Historia de la Mujer – Mujeres célebres de la Antigüedad IV


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      El historiador Antonio Pirala continua con su serie de artículos sobre las Mujeres célebres de la Antiguedad en la revista madrileña El Correo de la Moda dentro de la Sección Instrucción. Historia de la Mujer; el que reproducimos a continuacion está publicado el 24 de agosto de 1853. Respetamos la ortografía original.

MUJERES CÉLEBRES DE LA ANTIGÚEDAD: CORNELIA, EPÍCARIS Y EUROPA

Cornelia, la hija del grande Escipion, la madre de los Gracos, ha llegado su fama á la posteridad. Ciencia, virtud, patriotismo y valor, todo lo reunió esta ilustre romana, hija, esposa y madre de romanos esclarecidos.

La mujer que es objeto de la presente reseña, se hizo tan notable  por su prudencia y sabiduría, que explicaba públicamente en Roma la filosofía, envaneciéndose gran número de hombres eminentes de contarse entre sus discípulos. <Si el nombre de mujer, dice Cicerone su Retórica, abatiese a Cornelia, merecería ser única entre todos los filósofos, porque jamás he visto proceder sentencias tan graves de carnes tan flacas.>

Esto, por lo que hace á su instrucción, que por lo que respecta a su patriotismo, aduciremos mas de una prueba relevante. En un viaje que hizo a Roma Ptolomeo Fiscon, ofreció á Cornelia su cetro y su mano. <No cambio el título de romana por el de reina de Egipto,> fué su respuesta á tan brillante proposicion. Embriagados por la gloria que adquirieron en África sus hijos Tiberio y Cayo, aspiraron á las supremas dignidades de la república, y las obtuvieron. En vano trató Cornelia de refrenar sus ambicion: <La república triunfará de tu agresión,> decía enérgica a Cayo, anulándola, declaro que cedía á sus súplicas. El pueblo recibió con júbilo aquella revocacion, porque como dice Plutarco, honraba á todos, y erigió una estatua de bronce con esta inscripción: A Cornelia, madre de los Gracos.

Dedicada al cumplimiento de sus deberes y á la práctica de las virtudes, cifraba toda su ventura en la educación de sus hijos, cuya elevación la debieron. Despreciaba el lujo; y como una matrona que la visitaba cubierta de adornos y alhajas la pidiese que la enseñase las suyas, entrando en aquel momento sus hijos, que venian de la academia con sus tablas y estilos, <he aquí mis adornos y alhajas,> la dijo presentándolos.

Muertos, á impulso de su ambicion, Tiberio y Cayo, y justificados con ella los temores que inútilmente presentó á su consideración, Cornelia soportó su infortunio con magnanimidad y constancia. Cuando la encomiaron los magníficos homenajes que tributaron los romanos a la memoria de sus hijos, de las aras, estátuas y edificios sagrados levantados en los lugares en que perecieron, <se les ha concedido el sepulcro que merecian,> dijo.

Su casa fué siempre punto de reunion de los hombres eminentes, y los reyes se honraban en que admitiese sus dones.

Altiva por haber dado el sér a Tiberio y Cayo, narraba sus proezas y desgracias sin verter una lágrima, sin muestra de dolor.

La liberta Epícaris es objeto de admiración en nuestros tiempos, que la presentan como un ejemplo de sublime resolucion, como un dechado de varonil entereza. El marqués de Jimenez escribió una tragedia con este titulo de esta mujer, que represento en 1753, y 1794 se puso en París en escena otra titulada Epícaris y Neron, de Mr. Legouvé. Lo merecia la memoria de esta mujeres.

Indignados los principales romanos de los crímenes de Neron, se conjuraron para sacudir su insoportable yugo. Por amor á la libertad y á la humanidad, unióse á los conspiradores Epícaris, y reanimó su valor al ver su lentitud y perplejidad, tomando ademas una parte activa en el plan. Su viaje á la Campania ganó al ejército de Misenio, pero temiendo el tribuno se frustrase la trama, muy adelantada ya, la descubrió al emperador. Pero Epícaris habia tenido prudencia de no confiarle los nombres de los coligados, y le desmintió victoriosamente; pero una nueva revelacion, y la debilidad de algunos conjurados la comprometieron, y en vano la amenazó y exhorto el tirano a que declarase los demas compañeros. Atormentada, por verdugos se abochornaron de verse vencidos por una mujer, y redoblaron sus esfuerzos. Todo fué infructuoso: no pudo arrancársela una palabra. Al dia inmediato debia renovarse tan bárbaro suplicio: tenia dislocados todos sus miembros,  sufria dolores atroces: temió ceder á la violencia de la tortura, y se dio muerte con el cordon de su cintura, salvando á costa de su vida la mayor parte de los conjurados.

Concluiremos este artículo con la reseña de una mujer de dudosa existencia, y cuya celebridad, á ser cierta, esta únicamente en haber dado nombre á la parte del mundo que habitamos. Pero la mitología, y aun la historia reclaman su conocimiento. La primera sienta que, enamorado Júpiter de su hermosura, tomó la forma de toro, y la robó, llevándola á Creta; y la segunda afirma la exactitud del robo de Europa, hija de Agenor, rey de Fenicia y hermana de Cadmo. Según el respetable testimonio de Eusebio Cesariense, ocurrió por los años 1485 de la Creación en los términos siguientes. Informado Asterio, rey de Creta, de la rara belleza y relevantes prendas de la hija de Agenor, se propuso conseguirla. Negósele su mano, y envió á las costas de Fenicia un bajel cargado de objetos preciosos y curiosidades admirables, el cual se llamaba Tauro, y tenia esculpido un toro en la proa, lo cual daría origen a la fábula. El encargado de Asterio saltó á tierra cuando vió á la princesa, y tanto la pondero, presentándola algunas, las joyas y objetos estimables que conducia el bajel, que aceptó la invitacion de visitarle por verlas. Dentro Europa y sus doncellas, levantaron anclas, y el Tauro llegó a Creta, casandose la robada con el rey, y teniendo de ese matrimonio á Minos, que no dió poca materia á los poetas de aquellos tiempos para otras ficciones.

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Un pensamiento en “Historia de la Mujer – Mujeres célebres de la Antigüedad IV

  1. La entereza y sacrificio de Epícaris aún es más notable cuando tenemos en cuenta que algunos conjurados, sin haber sido sometidos a tortura, denunciaron a sus compañeros e, incluso, a sus familiares. Saludos cordiales.

seguicollar

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