Historia de la Mujer – LA CAPACIDAD DE GOBIERNO


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        Introducimos en esta sección el artículo <Capacidad de las mujeres para el gobierno> firmado por Gertrudis Gómez de Avellaneda y publicado el 31 de diciembre de 1859, el que la autora planteaba a las lectoras de la revista <El Correo de la Moda> un tema pólémico ya en el siglo XIX y que, a pesar del tiempo transcurrido, mantiene parte de su actualidad en el XXI. Como siempre respetamos la ortografía original.  

CAPACIDAD DE LAS MUJERES PARA EL GOBIERNO

A pesar de las suposiciones á que puede dar lugar el epígrafe del presente artículo, no es nuestro ánimo reproducir en él la cuestión azás discutida, de si es ó no la mujer igual al hombre en sus facultades intelectuales. Nosotros, para quienes semejante cuestion no es, ni puede ser controvertible, dejamos á los profundos psicologitas el penoso trabajo de decidir si hay almas hembras y almas varones, y á los modernos frenólogos el declarar con cuantas protuberancias está marcada en el cráneo del hombre su decantada superioridad sobre el sér que siempre y forzosamente tendrá por consorte, según los decretos de la naturaleza.

Nosotros, repetimos, no intentaremos jamás la empresa peligrosa de estirpar opiniones que por absurdas que puedan parecernos, por frágil y gastada que se nos presente su base, sabemos ha podido resistir al embate de los siglos, porque está sostenida por egoismo y la fuerza material de la mitad del género humano. Las mayores y mas útiles verdades no se han proclamado nunca impunemente, cuando destruyen errores arraigados á los que presta autoridad la vejez, y no es ciertamente el mas terrible castigo que debe temer todo reformador, la burla y el sarcasmo que han sido en todo tiempo armas envenenadas de la audáz ignorancia y del astuto egoismo.

Nosotros no preguntamos con plañidero tono, á imitación de cierto moralista: -<¡Y qué! ¿el espíritu humano solo podrá perfeccionarse cuando se trata de objetos frívolos? ¿Estará condenado á perpétuo atraso en aquellos que le son mas interesantes? ¿No verémos jamás las sociedades extentas de las instituciones que las oprimen; de los usos que reprueba el buen sentido; de las preocupaciones que solo tienen en su favor la antigüedad; de las onerosas distinciones que convierten á los humanos en opresores y oprimidos, en orgullosos y viles, en grandes altaneros y esclavos prostituidos?…>

Nosotros, vuelvo á decir, no preguntamos nada, porque sabemos que lo pasado responde anticipadamente de porvenir; que ningun error es perdurable; que todo abuso lleva en sí mismo el gérmen de su destrucción inevitable.

Largo tiempo reinaron aquellas distinciones increíbles, aquellos privilegios injustos que aspiraban á eternizarse, y que lo hubieran conseguido si hubiesen logrado eternizar igualmente el embrutecimiento á que habia sido condenado la inmensa mayoria de los oprimidos, haciéndoles de este modo desconocer su fuerza. Pero aquella pretensión era absurda, porque, á semejanza del infatigable héroe de un novelista igualmente infatigable, la humanidad anda, anda, anda, sin descansar jamás.

La revolucion moral que emancipe á la mujer debe ser forzosamente mas lenta que la que sentó las ya indestructibles bases de la emanciparon del pueblo; porque en éste la mayoría era inmensa; la fuerza moral irresistible; en aquella no hay mayoría, no hay fuerza material poderosa: todo tiene que esperarlo de los progresos de la ilustración, que haga conocer a sus propios opresores cuán pesadas y vergonzosas son para ellos mismos las cadenas de ignorancia y degradación que han impuesto á unos séres á quienes, á despecho de sus leyes, los ligan y sujetan íntima y eternamente las leyes supremas de la naturaleza, que no sin misterioso y profundo designio dotó del mágico poder de la hermosura á aquella mitad de la especie humana, que por su destino especial, en el órden físico, no podia poseer la fuerza corporal de la otra.

Nosotros, pues, que dejamos al tiempo las reformas, no tenemos otro objeto al trazar estas líneas que el de distraer un instante á nuestras amables lectoras, haciendo ligera mencion de algunos hechos gloriosos al sexo, y gloriosos tambien á un siglo y á una nacion que ciertamente estaban muy distantes de nuestra actual y decantada ilustración.

En el año 1177 (según Gotiero de Sibert, que en apoyo de estos hechos cita á Plutarco) tuvo principio el consejo general femenino que gobernó por dilatado tiempo los sesenta cantones en que se dividian entonces las Gálias. La elocuencia y energia con que una dama de aquel pais habia espresado en deliberacion solemne la importancia del objeto de aquella, que era la eleccion de un jefe, dieron orígen á aquel senado de mujeres, que revestido del poder supremo fue árbitro de la paz y de la guerra, juzgando cuantas diferencias se suscitaban entre los jueces de los diversos cantones.

En el tratado que los galos celebraron con Aníbal, se estipuló que el infractor seria juzgado por el tribunal de las Damas, cuya justicia se reputaba incorruptible, y la condenación pronunciada por ellas como la mas infamante.

Los druidas fueron los sucesores de las mujeres en el gobierno de las Galias; y es digno de obeservación, según nota un erudito escritor francés de pasado siglo que aquel pueblo belicoso, siempre vencedor bajo la dominacion femenina, se hizo tributario de los romanos cuando se vió gobernado por los ministros sagrados, uno de los cuales vendio vilmente á su patria.

Veinte y tantos años después del establecimiento del senado femenino de las Galias, dieron los griegos otro ejemplo semejante, creando un tribunal compuesto de diez y seis matronas, encargado de decidir una grave cuestion de estado; habiendo justiicado tan ventajosamente las mujeres la confianza fundada en el talento y lealtad, que se mando perpetuar aquel tribunal y efectivamente subsistió largo tiempo, aunque muy menoscabadas sus atribuciones.

Al hacer relacion de estos hechos tan honoríficos para el bello sexo, no quisiéramos pasar en silencio otros grandes y numerosos ejemplos, que prueban la capacidad que en todo tiempo ha tenido para el gobierno: mas no permitiéndolo los estrechos límites de este periódico para particular mencion de tantas ilustres princesas como pudieramos citar, nos limitaremos á observar que la sorprendente revolucion comenzada en Rusia por Pedro el Grande, fue continuada y concluida por mujeres: mujeres grandes hombres como aquel mismo soberano, cuyo gloriosos cetro nada perdió en duda de su brillo al pasar sucesivamente á la mano de heróicas, que dieron á la Europa estraño espectáculo de ver cubierto el Mediterráneo, como el Océano, por buques construidos á las orillas del Vístula.

Las biografias de las mujeres célebres, es otra prueba del superior talento de las mujeres para el gobierno, y al terminar nuestro ligero artículo, no podemos menos que citar con el placer con que lo hacemos siempre que viene al caso, uno de los hermosos versos de nuestro ilustre amigo el señor Quintana: ¡Las grandes almas son los grandes hombres!

G. G. de Avellaneda

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2 pensamientos en “Historia de la Mujer – LA CAPACIDAD DE GOBIERNO

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