Temas sobre la Mujer. I La coquetería


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    Abrimos una nueva seccion en la que incluiremos temas sobre la mujer, publicados en periódicos y revistas del siglo XIX, en muchos casos sobre cuestiones tópicas relativas a la mujer, temas que estuvieron de actualidad en la época y que  fueron objeto de discusion; iniciamos la serie con el articulo del historiador Antonio Pirala: “La coquetería“, firma habitual en la revista  madrileña destinada al público femenino <El Correo de la Moda> que fue publicado en el número 54 de la 2ª Época de 16 de febrero de 1854. Respetamos la ortografía original. Ilustramos el artículo con imagénes de mujeres de la época.

LA COQUETERÍA por Antonio Pirala 

La temporada en que nos hallamos es la mas á propósito para ocuparnos de la coquetería, que tiene por principal teatro de sus glorias los salones de baile.

No sé quien comparó la coqueta á un conquistador, demostrando su paridad en que ambos se proponian un fin sin reparar en los medios; pero considero algo fuerte la imagen para admitirla. Es opinion mas generalmente establecida, y en especialidad entre los que juzgan bondadosamente á la mujer, la de que la coquetería no es mas que el deseo de agradar.

De falsa califican algunos esta idea, porque dicen que el deseo de agradar es un sentimiento natural, que nace de la necesidad de vivir en sociedad, y que inspira el afecto, la indulgencia, la cortesía, todas las virtudes, en fin, y todas las atenciones que las personas desean encontrar en sus semejantes.

Según otros, la coquetería es el deseo de inspirar amor sin sentirle.

No es en verdad muy piadoso este deseo; ¿pero es solo la mujer quien le tiene? ¿No existe la coquetería, considerada de este modo, mas que en esa preciosa mitad del género humano? Injusto sería creerlo así; mas no es mi objeto discutir este punto por ahora.

Preciso es, aunque triste, reconocer que entra por mucho la vanidad en la coquetería, porque no es otra cosa ese deseo en la mujer que aparecer siempre bella, de que se le diga que lo es, de que se la prefiera á todas, de abrogarse ese derecho esclusivo, egoísta, de que todos la rindan homenaje, pidiendo una pasion por una sonrisa, una felicidad por una promesa irrealizable.

La mujer, cuya vida suele reasumirse en un deseo, el de agradar, hace de la coquetería el arma poderosa con que lucha para cumplir su destino. El mal está en que en vez de procurar solo vencer emplean armas que ofenden; mas no hacen esto todas, y en ellos está su gran talento.

La coquetería forma el adorno, el encanto de la sociedad, siempre que no se juegue con el corazon, siempre que no se escite pasiones que no ha de curar.

Por eso puede mirarse la coquetería bajo dos aspectos: la que perjudica y la que agrada. La primera es fuente de mal; la segunda ameniza la sociedad y la vida.

Aun considerado la coquetería no como una inclinación natural, sino como un arte, ¿podrán considerarse los medios que ponga en juego para cautivar un marido?

Seguramente que no: á los que tanto declaman contra la coquetería, á los que tanto dicen que se enojan las coquetas de la vida sedentaria, del trabajo manual, del silencio, de la economía, del reposo de los campos, de los cuidados de la familia; y que solo les son familiares la mentira y la calumnia, la indiscrecion, la astucia y la perfidia, les contestarémos que éstas no son coquetas, sino criaturas que merecen más compasión que desprecio, porque la mujer que falta á cualquier deber social, se falta á si misma. Esto seria profanar la coquetería dándola atributos que no pueden pertenecerla.

Una mujer de esta especie no recibiria las atenciones de los hombres honrados, sino de los nécios y de los malos. El hombre busca primero en la mujer la práctica de todas las virtudes, y en ella está el demostrarlas, no haciendo ostentoso y vano alarde, sino practicándolas.

Se ha hecho de la coquetería el abuso que se hace de todos los nombres. De la palabra francesa coquetterie, que significa esmero en el vestir y habar con el fin de agradar y parecer bien, y gracia seductiva, deliciosa y encantadora, se ha deducido la de coqueta, que espresa la mujer presumida, ligera, inconsecuente y veleidosa.

No es coquetería el engañar á los hombres; esto es una falta, ó mas bien un vicio.

El error está en confundir lo que no puede confundirse jamás. Si algunas jóvenes tratan de hacer mérito de su coquetería, y distribuyen su corazon cual moneda, el arrepentimiento y las lágrimas son el precio que recogen, porque la mujer no debe jugar con el fuego, así como no debe interesar nunca su corazon sin el consejo de la prudencia, de la razon y de la conveniencia.

Débil, necesitada de apoyo: ¿qué la espera si abdica ligeramente de sus sentimientos?

Muéstrese la mujer ante el hombre como debe ser: luzca sus gracias, sus encantos, su instrucción, constituya el adorno de la sociedad, y sea la admiaracion de su sexo y del nuestro.

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2 pensamientos en “Temas sobre la Mujer. I La coquetería

seguicollar

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