Historia de la Mujer – Mujeres célebres de la Antigüedad V

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        El historiador Antonio Pirala continúa su serie de Mujeres de la Antigüedad, dentro de la sección Instruccion. Historia de la Mujer que publicaba la revista madrileña dedicada al público femenino El Correo de la Moda, a continuacion trascribimos su cuarto trabajo relativo al tema, que se publicó en el número 33 de la 2ª Época el día 8 de septiembre de 1853. Respetamos la ortografía original.

 MUJERES CÉLEBRES DE LA ANTIGÜEDAD: HORTENSIA Y VETURIA

A ser menos interesante para nuestras amables lectoras la revista honrosa que pasamos á las mujeres que han llenado el mundo con sus hechos, la daríamos breve término, pasando á ocuparnos de otras materias asimismo instructivas; pero tan digna de su conocimiento, por su gloria, juzgamos la presente, y tanto revindica á los ojos de todos la disposición para todo de la necesaria compañera del hombre, que lejos de llevar a mal, creemos seguirán viendo gustosas los retratos, no de todas, por imposible, sino de algunas mujeres distinguidas por lo que mas embellece á su sexo, por lo de que mas se enaltece el nuestro. Pero como quiera que, aun entresacando pocas, todavía se prolongaría esta reseña biográfica mas de lo que cumple á esta publicación, abreviaremos mas y mas esta historia, tan lisonjera a nuestras amables favorecedoras, como elocuente a los que no tienen de la hermosa mitad del género humano el concepto que se merece.

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Historia de la Mujer – Mujeres célebres de la Antigüedad IV

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      El historiador Antonio Pirala continua con su serie de artículos sobre las Mujeres célebres de la Antiguedad en la revista madrileña El Correo de la Moda dentro de la Sección Instrucción. Historia de la Mujer; el que reproducimos a continuacion está publicado el 24 de agosto de 1853. Respetamos la ortografía original.

MUJERES CÉLEBRES DE LA ANTIGÚEDAD: CORNELIA, EPÍCARIS Y EUROPA

Cornelia, la hija del grande Escipion, la madre de los Gracos, ha llegado su fama á la posteridad. Ciencia, virtud, patriotismo y valor, todo lo reunió esta ilustre romana, hija, esposa y madre de romanos esclarecidos.

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Historia de la Mujer – Mujeres célebres de la Antigüedad III

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             El capítulo tercero de Mújeres Célebres de la Antigüedad obra del historiador Antonio Pirala fue publicado por la revista madrileña dedicada al publico femenino: El Correo de la Moda el 24 de Agosto de 1853 dentro de la Sección: Instrucción. Historia de la mujer. Lo repoducimos íntegro respetando la ortografía original.

 

MÚJERES CÉLEBRES DE LA ANTIGÜEDAD :  BERENICE Y CLEOPATRA

Fieles á nuestro propósito, proseguimos la grata tarea de reseñar las mujeres más notables que nos ofrece en todo la historia de los antiguos pueblos.

Muy celebrada por los poetas la reina Berenice, preciosos monumentos han transmitido su nombre, rodeado de gloria esplendente. Si aquellos han podido exagerar sus alabanzas, éstos son imparciales y elocuentes testigos de su genio. Y no se distinguió únicamente por su protección á las bellas artes; los juegos olímpicos de la Grecia la coronaron varis veces vencedora, y la mitología y astronomía han perpetuado su cariño conyugal.

Berenice tenia la mas hermosa cabellera que se conocia entre las mujeres de Egipto, y amaba tanto a su esposo, que cuando hizo una espedicion a Siria, se la ofreció á los dioses triunfante.

Volvió en efecto victorioso, y Berenice cortándose el pelo, lo depositó en el altar de Venus. Poco tiempo después desapareció esta ofrenda, é irritado el rey Ptolomeo Evergetes contra los sacerdotes a quienes estaba confiada la custodia del templo, queria hacerles morir. Entonces Conon, hábil astrónomo, se le presento y le dijo: <Señor, levanta los ojos al cielo y mira las siete estrellas cercanas á la cola de dragon: ellas forman la cabellera de Berenice, que los dioses han arrebatado del templo para colocarla allí como una constelación, conocida desde entonces con el nombre de cabellera de Berenice.

Treinta años antes de Jesucristo pasó á la posteridad una mujer extraordinaria, la artificiosa Cleopatra, llamada por Horacio fatal prodigio. Dicho se está con esta calificación, que no presentamos por modelo de virtud a esta mujer extraordinaria, pero la presentamos por modelo de grandeza y de talento. En medio de sus extravíos, la historia hace justicia á las altas cualidades de la reina mas célebre de Egipto. Grande, hasta en sus faltas, la mujer que cultivaba las letras y protegía las ciencias en medio de sus placeres y en el estruendo de los combates, que reedificó la famosa biblioteca de Alejandría, que hablaba fácilmente siete idiomas, y que desarmó con sus atractivos á Julio César y Antonio, haciéndoles sus esclavos, bien merece la demos un lugar en esta ligera revista de las mujeres mas notables. Han pasado diez y nueve siglos, y admira todavía el mundo el esplendor y fausto de Cleopatra.

Hija de Ptolomeo XI, subió al trono con su hermano, á los diez  y siete años. Esta comunión en el sólio fue causa de guerras memorables por la ambición del ayo del hermano de Cleopatra, que disputó á esta su parte de autoridad. Julio Cesar, en calidad de árbitro, y á nombre de Roma, tutora en aquel tiempo del Egipto, citó ante si a los dos hermanos, previniéndoles que nombrasen abogados que alegasen su derecho. Cleopatra se fió, mas que en la elocuencia de su defensor, en sus atractivos y talento, y tomó una resolucion atrevida. Dejó su ejército, y llegando en un esquife al pie del castillo de Alejandría, donde se hallase César, hizo que la envolviesen en un lío de telas, que logro introducir en el aposento del héroe de Farsalia. Cleopatra, sin tener aquella belleza estraordinaria y sorprendente que ha hecho por sí sola la celebridad de otras mujeres, poseia tantas gracias, tanto ingenio y encantos, que si hemos de creer a Plutarco y á otros escritores respetables de la antigüedad, era muy difícil sino imposible, resistir al imperio de sus hechizos. El vencedor de Pompeyo no supo libertarse de los artificios de aquella mujer admirable; y el mismo que, momentos antes pensaba tal vez en hacer del Egipto un pro-consulado mas del Imperio romano, el que podia considerarse ya como dueño de la mayor parte del mundo, se hizo en breves horas esclavo de su cautiva. En vano intentó la paz, dominado como estaba el hermano y esposo, según costumbre del pais, por su perceptor y ayo citado. Entonces se incendió la famosa biblioteca de Alejandría, á cuyo rico depósito del saber se comunicó el fuego de la escuadra Egipcia; entonces dio César un gran ejemplo de valor y de su amor á la historia. En el combate naval de Faros, destrozado su bajel, arrojóse armado al agua, y armado salió a la ribera. <Jamás, dice un historiador moderno, se halló en mayor peligro ni tuvo mayor serenidad de animo, porque al mismo tiempo que luchaba con una mano contra el agua, llevaba en la otra levantado en el aire el borrador de sus Comentarios.> Desplegando César sus grandes talentos militares, venció, y olvidando sus glorias, entregóse á los placeres y fiestas con que le retuvo la voluptuosa Cleopatra. Vencedor después del rey del Ponto, asoció en Roma á Cleopatra al culto de la divinidad, haciendo colocar su estatua al lado de la de Venus. Muerto por el puñal asesino Julio César, Casio, favorecido por Cleopatra, fue vencido por Marco Antonio, decidiéndose la suerte de la república. Citada por éste la reina para que se justificase, es muy curioso el medio que adoptó de sincerarse para que no le demos a conocer á nuestras lectoras.

Embarcóse con numerosa y brillante comitiva, y partió, no á presentarse como rea, sino a vencer a Antonio. La popa de su galera deslumbraba con el oro: eran de púrpura sus velas, y guarnecidos de plata los remos. Bajo un pabellón formado con telas y brocados de oro, Cleopatra, vestida como Venus, estaba rodeada de las mujeres mas hermosas de su córte con el traje de las Gracias y las Ninfas. El aire resonaba con melodiosos acentos, á cuya cadencia vogaban los remeros: el viento llevaba á larga distancia el suave olor de preciosos aromas. Todos los habitantes de Tarso, acudieron á ver este magnífico espectáculo, y adoraron á Cleopatra como á una deidad, quedándose solo Antonio. Invitóla á un banquete; contestóle que él debia visitarla; fue, y perdió su voluntad. La reina desplegaba en sus banquetes la mayor suntuosidad, y regalaba á los oficiales romanos los vasos de oro y de plata que adornaban las mesas. En vano pretendió rivalizar Antonio: Cleopatra se dejó decir que gastaria dos millones en un festin, y como el triunviro lo dudase, hizo disolver en vinagre una perla, valuada en un millón, y la bebió, impidiendo Antonio que repitiese la operación con otra igual, de peso de ochenta quilates, enviada después al Capitolio para el adorno de Venus. Marco Antonio, olvidó al lado de la reina sus deberes, y la sacrificó su gloria y los intereses del Imperio. Nunca el Egipto fue tan poderoso y opulento, merced á Antonio. Centro entonces de las riquezas del Asia y del Arica, y capital del Oriente Alejandría, todos los reyes y principes se postraban ante el esplendente trono de su reina, y la ofrecian tributos en cambio de las órdenes que se dignaba darles. Antonio era su primer esclavo: fascinado mas que cada vez por aquella mujer, olvidó á Roma, y ofreció a su amante el imperio del mundo. Octavio partió de la Ciudad a hacer entrar en razon á Antonio, y se trabó una lucha formidable, en que tomaron parte por uno ú otro todos los pueblos conocidos. La memorable batalla de Accio, que dio Antonio por complacer á Cleopatra, que tomó parte en ella, decidió la suerte de entrambos, dándose ambos la muerte. <Mi fin es dichoso, pues que muero en tus brazos,> la dijo Antonio, á pesar de haberle abandonado. Después de honrar con la grandeza con que todo lo hacia la memoria de Antonio, y de un festin espléndido con que obsequió á sus amigos, acostóse ricamente vestida y adornada, y haciéndose morder por un aspid, cuando fue Octavio á que sirviese de ornamento á su triunfo, se halló con un cadáver.

Una reina tan altiva no podia ser esclava de la altiva Roma.

GLORIA MELGAR (1859-1938). XIX. Por Virginia Seguí

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Las Exposiciones en España: Universales, Nacionales y Regionales.

Llegados a este punto es necesario que nos preguntemos qué ocurría en España respecto a estas cuestiones y cómo se produce el proceso en el caso español. El panorama que encontramos refleja la particular situación sociocultural española pero no deja de presentar aspectos que pueden relacionarse con la situación internacional.

Según se desprende de algunos comentarios y opiniones de la época en España no se interpretaba correctamente el valor de las Exposiciones Universales:

“Castro y Serrano en su <España en Londres. Exposición de 1862> pone de relieve la falsa interpretación que las autoridades y organizadores españoles hacen, por lo general, de lo que en realidad deben ser estas manifestaciones. Los productos enviados al Palacio de Fawkes en 1862, por ejemplo, pertenecían más a una España del siglo XVIII que a su tiempo, haciendo creer a propios, y, sobre todo, a extraños que el genio español diferente, se encontraba presente en todos los productos remitidos.”

Al parecer tanto los expositores como la Administración española, confundían exposición con bazar, habiendo presentado al certamen objetos de su industria particular, notándose en la participación española una tendencia a lo raro y difícil; advirtiéndose también una tendencia al lujo, cuando lo interesante sería exponer artículos sencillos, asequibles en el mercado, producto de una industria nacional pero modernizada en sus sistemas productivos.

Las Exposiciones Universales daban cabida a tal número de objetos que era difícil para las diferentes administraciones conjugar todos los intereses, el organismo competente fue, en un principio el Ministerio de Fomento, después se traspasaron competencias el de Instrucción Pública, negociado de Fomento. Desde las secciones correspondientes se enviaban escritos a las diferentes Instituciones y organismos implicados en la Exposición y se les invitaba a colaborar con la administración excitando a: artistas, industriales, agricultores, etc., según el caso, a participar en el evento.

El Archivo de La Real Academia de Bellas Artes de San Ferrando contiene varios legajos relativos a las diferentes Exposiciones Universales. Uno de ellos relativo a la Exposición Universal que tuvo lugar en Londres en 1862 contiene varios documentos, entre ellos la relación de obras de arte español que fueron enviadas por la Academia; constatándose en ella que, las obras enviadas al certamen muestran, desde luego la grandeza del arte español, pero no ponían de manifiesto la situación del mismo en el momento actual ni los adelantos producidos en las Bellas Artes.

Esta situación no es aislada, ya que años después cuando se plantea a la Academia la presencia en la Exposición de Viena, ésta encuentra dificultades en la participación y comunican:

“[…] que después de un moderado examen y aunque animados del mejor deseo, la comisión no pude proponer a V.E. ninguna obra, ni objeto que deba figurar en la citada Exposición Universal, si bien existen en la Academia notabilísimas obras de arte, ningún autor es contemporáneo y los que existen son bien conocidos por medio de los grabados, litografías, etc. y por otro lado están los riesgos del traslado de Madrid a Viena. Las Publicaciones de la Coorporación, si bien interesantísimas hechas con el sólo objeto de dar a conocer las obras de arte, están ejecutadas con escasísimos medios y no reunen las condiciones de arte indispensable, para dar idea del estado del grabado en este País. La Publicación los Monumentos de España puede figurar sin problemas. Recomiendan se de publicidad de la convocatoria a los artistas de la Academia, pues los otros ya lo conocen por la convocatoria oficial y nada más”.

La polémica sigue en relación con las Artes Decorativas y la Arquitectura, ya que el 6 de febrero de 1873 la Comisión de la Exposición Universal de Viena se dirige, nuevamente, al Director de la Academia para llamarle la atención sobre: “[…] el programa especial para grupos 19 y 20 que se presentan en el programa de la exposición págs. 27 y 28 que se ocupa del programa de las <Habitaciones urbanas para la clase obrera con su distribucion y decorado y de las habitaciones rurales en su distribución y mobiliario>”

Indica que el asunto no puede ser de mayor importancia dado el carácter social de la cuestión, una de las que más interesan ahora. Le manifiesta que no ha acudido al llamamiento ningún particular: “[…] presume que esta ilustrada Academia  no querrá que España se encuentre entre las negaciones y por tanto tengo el honor de invitar a V.E. para que se digne a ocuparse del asunto, si le parece oportuno a fin de que España se halle representada en esta parte interesante del trabajo humano no menos valida en lo que se relaciona con el bienestar de la humanidad.”

La Academia responde a esto con lo siguiente: “[…] que una vez tratado el asunto en sesión de 17 del corriente, se ha resuelto que no puede corresponder como sería su deseo, ya que la Academia tiene índole consultiva, y nunca le compete ejecutar, sino propagar la doctrina artística, juzgar y censurar los asuntos que se le someten a examen y asesora al Gobierno en los negocios del Instituto.”

Nos estamos refiriendo, únicamente, a lo relativo a la participación oficial y ciñéndonos a la participación en la Sección de Bellas Artes, ya que los particulares podían acudir al llamamiento del Ministerio directamente, presentando sus obras en los lugares y días indicados. Y la participación ya presenta problemas. Pero las Exposiciones Universales eran mucho más que esto, a medida que se convocan van configurándose, cada país hace hincapié en los productos en los que puede destacar, dados los avances, de su industria, su agricultura o sus Bellas Artes, se van añadiendo o quitando secciones, hasta conseguir, en las últimas del siglo, una mayor perfección en la clasificación de los objetos, abarcando ya, prácticamente, todos los aspectos de la vida; en este sentido nos ilustra un artículo en una revista de la época, que comenta algunas de estas incidencias.

Destaca la idea que tuvo un individuo de la Sociedad de Artes y Oficios de Londres, Mr. Twining para la Exposición celebrada en esa ciudad en 1855 celebrada en la misma ciudad, que fue aceptada por la Comisión; la inclusión de una sección denominada Galería de Economía Doméstica que incluyera objetos muy baratos destinados á los usos más frecuentes, en ella se expusieron objetos notables por su baratura formando una clase que se componía de las cinco subdivisiones siguientes: 1) Alimentos y provisiones; 2) Muebles y utensilios domésticos; 3) Ropas y vestidos; 4) Planos, materiales y modelos vivientes y 5) Modelos de habitaciones amuebladas. Pero, sin embargo, en la siguiente exposición internacional que se celebró en Londres no se tuvo en cuenta esta idea; en ese momento lo que les interesaba era mostrar los adelantos que se estaban realizando en el campo de las enseñanzas industriales, incluyéndose, por tanto, una sección dedicada a este tema, que por otro lado no dejaba de ser estar relacionado con el anterior:

“Nos referimos á la enseñanza del dibujo industrial y del gusto artístico, es decir, de la aplicación del arte a la industria, objeto de sus esfuerzos desde el año 1851 en que se celebró la primera exposición universal. Deseosos de dar á conocer los adelantos que había hecho en Inglaterra la enseñanza profesional en el intervalo de los once años transcurridos entre las dos exposiciones, establecieron al efecto una clase especial que abrazaba los métodos y material de enseñanza en las diversas naciones representadas en la exposición y material de las escuelas; 2º Legislación especial; 3º Enseñanzas especiales para los ciegos y sordo-mudos; 4º Enseñanza de las ciencias naturales; 5º Geometría, planos de relieve, cartas geográficas; 6º Enseñanza de dibujo artístico aplicado á la industria, bibliotecas populares, estadística y datos relativos á la instrucción primaria y 7º Enseñanza industrial.[…]”

A Continuación, nos indica las novedades que, al parecer, van a producirse en la convocatoria de la Exposición Universal que se celebrará en París en 1867: “Una de las innovaciones más felices y á la vez más originales que ha de llamar muy especialmente la atención en la Exposición universal que ha de inaugurase en París el día 1º de abril de 1867, es la formación del grupo 10º que comprende <los objetos destinados á mejorar la condición física y moral de los pueblos>”

Todo esto nos da una idea de la magnitud que adquirieron estas exposiciones y de las dificultades que suponía acudir a ellas con productos nacionales, en situación de clara inferioridad, sin que este hecho no fuera demasiado patente. Es de suponer que las autoridades y las Instituciones competentes irían, poco a poco, concienciándose e intentaran mejorar desde dentro la situación, para crear una nueva estructura que permitiera hacer una selección previa de los productos que después saldrían al exterior a representar al país, esta será una de los motivos que, en mayor o menor medida, influirá en la realización de las Exposiciones Nacionales, ya sea de Bellas Artes o de productos de la Industria.

Las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes no comienzan a realizarse hasta 1856,  aunque desde 1815 ya se venían realizando, periódicamente, exposiciones que en algún caso han sido calificadas de <juntas versallescas> o exposiciones realizadas por la Academia de Bellas Artes pero de acceso restringido tanto en artistas concurrentes como en público asistente; no pudiendo, por tanto, calificárselas de nacionales ni incluirlas en la categoría de muestras públicas de arte. Así pues, lo que se considera la primera Exposición Nacional de Bellas Artes fue la que se realizó en 1856, que aunque también fue convocada por la Real Academia de San Fernando, fue abierta para artistas y público.

No creemos que la coincidencia de fechas sea casual, sino que, más bien al contrario que la realización de las Exposiciones Universales que tuvieron gran aceptación y éxito de público influye, decisivamente, en la transformación que, a partir de ahora, sufren las exposiciones que realizaba la Academia muy restrictivas hasta estas fechas. Aunque los cambios no pueden achacarse, únicamente, a la repercusión de estos eventos internacionales, sí que pensamos que algo influyen.

Respecto al contenido de estas exposiciones vemos que el Reglamento que regula la celebración de las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes indicaba que la Sección de Pintura comprendería cuadros, dibujos, agudas, miniaturas, obras al pastel, esmaltes, porcelanas y mosaicos en piedras duras o pastas, estampas grabadas en dulce, al agua fuerte o a la manera negra en madera y en litografía. Como vemos la sección de Pintura engloba una gran variedad de técnicas. A nuestro entender esta circunstancia produce cierta confusión pues, además, los catálogos no hacen referencia a las diferencias soportes, siendo difícil determinar las características de las obras.

Un Real Decreto firmado por la reina Isabel II sanciona la celebración de las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes, en él se indican las secciones que constituyen estas celebraciones, en principio serían tres: Pintura, Escultura y Arquitectura, a estas se añadirá la de Artes Decorativas, las seis que se celebran entre desde 1897 a 1908 y luego las de 1920, 1922, 1924, 26, 30, 32 y 1934.

Como ya hemos visto antes no es que no se expusieran objetos de esta categoría sino que se incluían dentro de la categoría de pintura (porcelanas, esmaltes, etc.). Pero no quedaba reflejado en los catálogos que se confeccionaban, haciendo muy difícil averiguarlo. En nuestro país las muestras de productos industriales son, sin embargo, más tempranas. Barcelona sería la ciudad más avanzada en este aspecto, de acuerdo con su condición de ciudad industrial por excelencia, tendrá iniciativas muy tempranas; ya que con motivo de la visita realizada por Carlos III en 1759 y Carlos IV en 1802 ya había realizado muestras de este tipo en un intento de demostrar su supremacía industrial sobre el resto del país; con posterioridad a partir de junio de 1822  comienza una serie de exposiciones industriales y mantendrá bastante regularidad en su convocatoria.

El Conservatorio de Artes y Oficios de Madrid, entra en competición con esta iniciativa catalana y comienza a celebrar este tipo de exposiciones desde 1827 fecha en que realiza la primera de ellas bajo el título de: “Exposición Pública de los productos de la Industria Española.”, el decreto de 5 de septiembre de 1827 que regulaba este tipo de exposiciones, en principio, planteaba su realización trienal, la realidad es que se celebraron certámenes de este tipo en los años 1828, 1831 y 1841, a partir de esta fecha parece que se consigue la idea inicial de celebrarlos cada tres años. En este caso se trata de productos de la industria nacional, donde también tienen cabida los catalanes, y recayendo en los industriales de esta comunidad muchos de los premios concedidos.

La participación de productos cerámicos o de porcelana en estas exposiciones, es escasa y siempre son artículos presentados por fábricas, rara vez es un particular quien presenta los objetos. El catálogo de la exposición de 1827, no deja duda sobre la precaria situación de la industria española; relaciona los objetos por orden de llegada, con expresión de las personas u organismos que los han presentado y de los pueblos donde han sido elaborados. La mayoría de los objetos presentados se incluyen dentro del grupo de los textiles. Barcelona es la que más objetos presenta, los números 33 al 105 corresponden a esta provincia. La participación por Talavera la hacen los Gremios Mayores de Madrid. La Moncloa Real Fábrica de Loza de S.M. presenta 32 piezas. Poco más se puede decir de este catálogo. El Catálogo de la exposición Industrial de 1845 vuelve a presentar las mismas características que el anterior, un muestrario de industrias tradicionales, que no aportan nada nuevo a la industria española; el de 1850 presenta ya una cierta organización, se divide en varias secciones, de entre ellas la que más nos interesa es la III relativa a <Arte cerámica. Loza y porcelana, Azulejos. Adornos de piedra artificial, o de barro cocido. Vidriería>. Hay una mayor participación y se observa una cierta innovación en los productos presentados, participan en ella la fábrica de Pickman de La Cartuja que envía: Piezas de loza sueltas y juegos completos de mesa, café, jarrones, garrafas, platos. No hay, prácticamente representación de las Bellas Artes, ya que únicamente aparecen un grabador y un litógrafo.

Quizás habría que señalar que este tipo de certámenes, además de lo que tienen de demostración de las realidades de la industria nacional tiene una segunda lectura, la de su carácter científico y de investigación, sobre todo en cuanto a lo que esto tiene de innovación y de utilidad para la renovación de las industrias, esto se menciona en algunas de las exposiciones que hacen previas a las convocatorias, como sucede con la de 1850, en donde se indica que ciertos artículos pueden haber sido conseguidos sin mirar demasiado los gastos, únicamente pensando en su rentabilidad futura.

El ritmo de este tipo de exposiciones decrece, harán falta 21 años para ver un nuevo evento de este tipo en Madrid, se realiza en el Salón de Próceres del Retiro, y se denomina La Exposición del Fomento de las Artes. Presenta menos secciones y una menor calidad y participación que la de 1850.

Dada la situación en Madrid, las provincias toman iniciativa en el tema y comienzan a realizar sus propias exposiciones regionales. Cataluña, como ya hemos visto, dadas sus especiales características de desarrollo industrial y artístico destaca del resto, ya hemos hablado algo del tema, pero en el resto de provincias españolas, también,  se detecta un interés y realizándose exposiciones en muchas de ellas, destacando las de Valencia, Zaragoza, Valladolid.

El espíritu nacionalista catalán y el proteccionismo imperante hasta mediados del siglo, son, quizás, las causas principales que justifican la realización de estas muestras; que por otro lado pueden también encuadrarse dentro del tradicional fomento de la industria interna por parte de los respectivos gobiernos. En las distintas provincias o regiones también se realizarán exposiciones intentando emular tanto a las Exposiciones Universales como a las Nacionales. Cuando desde las regiones se plantea el llamamiento a las exposiciones nacionales se hacen las mismas consideraciones que se hacen a nivel nacional o universal, a continuación copiamos parte de la convocatoria que realiza la Sociedad Aragonesa de Amigos del País para la Exposición Regional Aragonesa de 1885:

Fueron, en su tiempo, los torneos, lides en que la galantería y el valor, la destreza y la fuerza física, procuraban obtener los premios que la belleza tributaba al adalid que más se distinguiera: el ejercicio de las armas era entonces la única ocupación, salvo el claustro, de los hombres que sentían en su espíritu el deseo de servir á la patria y de obtener el aprecio y consideración de sus conciudadanos./ La civilización cristiana rompió los moldes de aquellas heroicas preocupaciones, y, ennobleciéndolas el trabajo, fundó los gremios, que vencieron á los feudos, y los burgos, que desmantelaron los castillos./ La actividad humana hizoxe fraternal y caritativa y cambió la espada de combate por el arado y la lanzadera. El mundo se admiró ante el noble espectáculo de las repúblicas italianas, y quiso imitarlas; y desde entonces la industria y el comercio tomaron distinguido asiento en los Senados, y dirigieron al pueblo por el camino de la producción./ Las exposiciones son los torneos del siglo XIX. Vencer en estas lides es la ambición de los particulares y de los pueblos.”

La actuación de la mujer dentro de las exposiciones industriales es escasa, los catálogos consultados dejan esto claro, en 1827 prácticamente no hay presencia femenina, en 1850 fueron nueve las mujeres que presentaron obras, todas ellas relacionadas con las textiles. Al igual que en el resto de exposiciones la participación va en aumento a medida que avanza el siglo, aunque su participación se circunscribe casi siempre a artículos textiles, no encontrando ningún ejemplo de presentación de piezas cerámicas o de porcelana. Este tipo de piezas, generalmente, es presentado por fábricas, como la de Pickman, La amistad, etc.

Respecto a la actuación de la mujer en las Exposiciones Nacionales, su participación fue mayor de la que cabía esperar dadas las dificultades expuestas para realizar un trabajo artístico serio, que pudiera ser admitido en ellas. El tema ha sido ya estudiado pormenorizadamente, y no creemos poder añadir nada a lo ya dicho, por tanto nos centraremos en algunas de sus conclusiones, que interesan para nuestro estudio ya que han fijado las características más destacadas de las obras que las artistas españolas presentan a las exposiciones nacionales. Establecen que los géneros más cultivados por estas mujeres artistas son: el bodegón y el paisaje. Las dificultades de aprendizaje, ya mencionadas, hacen que la representación de la figura humana sea escasa, se evitan las representaciones de grupos, etc.; si se representan figuras éstas están aisladas, siendo el retrato uno de los ejemplos mas destacados dentro de este apartado. Otra característica destacable en las obras realizadas por mujeres es su pequeño formato.

El tema es amplio y podríamos extendernos comentando cada caso o aspecto concreto; creemos que ello no nos conduciría a nada nuevo sino, más bien, a repetirnos al tener que volver a incidir  en los mismos aspectos, consideramos que lo expuesto plantea una panorámica de la situación lo suficientemente aclaratoria para ubicar en ella la obra realizada por nuestra artista.

A continuación, y para terminar con este apartado, vamos a exponer la especial incidencia y trascendencia que tuvieron las Exposiciones Universales en la situación de las mujeres y los avances que en ellas se consiguieron.

BIBLIOGRAFÍA:

 AA.VV. Catálogo de los objetos que se presentan en la Exp. Pública de los productos de la Industria Española. Madrid. 1827.

AA.VV. Catálogo de los objetos que se presentan en la exposición pública de los productos de la Industria española. Madrid. 1845.

AA.VV. Catálogo de los objetos que se presentan en la exposición pública de los productos de la Industria española. Imprenta del Colegio de Sordo-Mudos. Madrid. 1850

AAVV. Catálogo de los productos de la industria que se presentan a la Exposición Pública de los productos de la Industria Española. Madrid. 1827

AA.VV. Exposición Universal de París. Catálogo de la Sección española. Comisión General de España. Imprenta de Manuel Minuesa de los Ríos. Madrid. 1878

Anónimo. “Exposición Aragonesa de 1885. Convocatoria”. En La Gaceta de Fomento. Madrid. 7 de mayo de 1885.

Alcover, José. “El Grupo 10. de la Exposición Universal de París”. En La Gaceta Industrial del 14 de octubre de 1865. Año I. Núm. 44. Madrid

Archivo Rabasf. Legajo 55-1/1.

Castro y Serrano. España en Londres. Exposición de 1862

Gutiérrez Burón, Jesús. Exposiciones de pintura en España en el siglo XIX. UCM. Madrid. 1887. Tesis Doctoral. Tomo I

Pantorba, Bernardino de. Historia y crítica de las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes celebradas en España. Ed. Jesús Ramón García Rama. Madrid. 1980.

Reyero, Carlos y Freixe, Mireia. Pintura y Escultura en España. 1800-1910. Ed. Cátedra. Madrid. 1995

Historia de la Mujer – Mujeres célebres de la Antigüedad

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           El historiador Antonio Pirala continúa con su serie de artículos sobre las mujeres de la Antigüedad descubriendo a sus lectoras de la revista El correo de la Moda las acciones sus acciones y hechos mas relevantes. El que introducimos a continuación se publico el día 16 de agosto de 1853, como siempre en la sección <Historia de la mujer. Instrucción>. Respetamos la ortografía original.

Mujeres de la Antigüedad: Arquileonida, Arria, Artemisa y Aspasia

La envidia de nuestro sexo intenta desvirtuar los casos sin cuenta que la historia de todos los tiempos y de todos los pueblos presenta del mérito de tantas mujeres, alegando que son una excepción de regla. Si las Amazonas y las Espartanas no destruyesen su aserto, las Argivas y Focenses les impondrían silencio en el particular de que mas blasonan. Eduquen á la mujer como a sí mismos se educan, y si en igualdad de circunstancias no corresponde, á pesar de su distinta organización y condiciones, á lo que debe aguardarse de la misma, entonces, y solo entonces, tendrémos derecho á decir que las mujeres que descuellan en tal ó cual ramo del saber, en valor o en hechos grandes, son fenómenos de su sexo. Mientras tanto abrigarémos la convicción de que tan dispuestas como nosotros para ciertos conocimientos, son mas susceptibles de todo lo grande y de todo lo sublime por su delicada imaginacion, por su exaltacion ardiente.

Breves serán los ejemplos que hoy ofreceremos de los supuestos fenómenos, cuyo número infinito destruye de suyo la suposicion. Si se trata de la grandeza de su alma, ahí esta Arquileonida, esa famosa lacedemonia, cuya respuesta a los que elogiaban el valor de su hijo, muerto en el combate, ha celebrado tanto la historia.- <Gracias á los dioses, dijo, aun quedan en Esparta otros mas valientes que mi hijo:> ahí Arria, ilustre romana, notable por su pasion á su marido, y mas aun por el valor con que murió; pero es tan elevado y tan digno su fin que merece reseñarse. Peto, su esposo, partidario de Escriboniano, sublevado contra el emperador Claudio, fue preso y embarcado para roma. En vano rogó Arria ocupar el lugar de un esclavo, que no se le podria negar por su categoría. Sin dejarse dominar por la desesperacion, siguióle sola en su esquife desde la Esclavonia. Allí, y en presencia de Claudio, reprendió  agriamente á la mujer de Escriboniano, porque aun conservaba la vida habiendo visto morir á su marido. Condenado Peto á muerte, y sin medio de salvarle, instóle su mujer á que se suicidase; mas viéndole sin resolución para ello, dióle ejemplo, y clavándose el puñal que le presentaba. Así, Peto, le dijo: y sacándosele se le ofreció tranquila, añadiendo: Toma Peto, esto no hace mal, y el romano se dió la muerte.

Nuestra religion reprueba justamente el suicidio, pero téngase en cuenta que no lo reprobaba el paganismo. Remontándonos, pues, á las antiguas épocas, que despojan al hecho referido de toda falta, no tendrá límites nuestro asombro al contemplar el valor inmenso de esa mujer, su entereza, su amor á la honra de su esposo, y su heróico sacrificio.

Si se trata de una mayor conyugal que no requiera tanta fiereza y dignidad, ahí está la esposa de Mausolo, que dio sér con su dolor á una palabra. A la muerte de su marido, aborrecido y aborrecible por su carácter fiero, la reina de Halicarnaso, Artemisa, le erigió un sepulcro tan magnífico, que se tuvo por la tercer maravilla del mundo, derivándose de aquí la denominación de Mausoleo, que se da á los monumentos fúnebres de importancia. Y se dice que consumió las cenizas de su marido quemando una pare con sus aromas, y mezclando las demás con sus bebidas. Lo cierto es, que minada por el dolor su existencia, murió en el mismo Mauseoleo 353 años antes de Jesucristo.

Y si por último, se requieren pruebas de un talento consumado, y de asiduos y profundos estudios, otro ejemplo presentaremos hoy de la antigüedad.

Aspasia, natural de Mileto, en la Jonia, fué tan célebre por su instrucción como por su belleza. Estudió en Atenas, y su casa llegó bien pronto á ser el punto de reunion de los hombres mas distinguidos de la Grecia. Allí se discutían los puntos mas interesantes de la filosofía, de la literata y de la política: el mismo Sócrates iba á escuchar sus lecciones, y Alcibíades y Pericles eran de los concurrentes mas asíduos. Amiga de todo lo grande, noble y bello, contribuyó con todo su poder á inspirar á los atenienses el gusto por las artes; y por su elocuencia, su amabilidad, y su claro ingenio, merecia los respetos que la tributaban los filósofos, los guerreros y los hombres mas distinguidos de la Grecia. Esposa del insigne Pericles, é influyente como tal en los negocios del Estado, dividido entonces en bandos, envidiada además por su hermosura y valor, fue víctima de los venenosos tiros de la calumnia, y acusada por partido contrario a su esposo de no creer en los efectos divinos de los fenómenos celestes y atmosféricos, ni dar crédito á la mitología griega. Esta mujer ilustrada se habia adelantado unos cuantos siglos a despreciar los delirios mitologicos, como nosotros hace ya algunos que los despreciamos. Era sin embargo punto de religion, y el Areópago, que no transigia en asuntos de esta especie, se hallaba poco dispuesto a absolverla. La defensa elocuente de su esposo no bastó á poner de su parte a los inflexibles jueces: Aspasia sabia lo terrible de las penas con que los areopajitas castigaban la impiedad; y por una debilidad muy propia de su sexo, prorrumpió en llanto. Pericles sabia por experiencia todo el poder que el hermoso semblante de Aspasia ejercia en el momento de verter lagrimas, y recurrió en tal conflicto a un lenguaje de accion para conmover á los jueces. Levantó el velo con que esposa estaba cubierta y el Areópago la salvó.

Atenas debió al genio singular de esta mujer el rápido progreso que hicieron en su tiempo las ciencias y las artes; y si nuestra era no hubiese cerrado las puertas del saber á esa hermosa mitad del género humano, otro seria el estado de unas y otras, y mayor que el de las antiguas el número de las mujeres modernas que ilustrasen á la humanidad con sus luces, y la empujasen hacia la perfeccion, en cuya digna empresa no debiéramos desdeñar sus esfuerzos.

Historia de la Mujer – Antígona y otras mujeres célebres

       El historiador Antonio Pirala sigue colaborando en la revista <El Correo de la Moda> con sus artículos para la Sección: Instrucción. Historia de la Mujer, el que reseñamos hoy es el primero de una serie en la que irá informando a las lectoras sobre las mujeres más destacadas de la Antigüedad, comentando las acciones por las que han destacado y haciendo mayor hincapié en las que considera tuvieron mayor importancia o, quizás, en las que tiene mayor información. La serie se inicia con el numero 29 de la segunda época, publicado el 8 de agosto de 1853. Respetamos la ortografía original

Antígona y otras mujeres célebres

Es tan abundoso el catálogo de las mujeres célebres, ora por su saber, ora por su virtud, ora por su valor, ora en fin por sus descubrimientos, que si hemos de presentar á nuestras amables lectoras una reseña de la principales, que son patrimonio de la historia, habrémos de compendiar en estremo sus hechos, abrazando á varias en la mayor parte de nuestros artículos. Solo así podrá tener termino la tarea, para nosotros tan grata, tan de la índole de periódico, y que tan satisfactoria debe ser á las suscritoras, por lo que lisonjea siquiera su legítimo amor propio.

Modelo de virtud, de piedad filial, y de cariño fraternal, se ofrece á todas las edades la hija de Edipo y de Jocasta reina de Tebas, la famosa Antígona. Durante el destierro á que voluntariamente se condeno su padre, después de haberse privado de la vista, le acompañó solícita, y le sirvió de guia. Hizo cuanto pudo, aunque infructuosamente, para reconciliar á sus hermanos Eteócles y Polynice, tan conocidos bajo la denominacion de los hijos de Edipo; y cuando murieron, su tio Creonte, que habia usurpado el trono, prohibió enterrasen á Polynice, prestestando que habia muerto con las armas en la mano dirigiéndolas contra su patria. A pesar de tan inícua órden, Antígona volvió secretamente a Tebas para dar á su hermano sepultura, y se halló con Argía, su cuñada, que ya habia acudido con igual objeto al sitio donde yacia su esposo. El bárbaro y desnaturalizado Creonte, instruido de haber sido desobedecido su mandato, dispuso que algunos guardias velasen cerca de la sepultura para descubrir al transgresor, y sorprendieron á la tierna Antígona, que iba á llorar sobre la tumba de su infeliz hermano,  que murió de orden del tirano.

Tan bello asunto suministró á Sófocles argumento para una de sus mejores tragedias, cuya representación causó tanto entusiasmo en los atenienses, que premiaron al célebre poeta con el gobierno de la Isla de Samos.

Areta, hija de Aristipo, célebre filósofo de Atenas, es uno de los innumerables ejemplos que prueban la aserción, que tantas veces hemos sentado, de no ser esclusivo patrimonio del hombre la ciencia. Areta, orgullo de su patria y de su tiempo, era tan docta en las letras griegas como en las latinas; y leia y explicaba de tal modo la doctrina de Sócrates, que mas parecia haberla escrito que aprendido. Esto dió lugar á que fuese fama en toda la Grecia, que el alma de Sócrates habia transmigrado á Areta. Escritora tan fácil y elegante como sábia maestra, dejo á la posteridad cuarenta libros sobre diversas ciencias. Después de haber enseñado filosofía material y moral en las Academias de Atenas por espacio de treinta y cinco años, murió á los setenta y siete de su edad, tres siglos antes que Jesucristo. Ciento diez filósofos distinguidos se vanagloriaban de haber sido sus discípulos. Sus conciudadanos, dolorosamente afectados por su pérdida, honraron extraordinariamente su memoria, e inscribieron en su sepultura el siguiente epitafio: Aquí yace Areta, la gran griega, lumbrera que fué de toda la Grecia: tuvo la hermosura de Elena, la honestidad de Thirma, la pluma de Arístipo, el alma de Sócrates, y el lenguaje de Homero.

Arquidamia, hija del rey de Esparta, Cleonimo, es una de esas figuras colosales de la antigüedad, cuyo heroísmo no pierde a pesar de los siglos, cuya grandeza reconocerán todas las generaciones.

Por ambicion de vencer á un pueblo tan valiente, invadióle Pirro, rey de Epiro, tan de improviso, y con tal rapidez, que llegó á Esparta sin obstáculo. Creyeron cierta ruina, trataron los Espartanos de salvar á sus mujeres, enviándolas a Creta, y Arquidamia se presentó al Senado, y en nombre de las demas de su sexo, romped ese decreto injurioso, les dijo. Nos deshonrais creyéndonos tan cobardes que podamos sobrevivir á la ruina de la patria: preparadas estamos á defender la ciudad, y resultas a morir con vosotros… Aquel rasgo de valor fué premiado; las mujeres permanecieron, y pelearon heróicamente, llevando al cuello Quelinodia, madre de Arquidamia, una cuerda con un nudo corredizo para ahorcarse si triunfaba el enemigo. Estimulando el valor de los hombres con el ejemplo de las mujeres, en vano repetia el sitiador sus ataques, en vano irritado con una resistencia que no entraba en sus cálculos asaltó la ciudad. Confundidos los sitiados de ambos sexos, cedió ante su coraje el empeño del invasor, á quien persiguieron en su fuga, dándole al fin muerte.

Por una série de visicitudes, fue preso y degollado el rey, hermano de Arquidamia, y ahorcada la madre. Obligada á entrar en la prision donde ambos habian sido ejecutados, verdadera espartana, ayudó á descolgar á su madre, la estendió con cuidado al lado de su hijo, la cubrió con un lienzo, y presentó el cuello al verdugo, esclamando: ¡quieran los dioses que mi muerte sea útil á Esparta!

Afrania, mujer de un Senador romano, defendia con admirable despejo muchos pleitos, á cuya ocupación era muy afecta: Agalis, muy celebrada por su sabiduría, daba como Areta, lecciones públicas en Grecia: Aganice (de Tesalia), fué la primera mujer que se dedicó al estudio de la astronomía, y á cuyas investigaciones se debe el conocimiento de las causas y tiempo de los eclipses de luna: Agripina, la mujer de Germánico, le acompañó constantemente, inflamando en el peligro con su ejemplo y su voz el valor de las legiones de Roma, que condujo una vez al combate, triunfando del enemigo. Alcesta, mujer de Admeto, rey de Tesalia, consultó en la grave enfermedad de su esposo al oráculo, y obteniendo por respuesta que moriria si alguien no sacrificaba por él su vida, hizo este sacrificio, que sirvió de argumento a una de las mas bellas tragedias de Eurípides; y Antonina, mujer de Belisario, le acompañó en sus campañas, sirviéndole de mucho con su valor y consejo.

Pero por mas que nos reducimos, se va haciendo larga esta reseña, que continuaremos en el inmediato número.

Historia de la Mujer: Lui-Tseu

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   Presentamos en esta ocasión otro trabajo del historiador Antonio Pirala realizado para la sección Instrucción. Historia de la mujer, publicado en el número 26 de la segunda época correspodiente al dia 16 de  julio de 1854 en la revista madrileña destinada al público femenino <El Correo de la Moda>, se respeta la ortografía original.  
Lui-Tseu

Los descubrimientos, las invenciones, los verdaderos milagros de la ciencia, de la industria y de las artes, son también, como el valor, la hermosura y la virtud patrimonio de la mujer.

Sin abandonar la antigüedad de que nos vamos ocupando, remontándonos en ella, y trasladándonos á uno de de los límites del mundo, al impero que está hoy justamente llamando la atención de todos, á pesar de ser de todos desconocido, á la China, en fin, halláremos en su historia impresa, gloriosas páginas consagradas á Lui-Tseu, esposa de Hoaug-ti, que significa el emperador amarillo, y fué soberano del Celeste Imperio. 

La China, que ha sido indudablemente la cuna de la civilización y del saber, se hallaba en el reinado de Lui-Tseu en un estado de envidiable prosperidad. Esto era diez y siete siglos y medio antes de la venida de Jesucristo, y á pesar de tal fecha, leemos en los antiguos historiadores chinos, que aquellos dos amantes soberanos llevaron hasta un grado increíble la civilizacion al Imperio.

Pero concretándonos á Lui-Tseu, la veremos celebrada por haber descubierto el modo de criar los gusanos de seda con la hoja de la morera, é inventando el arte de hilar y tejer la seda, completando, segun algunos, el embellecimiento de las telas, bordándolas.

Tal fué la importancia de su descubrimiento, que bien pronto fué llevado á la Persia, y á la India: dos monjes le llevaron a Constantinopla, en tiempo de Justiniano y en el siglo XII, Rogerio, rey de las Dos-Sicilias, le trajo a España, donde desde luego fue un ramo de la industria de los mas productivos.

Pero dispensándonos esta disgresion en obsequio de la importancia del asunto para nuestras lectoras, diremos respecto á Lui-Tseu, lo que una ilustrada escritora francesa, ocupándose de la célebre china, y de su invento, que califica de un servicio que las mujeres no deben olvidar, porque la seda no es uno de los objetos menos preciosos de su adorno; si bien es cierto que favorece el lujo, no puede ni debe mirarse este descubrimiento como funesto á las costumbres, pues sirve para ejercitar la industria y la actividad, y es un recurso en muchos paises para un gran número de mujeres, que hallan su subsistencia en tan útil ocupacion.

Razon tiene la ilustrada defensora de su sexo. Visítense las poblaciones manufactureras de la seda, y se verá lo que deben á Liu-Tseu: se comprenderá el portentoso milagro de la ciencia, dando un valor tan grande á lo que nada seria sin el génio de la mujer.

Nosotros hemos visto centenares de mujeres, formando con los hilos de seda preciosas telas, y ricas y costosísimas blondas; y hoy, cuando vemos esas caprichosas piezas, cuya fabricacion nos asombra, no podemos menos de dedicar un recuerdo a la sábia china, á quien tanto debe el lujo, el buen gusto y la humanidad, por ser la de la seda una de las artes mas productivas, y de la que subsisten tantos millares de familias.

La historia de Lui-Tseu, como la de otras mujeres á quienes se deben invenciones y descubrimientos, son la mejor contradiccion que puede darse á Voltaire, ese célebre censor de todo lo mas sagrado, en opinion del cual nada inventan las mujeres.

No es ocasión oportuna reseñar aquí todas las invenciones que se deben á la mujer, pues hasta la guerra la debe ideas magníficas; nos reservamos esta tarea para emprenderla por completo; mas diremos en tanto para su loa, que su sola presencia inspira y crea. Fornerina creó un pincel sublime; Laura un poeta envidiable. La sonrisa de la mujer ha sido para algunos hombres el dedo de la Providencia: una y otra hacen brotar el génio.

Para terminar, diremos: que debiendo la China gran parte de su prosperidad á la seda, y por consiguiente á Lui-Tseu, fué colocada después de su muerte en el número de las divinidades, venerándola los chinos bajo el nombre de ESPÍTIRU DE LAS MORERAS Y LOS GUSANOS DE SEDA.

Y no iban por cierto muy descaminados en divinizar á quien les legaba una riqueza tan grande, una industria imperecedera. Mas digna del apoteosis es la persona que deja á la posteridad un venero de bienes, que el héroe que conquista laureles ensangrentados, dejando en pos de sí la desolacion y el esterminio.

Lui-Tseu adquirió, pues, una justa celebridad, y ocupa un lugar preferente en la historia de las artes y de la humanidad; porque una y otra le debieron beneficios como mujer sábia y como emperatriz, contribuyendo no poco al esplendor de un imperio que recuerda su época como una de las mas brillantes de su historia.

Justo, debido es, que consignemos aquí su nombre, como digno tributo rendido á la mujer, para la que nada hay de estraño.

 

Historia de la Mujer: Lucrecia

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       El historiador Antonio Pirala publicó este artículo sobre Lucrecia en el número 25 de la Revista <El Correo de la Moda> el 8 de julio de 1853, estaba incluido en la sección Instruccon: Historia de la mujer, siguiendo el relato de Tito Livio recoge la historia de esta matrona romana que ejemplificó el modelo de fidelidad y virtud en la antigua Roma.
 LUCRECIA

A su honor debió esta ilustre romana la celebridad de que disfruta; siempre el honor y la virtud producen acciones de eterna fama.

Pero no solo debió á tan envidiables dotes su gloria, aunque á costa de su muerte, sino que Roma le debió su libertad. Lo que no hubieran conseguido millares de conjurados, lo consiguió el heroísmo de una mujer.

Reseñemos su historia: Hallábanse sitiando los romanos, cinco siglos y medio antes de la venida de Jesucristo, la ciudad de Ardea, y acostumbrados los jefes del ejército pasar reunidos en una tienda los ratos de ocio; y como este no suele aconsejar siempre bien, un dia que comian en la tienda de Sixto Tarquino, hijo del rey, hablaron sobre las buenas y malas cualidades de las señoras romanas, ensalzando cada cual las virtudes de la suya.

Colatino, pariente de Tarquino, y esposo de Lucrecia, dijo para terminar la contienda: <Somos jóvenes: montemos á caballo, y hagámoslas una visita repentina: no siendo esperados, podremos conocer lo que vale cada una.>

Se aprobó el pensamiento, y se puso inmediatamente en ejecución. Los mas distinguidos oficiales se encaminaron á Roma, donde entraron sin ser conocidos, y hallaron a sus mujeres entretenidas en fiestas y diversiones. Fueron luego adonde residia Lucrecia, fuera de la ciudad, y la encontraron sola con sus esclavas, ocuapadas todas en diferentes labores.

Unánimemente se la concedió la supremacía, y Lucrecia gozo de su merecido triunfo con una modestia que la realzaba.

Él fue sin embargo su desgracia. Sixto Tarquino quedó apasionado de ella, y pagando ingrato los servicios que su esposo prestaba á la patria y á su padre, por salvar un trono que habia de heredar, no pensó mas que en Lucrecia, ante tanta virtud se estrellaban sus promesas y esfuerzos; pero no pudieron estrellarse sus villanías.

Lucrecia escribe á su esposo, anunciándole que habia sucedido una desgracia a toda la familia. Reunidos todos en su presencia, les dice, anegada en llanto:

–¿Qué ventura puede conservar una mujer que ha perdido el honor…. Pero mi corazon esta inocente, mi alma pura, mi muerte será una prueba de ello. Juradme que el infame no quedará impune…. Vosotros vereis el castigo que merece; yo; aunque libre de culpa, no quiero exceptuarme la pena: <ninguna mujer quedará autorizada con el ejemplo de Lucrecia para sobrevivir á su deshonor.>

Acto continuo hundió el puñal en su pecho sin que nadie pudiera evitarlo.

En aquel momento parecia rodeada de una aureola celestial; conmovió á todos, como hoy nos conmueve al verla retratada en aquella actitud y teñido de sangre su nevado seno.

Bruto sacó del seno de Lucrecia el puñal ensangrentado, y estendiendo el brazo juró vengar aquella víctima del honor y de la virtud. Todos repitieron su juramento, y el cuerpo de Lucrecia fué llevado á la plaza de Collacia. Sabido el hecho, todos se indignaron, y los romanos tomaron como suya la ofensa hecha a la mas virtuosa de las mujeres.

Empuña las armas de juventud, dirígela Bruto, van á la ciudad, sube el jefe á la tribuna, cuenta el hecho, y el pueblo indignado decreta la deposicion de Tarquino, y arroja del trono á aquella familia indigna de ocuparle; destruye la monarquía, proclama la república, y elige por primeros cónsules a Lucio Junio Bruto y al esposo de Lucrecia, Colatino.  

¡Cuántas reflexiones no se desprenden de un hecho de tan grandiosas consecuencias! ¡Cuánto valor ha tenido siempre el honor y la virtud! ¡Qué importa la corrupción de un pueblo si hay mujeres todavía con valor suficiente para inmolarse en defensa de lo que otros escarnecen!

Lucrecia, sin atender mas que á sus cuidados domésticos, sin haber aprendido mas que el cumplimiento de su deber, tiene en el corazon ese heroísmo que dá la virtud, el mismo que daba la fé a nuestras santas mártires, el que desprecia los tormentos y la muerte á la misma hora.

Enséñese, pues, á las jóvenes la severa práctica de la virtud, y se les enseñará á ser valientes, porque en ella esta la fortaleza, en ella el heroísmo, y en ella la fama, la gloria de la mujer. El respeto, el cariño y la admiración en vida: un recuerdo célebre y eterno en la muerte.

Historia de la Mujer – DIDO, LA REINA DE CARTAGO

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      El historiador Antonio Pirala escribió este artículo para la revista <El Correo de la Moda> y fue publicado, dentro de la sección Instruccion. Historia de la mujer, en el numero 24 de fecha 30 de junio de 1853. Respetamos la ortografía original. 

DIDO

Al ocuparnos de la célebre fundadora de la célebre Cartago, no vamos á reproducir la fábula mitológica, que tan bien conocerán nuestras lectoras; vamos á reseñar sus altos hechos, fundados en testimonios respetables.

La historia de esta ilustre y virtuosa princesa, lo mismo que la de todos los personajes que figuraron en la infancia de los pueblos, es, sin embargo, oscura, y apenas puede darse un paso en su investigacion sin tropezar con las ficciones de los poetas de la antigüedad, apoderados de aquellos para dar grandeza á sus poemas. Procurarémos, no obstante, que este artículo se limite á sucesos, de cuya autenticidad no respondemos, pero que hallamos admitidos por acreditados escritores.

Fué Dido biznieta de Itobal, padre de Jezabel, é hija de Belo Matgen, rey de Tiro, que murió 874 años antes de Jesucristo, dejándola, y a su hermano Pigmalion, heredera del trono, á pesar de la corta edad de ambos príncipes. Llamábase Elisa, y era peregrina su hermosura. A poco tiempo, el pueblo dió el mando esclusivo a Pigmalion, y casó a Elisa con Síqueo, su tio, gran sacerdote de Hércules, y de dignidad inmediata á la del rey. Estimado por sus virtudes, y respetado por su parentesco con el soberano, y por su alto ministerio, poseia inmensas riquezas, circunstancia que fué para él una verdadera desgracia, porque sus tesoros tentaron la sórdida codicia de Pigmalion, que le hizo asesinar traidoramente. No por esto logró el perverso monarca sus deseos, porque su tio, que conocia perfectamente la ruin pasion que dominaba á su sobrino, tenia ocultos sus tesoros. Las buenas prendas de Síqueo habian hecho que, á pesar de la diferencia de edad, le amase su esposa. No se ocultó á esta ni el autor del crimen ni su intencion, y dando tregua á su dolor, comprendió que su vida corria igual peligro por la ambicion de su hermano. Para evitarle, pidió á Pigmalion licencia de vivir en su compañía, pretestando que la aflijia la soledad en que se veia. Faltó tiempo al codicioso monarca para consentir en ello, creyéndose ya dueño de unas riquezas que tanto ansiaba, y puso a disposición de su hermana algunos bajeles. Elisa, comenzando por ganar a sus capitanes y tripulacion, cargo en ellos cuanto poseia, y acompañada de gran numero de tirios, que la eran adictos, emprendió la fuga con tanto sigilo y presteza, que cuando llego á oídos de su hermano, ya no pudo evitarla. Fondeó aquella flotilla en la costa del África Zeugitana[1], poblada entonces por los fenicios. Bien recibida Elisa, estableciose en el pais, fundando á Cartago. A dar crédito á la fábula, diriamos que obtuvo Elisa la concesion del terreno que pudiese abarcar con la piel de un buey, que la hizo tiras muy delgadas, y uniéndolas, y fijando en tierra una de las extremidades, describió con la otra un círculo extensísimo, consiguiendo con este rasgo de ingenio un sitio considerable. Pero sea de esto lo que quiera, Elisa levantó la ciudad, rival tanto tiempo de la otra ciudad, señora del mundo, titulándola Cartada (Ciudad nueva), cuyo nombre se corrompió mas adelante en Cartago.

Reina de su colonia, Elisa, convertida por sus suyos en Dido, que significaba varonil, se hizo célebre por su virtud y sabiduría, por su honestidad y prudencia. Jarbas, rey de Getulia, solicitó su mano, pero la reina tenia jurada fidelidad eterna á la memoria de su esposo. Desairado el pretendiente, hizo entender á los súbditos de Dido, que si no la reducian á casarse con él, invadiria sus tierras y les exterminaría. Supo Dido esta amenaza, y concibió, en bien de sus súbditos, una resolucion sublime, que tuvo el valor de ejecutar. Aparentando ceder a tan imperiosa exigencia, la aplazó á la conclusion de la ciudad, en cuyo tiempo dispondría lo necesario para que se celebrase la boda con la ostentación correspondiente. Terminada su obra, hizo levantar en el sitio principal una gran pira, y reunir á todos los ciudadanos. Dióla fuego, y después de algunos sacrificios y buenos consejos, evocando los manes de Síqueo, se atravesó de improviso el pecho con un puñal y se arrojó a la hoguera, sin que pudieran impedirlo sus súbditos.

Virgilio, en su Eneida, atribuyó el sacrificio de Dido, hijo del amor a su marido y á su pueblo, al amor y fuga de Eneas, saltando por encima de tres siglos, pues que Cartago fué edificada trescientos años después de la destrucción de Troya. Pero cumplia aprovechar tan bello episodio, halagando el orgullo romano, y no tuvo reparo el poeta Mantuano en inventar esa ficcion a costa de las virtudes de Dido, sostenidas por San Gerónimo, y San Agustín, Tertuliano y el Tetrarca, en su Triunfo de la Castidad. Perpetuado por las artes un hecho tan grande, tan generosa abnegación, ¡qué mucho que el sexo, que apellidamos débil, se crea capaz de todo al contemplar glorias tan puras como la de Dido!

Causa inocente de la destrucción de una ciudad la hermosa Elena, otra hermosa es destinada por la providencia á erigir otra ciudad, mas importante todavía, y á dar al mundo una prueba de amor, que admirará eternamente.

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[1] La actual Regencia de Tunez

Historia de la Mujer – HELENA DE TROYA

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        En esta sección un nuevo artítulo del periodista e historiador Antonio Pirala, dedicado a Helena de Troya, y publicado en la Revista <El Correo de la Moda> el 24 de junio de 1853, dentro del apartado: Historia de la Mujer. Instrucción. Se mantiene la ortografía original.

 Elena  

La celebridad de esta mujer es grande por su hermosura y por la guerra de que fue causa.

Sus gracias y los dones con que la enriqueció la Providencia, fueron una calamidad para el mundo.

No ha dado la fábula existencia á esta princesa de la Grecia. No por esto juzgamos exacta en todas sus partes la magnifica epopeya de Homero, cierta en su fondo.

Hija de Tyndaro, rey de Esparta, comenzó á ser admirada desde su niñez por su extraordinaria hermosura. Antes de la edad nubil, fue robada y conducida á Atenas por el famoso Teseo. Restituida, no fue obstáculo su impureza para que casi todos los príncipes griegos pretendiesen su mano. En tal conflicto aconsejado su padre por el prudente Ulises, y á fin de prevenir la violencia de un nuevo raptor, convocó á todos los pretendientes al templo de Minerva, y les obligó, bajo un solemne juramento, no solo á conformarse con la eleccion que hiciese Elena, sino á defenderla, y á su esposo, cualquiera que intentase ofenderles. Todos los príncipes lo juraron, y quedó elegido Menelao, hermano del rey de Micenas, Agamenon, casado con otra hija de Tyndaro, la terrible Clitemnestra. Tres ó cuatro años hacia que Menelao disfrutaba pacíficamente de la posesion de Elena y del gobierno de Lacedemonia, por muerte de Tyndaro, cuando arribó Páris, y le hospedó. Acompañado ó no de Eneas (porque no es esto tan verídico como la realidad de Elena) asi que vió el príncipe troyano aquel prodigio de hermosura[1], enamoróse ciegamente; y tanta debió ser su persuasiva, ó tan poco firme la fé conyugal de aquella reina, que á poco se fugaron juntos, llevándose las principales riquezas de Menelao.

Según los anales egipcios, dignos de crédito, no llegó Páris á Troya, contrariado por los vientos que le arrojaron á las costas de Egipto. Inmediato existia un templo consagrado á Hércules, con la inmunidad de libertar á los esclavos que le visitasen. Instruidos de esta circunstancia los esclavos de Páris, se acogieron, y acusaron á su señor. Conducido, y Elena, á Menfis, á presencia del rey: <Si no considerase, le dijo éste, como mi primer deber, el no dar muerte á estranjero alguno de los que se ven obligados por los vientos a arribar a mi reino, vengaria en tí, ¡oh el mas malvado de los hombres! la injuria que has hecho á los griegos cometiendo en el seno de la hospitalidad una maldad tan impía: yo te castigaria, porque no contento con haber profanado el tálamo de tu huésped, le robas á su mujer, seducida por tus astucias; y ademas, insaciable en tus crímenes, huyes cargado con los despojos de la casa en que se te ha recibido. Sin embargo, como mas que nada me importa no tener que reprenderme la muerte de uno de mis huéspedes, me limitaré á impedir lleves á esa mujer y las riquezas de que te has apoderado, teniendo á unas y otras en depósito hasta que se me pidan. En cuanto á ti, te concedo tres dias para salir de mis Estados.> Salió, y fue a Troya, que sitió Menelao, y tomó a los diez años, y como no encontrase allí á su mujer, dirigióse a Menfis, donde la recobró y sus riquezas.

La destrucción de Troya, á la cual concurrieron todos los príncipes griegos que habian jurado defender al que Elena eligiese por esposo, tuvo lugar, según el cálculo mas corriente, 1185 años antes de Jesucristo.

Menelao, según varios autores, quiso dar muerte a su esposa; pero aun cuando habian pasado catorce años, conservaba Elena sus fascinadores atractivos, y le faltó valor para vengar su resentimiento. Murió poco después, y Elena fue arrojada de Esparta, y huyó a Rodas, donde Polixena, reina de la Isla, la hizo ahorcar de un árbol, por celos, ó en venganza de la desgracia de su marido, muerto por su causa en la guerra de Troya.

Así acabó la mujer mas hermosa de la antigüedad. Funesta á todos los demas y á sí propia su belleza, no ambicionen las personas de su sexo fascinar a todos, no sea que hallen otro Páris.


[1] Los escritores antiguos aseguran que carecia Elena de la mas pequeña imperfección física. Paton, Natal, Casaneo, el Niverniense, y otros muchos elogian su belleza: Nevizano dice, que reunia Elena las treinta calidades que se requieren para que una mujer sea perfectísima en hermosura: Séneca, que Didymo, poeta y famoso gramático de Alejandría, dedico dos, de los cuatro mil libros que escribió, á encomiar los atractivos de la reina de Esparta. Finalmente San Agustin nos refiere, que solamente Sycoro, poeta griego, osó disputar la hermosura de la hija de Tyndaro; pero que los demas fingieron que los dioses le habian dejado ciego en castigo, y no quisieron confesar que tenia buena vista hasta que paso por la humillacion de cantar la palinodía.