o manufacturas dominantes en la zona pasaba por exigir, al menos, unos conocimientos básicos.    

Al hablar del estudio de las Primeras letras Jovellanos se refiere, por primera vez a la instrucción de la mujer:

“Y he aquí lo que más recomienda la necesidad del estudio de las primeras letras. Ellas solas pueden facilitar a todos y cada uno de los individuos de un estado aquella suma de instrucción que a su condición o profesión fuere necesaria. Mallorquines, si deseáis el bien de vuestra patria, abrid a todos sus hijos el derecho de instruirse, multiplicad las escuelas de primeras letras; no haya pueblo, no haya rincón de los niños, de cualquiera clase y sexo que sean, carezcan de este beneficio; perfeccionad estos establecimientos, y habreis dado un gran paso hacia el bien y gloria de esta preciosa isla.”

En este capítulo de enseñanzas básicas Jovellanos incluye de otra cuestión importante para este estudio: el estudio del dibujo: “Quisiera yo unir al estudio de las primeras letras la enseñanza del dibujo, cuya grande utilidad, así para las ciencias como para las artes, generalmente está reconocida.”

Con estas palabras entramos en el siguiente apartado, que interesa para nuestro estudio ya que planteará la situación en que se encontraban las enseñanzas artísticas en España, en el momento de realizar Gloria Melgar su obra plástica. Las similitudes y diferencias que su educación presenta con el resto de jóvenes españolas que pretenden acceder a la enseñanza de las Bellas Artes.

BIBLIOGRAFÍA

Guerrero, Enrique. “Estudio preliminar” en AA.VV. Historia de la Educación en España. I. Del Despotismo Ilustrado a las Cortes de Cádiz. MEC. Breviarios de Educación. Madrid. 1985.

Jovellanos, G.M. “Memoria sobre Educación Pública, o sea Tratado Teoricopráctico de Enseñanza, con aplicación a las escuelas y colegios de niños” en Jovellanos Obras escogidas. Biblioteca de Filósofos Españoles. Imp. La Rafa. Madrid. 1930.

Locke. Some thougths concerning education. 1693. Citado por Viñao Frago, Antonio. Política y educación en los orígenes de la España Contemporánea. Ed. Siglo XXI. Madrid.1982