Escritoras Españolas. Antonia Díaz Fernández. Por Virginia Seguí


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Antonia Díaz Fernández es una más de la multitud de escritoras españolas olvidadas del siglo XIX, como era habitual tras contraer matrimonio con José Lamarque de Novoa comenzó a firmar sus escritos como Antonia Díaz de Lamarque. También firmó a veces utilizando el seudónimo de Enriqueta Madoz de Alianza.

Probablemente los primeros datos que de ella se conocieron públicamente aparecieron en la biografía que de ella publicó María Pilar Sinués de Marco en la revista El Correo de la Moda, encuadrada dentro de la serie de biografías de Escritoras Españolas que de esta autora que fueron apareciendo en la mencionada revista a lo largo de 1861. Inicia la publicación de estos artículos el 28 de febrero de 1861, con la introducción y la biografía de Gertrudis Gómez de Avellaneda. Según ella son unos ligeros apuntes sobre diversas escritoras españolas en los que se las tratará no solo desde el punto de vista de escritoras sino también desde el punto de vista de hijas, esposas y madres.

ComienzoArtículoSinués

Artículo que  fue publicado en el número 407 de la revista del 24 de junio de 1861 y que reproducimos a continuación, manteniendo la ortografía original.

Biografía de Antonia Díaz Fernández. Por María del Pilar Sinués de Marco

Ramón Diaz y Giraldez, médico muy distinguido de uno de los cuerpos de nuestro ejército, casó en la villa de Marchena con una bella y virtuosa jóven llamada doña Dolores Fernandez y Vazquez.

Los padres de la señorita Fernandez, ricos propietarios, exigieron sin embargo del señor Diaz, antes de concederle la mano de su hija, que se retirase del servicio, lo que efectuó sin dificultad, estableciéndose en Marchena a lado de la familia de su esposa.

La alegría estendió bien pronto sus alas sobre la mansion de los nuevos esposos; cubrióla con su manto la religion, y la felicidad la eligió para morada suya, siendo ambos el ejemplo de que el matrimonio es el estado mas dichoso de la vida, cuando existen entre los esposos la mútua simpatía de las almas, la conformidad de los caractéres, y la reciproca bondad de los corazones.

Dios bendijo tan venturosa union: envió cuatro hijos para que aumentasen la alegría de los jóvenes consortes, y la última fué una preciosa y delicada niña, á quien se puso en la pila bautismal el nombre de Antonia.

Esta es la tierna, la cristiana, la modesta, la encantadora poetisa, que hoy nos toca dar á conocer á nuestras lectoras.

Algunos años despues de su casamiento, los parientes y amigos del señor Diaz le aconsejaron pasase á una capital, en donde podia hacer valer mejor sus estensos conocimientos en el santo ministerio de aliviar á la humanidad; y habiéndose convencido de la verdad de sus razones, se trasladó á Sevilla con su esposa é hijos.

Poco tiempo fué necesario para que el señor Diaz adquiriese gran crédito, por su acierto y por lo distinguido y afable de su trato; pero el terrible cólera que por entonces debastó á España, cortó su vida aun en flor, y le llevó al sepulcro en el año 1833.

Sevilla llora aún la pérdida del hombre eminente que devolvió el consuelo á tantas familias, dejando á la suya, con su temprana muerte, en la orfandad y el desconsuelo.

Contaba entonces Antonia dos años solamente: Su desolada madre pensó, pasado el primer exceso de su dolor, en volverse á Marchena al lado de su familia, pero sus amigos le hicieron ver que, para la educacion de sus hijos varones era mucho mas conveniente que se quedase en Sevilla.

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Su carácter dulce y condescendiente la hizo ceder y permanecer en aquella capital; pero siempre que le era posible, pasaba largas temporadas en Marchena, y puede decirse que Antonia vió correr toda su infancia en ese pueblo.

Desde su mas tierna edad empezó su aficion á la poesía; y no hay que estrañar, que de casi todas nuestras poetisas, repitamos lo mismo: el poeta nace siéndolo; y por lo mismo siempre despierta al mismo tiempo que la luz de la razon el astro divino que ilumina su alma.

Varios ejemplos nos enseñan que en algunos séres despunta antes el segundo, porque el rayo de la luz celeste es mas poderoso y esplendente que al débil razon humana.

Tal aconteció en la eminente poetisa que nos ocupa; apenas la entretenían los juegos de la infancia, á pesar de su dulcísimo carácter, y de la débil suavidad de su temperamento: aun no contaba cinco años y ya leía perfectamente, siendo la maravilla de todos, pues por su linda y delicada figura aparentaba aun menos edad.

BordadoraTropinin1826Su educacion fué la que se da en Españá todas la jóvenes; enseñáronla en el colegio á coser, y todas la labores propias de su sexo: tuvo tambien maestro de escribir, pero éste tan descuidado, que no pensó siquiera en enseñarle las reglas mas comunes de la gramática, cosa inconcebible para el que tenga la dicha de ver los escritos de Antonia Diaz, pues son modelo de perfeccion.

En la hermosa biblioteca de su bien padre halló Antonia pasto escaso, pero sabroso y útil para su infantil inteligencia: leyó, y volvió á leer mil veces el Almacen de niños, el de Señoritas Adolescentes, Pablo y Virginia, Vidas de santos, y otros libros en fin, que son los únicos que debieran leer las niñas: poco despues se apasionó del Quijote; pero jamás leyó una novela, porque su prudente y amorosa madre evitó para sus hijos esta lectura, hasta que su juicio adquiriese la solidez necesaria para ello.

Un romance, un soneto á la despedida de una amiga, y algunas octavas, fueron lasAlmacenNiños primeras inspiraciones poéticas de la señorita Diaz; estos fueron los primeros ensayos de su talento, cuando contaba de ocho á nueve años. Once tenia cuando una hermana de su madre la llevó consigo para que pasase á su lada en Marchena los años que la restaban para salir de su feliz niñez.

Antonia, se afligió creyendo que iba á carecer de libros; pero su tia, señora llena de piedad, tenia muchos libros devotos, y la dócil niña se dedicó á su lectura con gran placer suyo.

Muchas largas veladas pasó entretenida en el poema del Pl Almeida El hombre feliz, con los terribles capítulos del P. Nieremberg en el libro Diferencia entre lo temporal y lo eterno, ó bien en el Antiguo y Nuevo Testamento.

Pueden calcularse con facilidad los óptimos frutos que tan sanas lecturas debian producir en una inteligencia fresca, infantil y no viciada en su penetracion y viveza con creencia erróneas y con ilusiones perniciosas: el  raciocinio y el corazon de la señorita Diaz Fernandez se formaron á un tiempo; claro y hermoso aquél, sensible y tierno éste, cuyas admirables dotas, unidas á una figura distinguida, hacen de Antonia Diaz Fernandez una de las mas perfectas mujeres que se pueden imaginar.

La sed de crear la acosaba sin embargo, cuando ocupaba el tiempo en sus pieadosas lecturas, y persuadida de que mientras no estudiase algo, no podría dar un solo paso en literatura, mil veces tuvo el pensamiento de pedir á su tia algunos otros libros de instruccion; pero nunca llegó á efectuarlo, porque sostenia consigo misma una reñida lucha; en aquella época muyo pocas mujeres escribian. Antonia oia satirizar continuamente á las poetisas, y llegaron á sus manos periódicos en que vio epígramas y sarcasmos contra las producciones femeninas; el temor del ridículo la contuvo siempre en medio de sus aspiraciones, á pesar de animarla su buena madre, para quien eran obras maestras los lindos ensayos de su hijas.

En medio de tan encontrados sentimientos, volvió á la casa paterna un primo suyo que estaba estudiando en el colegio de San Felipe, que dirigía entonces en Cádiz el eminente D. Alberto Lista: los libros del jóven sirvieron á la niña para estudiar cuanto desea con gran facilidad, y por sí sola aprendió gramática, geografía, historia, retórica y poética, lógica y moral; halló además algunos trozos escogidos de nuestros buenos clásicos, y su entendimiento adquirió un prodigioso desarrollo.

Vista deSevilla

Antes de cumplir catorce años volvió la señorita Diaz al lado de su madre y hermana: publicábase entonces en Sevilla un periódico titulado La Aurora, su director, muy amigo de la familia de la jóven poetisa, insertó en él un soneto y otra poesía de aquella, con una nota al pie, espresando su edad, que era solo de catorce años.

Lejos de envanecerse, como suele acontecer, con el primer rayo de la luz pública; Antonia Diaz, siempre acosada por el temor de caer en el ridículo, negose á publicar nada mas hasta el 1849, es decir cuando contaba diez y ocho años, época en que empezó a publicarse en Sevilla otro periódico con el nombre de Album de las Bellas. en los primeros números vió poesías de Carolina Coronado, Amalia Fenollosa, y otras varias poetisas, y cediendo á los ruegos de los redactores, publicó en él una Plegaria á Dios, que despues han reproducido otros muchos periódicos; otras dos poesía, un artículo titulado Esperanzas y recuerdos, y una Biografía de Safo: poco duró el Album de las Bellas: los redactores tomaron á su cargo otro periódico con el título de El regalo de Andalucia, en el que publicó nuestra poetisa otras cuatro ó cinco composiciones.

Poesía_EpístolaLa árdua lucha que desde sus mas tiernos años sostenía entre su inspiracion y la severidad de sus principios, continuaba siempre: algunas veces opinaba que la mujer no debe anhelar mas triunfos que los que le proporcione el cumplimiento de sus deberes, mostrándose del todo agena á la literatura; pero ¿cómo resignarse á perder todas las ilusiones de su infancia? Imaginó entonces que entre ambos partidos estremos podría hallarse un justo medio, y esto fué lo que espresó en su preciosa Epístola á una amiga, composicion que fué unánimemente elogiada, y en la cual se ve el juicio que Antonia Diaz formó entonces y conserva hoy de lo que deben ser las poetisas en España.

Solo nuestro firme propósito de no citar versos de ninguna de las poetisas que figuran en nuestra galeria, nos hace dejar de copiar la inimitable, filosofica y bellísima epístola de la señorita Diaz Fernandez.

Aquella composicion no es una vana teoría: guiada por su razon, Antonia Diaz ha dedicado solo sus ocios á la literatura; y su modestia y su absoluta carencia de amor propio han sido las causas de que su nombre no figure en primer término en nuestro Parnaso.

Pero ¿dejara por eso de ser el mismo su mérito? No, sino antes mucho mayor, realzado por su pudorosa timidez.

Antonia Diaz ha publicado algunas poesías en varios periódicos de la córte y de provincias: ha escrito,y tiene inéditos una comedia y un canto religioso titulado El triunfo de la Santa Cruz en las Navas de Tolosa, y las composiciones bastantes para formar tres tomos, que quizá muy pronto verán la luz pública.

el año 1857 tuvo la desgracia de perder á su madre, y su dolor fué tal, que sus hermanos llegaron á temer no pudiera sobrevivirla: pero la religion y el cariño de su familia, no menos que su aficion á la literatura, le han proporcionado algun consuelo.

A principios de este año la señorita Diaz Fernandez casó con el señor D. José Lamarque de Novoa, poeta distinguido, y persona dotada de las mas bellas cualidades.

Antonia y su esposo viven con los padres de éste, y la jóven y amable poetisa es la alegría y el encanto de su nueva casa.

Antonia Diaz, hoy señora de Lamarque, es de estatura mediana, y de formas llenas de encanto y delicadez: sus ojos llenos de dulzura y de tristeza, rasgados y negros; sus cabellos oscuros y sedosos; su tez blanca y rosada; su diminuta boca; su linda nariz y su despejada frente, hacen de Antonia Diaz de Lamarque una bellísima jóven, al mismo tiempo que su talento le ha hecho una de nuestras mas eminentes poetisas, y su hermoso carácter un modelo de virtudes.

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Todo es en ella poético: su figura, la espresion de su rostro, y sus hábitos de una elegancia esquisita.

Sevilla cobija bajo su cielo de záfiros la bella y noble cabeza de Antonia Diaz; pero su talento brilla como casta radiante estrella en el cielo de nuestra literatura.

Hasta aquí el artículo de Pilar Sinués de Marco; además de estos datos el abogado Juan Pedro Criado Domínguez en su obra Literatas Españolas del siglo XIX, publicado en 1889, la incluyó en su obra aunque no aporta ningún dato personal sobre ella mencionando únicamente dos de sus obras: Poesías: Sevilla, M. P Salvador, 1867, un tomo 8º y Flores Marchitas, baladas y leyendas: Sevilla, 1882; un tomo en 4º mayor de 264 págs.

Por su parte María del Carmen Simón Palmer, en su Manual bio-bibliográfico de Escritoras españolas del siglo XIX, aporta sobre Antonia Díaz Fernández datos mucho más concretos, indicando que nació en Marchena (Sevilla) el 31 de octubre de 1827 cita, al igual que Sinués, a sus padres y fecha su primer poema en 1846 indicando que apareció publicado en el periódico La Aurora de Sevilla.

Menciona que José de la Velilla, al hablar de Antonia Díaz Fernández, se refiere también al temor que la escritora tenía a la sátira y al sarcasmo con eran tratados las obras escritas por mujeres, circunstancia que, en cierta manera, condicionó inicialmente su producción literaria.

Su matrimonio con José Lamarque de Novoa tuvo lugar el primero de abril de 1861, y que dada la profesión de su esposo Antonia superó sus miedos y ambos se dedicaron a la literatura y a las obras de caridad.

El matrimonio se construyó, en 1872, una casa en la población sevillana de Dos Hermanas a la que denominaron: La Alquería el Pilar;  donde residió Antonia partir de entonces, delicada de salud desde su juventud; lo que no impidió al matrimonio mantener contacto con diversas personalidades de la época, entre ellas: Menéndez Pelayo, Pedro Madrazo, Narciso Campillo, Cánovas, los hermanos Velilla, Isabel Cheix, Juan Ramón Jiménez, etc.

Su fallecimiento, a causa de una anemia cerebral, se produjo el 19 de mayo de 1892.

Publicaciones:

A.S.M. la Reina doña Isabel II en su visita al Hospital de la Santa Caridad. Sevilla 1862

Poesías. Prologo de José Fernández Espino. Sevilla. Manuel Pl Salvador 1867. 315 págs.

Poesías líricas. La 2ª Ed. está aumentada con una corona poética y un juicio crítico literaria a cargo de José de Velilla y Rodríguez. Sevilla. Imp. de E. Rasco. 1893. 330 Pág. Recopilación realizada por su marido tras el fallecimiento de la escritora. Puede consultarse una copia digital en biblioteca Digital Hispánica en la Web la BNE

Flores marchitas, baladas y leyendas. Sevilla. Imp. Gironés. 1877. 2 tomos. Puede consultarse una copia digital en biblioteca Digital Hispánica en la Web la BNE

El precio de una dádiva. Novela original. Sevilla. Imp. de los Ayuntamientos. 1881. 132 págs. Puede consultarse una copia digital en biblioteca Digital Hispánica en la Web la BNE

Poesías religiosas. Prólogo de Joaquín Rubio y Ors. Barcelona. Fidel Giro. 1889. 252 págs.

Aves y flores. Fábulas morales. Prólogo de Excmo. Sr. D. José María Asensio y Toledo. Barcelona. Pons y Cía. Ed. 1890. 223 págs.

Algunas publicaciones periódicas en las que colaboró

Sevilla: La Aurora, El álbum de las Bellas, Revista de Ciencias, Literatura y Arte, La España Literaria, El Ateneo, Sevilla Mariana.

Cádiz: Cádiz

Cabecera_LaAuroradelaVida

Madrid: La Aurora de la Vida, El Correo de la Moda, La Violeta, La Educanda, El Ángel del Hogar, El amigo de las damas, La Época

Granada: La madre de familia

Valencia: El Museo Literario, El Recreo de las Familias

Algunas de las obras colectivas en las que participó.

Coronación del eminente D. Manuel José Quintana. Madrid. Rivadeneyra. 1855

Corona poética a los soldados heridos procedentes de la guerra de África 1860

Corona poética que ofrecen a S M. la Reina doña Isabel Segunda al Ayuntamiento de Sevilla. 1862

Corona poética dedicada a Bartolomé Esteban Murillo, Sevilla. La Andalucía. 1863

Corona poética al Infante D. Sebastián Gabriel de Borbón. Sevilla, Padilla y Cía. 1866

Felicitaciones de la provincia de Sevilla a .. Mercedes de Orleans.Sevilla 1877

La Sevillana, en la obra: Las mujeres españolas, americanas y lusitanas, pintadas por sí mismas. Barcelona. Juan Pons.

Grabado Planas Presentación

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Un pensamiento en “Escritoras Españolas. Antonia Díaz Fernández. Por Virginia Seguí

  1. Resulta muy alentador comprobar que había más mujeres de las que yo conocía que, a pesar de todo, se dejaron atrapar por los libros y por las letras. Son todo un ejemplo.

seguicollar

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