Historia de la Mujer – Mujeres célebres de la Antigüedad VII


fig5-ruinaspalmira.jpgfig4-zenobiaescuelasiria.jpgfig3-zenobiatosini.jpgfig2-zenobiamiguelangel.jpgfig1-zenobiaschmalz.jpg

           Continuamos la serie de escritos que relativos a las mujeres de la Antiguedad publicaba el historiador Antonio Pirala en la Sección Instrución. Historia de la Mujer de la revista madrileña <El Correo de la Moda>, en esta ocasión el articulo vio la luz en el número 35, de la segunda epoca, que salió el 24 de septiembre de 1853. Respetamos la ortografía original.

ZENOBIA. LA REINA DE PALMIRA

Cerramos la reseña de las mujeres que mas se han distinguido en los antiguos tiempos con la biografia de Zenobia, reina famosa de Palmira. Si no la recomendasen á nuestra eleccion sus altos hechos y relevantes cualidades, la historia la daria lugar en estas columnas. Las ruinas de Palmira, contempladas con tanto interés por los viajeros y anticuarios, los restos de la ciudad brillante, emporio un dia del comercio de Oriente, merecen bien que consignemos cómo dejó de existir.

Esposa de Odenato, príncipe de Palmira, y descendiente de Semíramis y Cleopatra, Zenobia, bella é instruida, era valerosa y prudente. Sapor, rey de Persia, venció é hizo prisionero al emperador de Roma, Valeriano; y Odenato, temiendo su ambicion, envióle cuando se acercaba embajadores, ofreciéndole homenaje y ricos presentes. El invasor recibió á los enviados con desprecio, y les dijo, después de hacer arrojar al agua los regalos, que recibiria á Odenato echándose á sus piés, las manos atadas a la espaldada. Indignado el príncipe sirio de afrenta tamaña, y excitado á vengarla por Zenobia, tomó las armas, declarandose Rey, á vista de la degradacion del emperador Galieno, que ni se curaba, entragado á los placeres, de librar á su padre Valeriano de la esclavitud humillante en que yacía. Levantó un ejército; acometió empresas, cuya audacia asombró á los persas; venció; unido a los romanos recobró la Mesopomia, y derrotó al soberbio y poderoso Sapor. Satisfecho Galieno de que sin pelear era destruido su enemigo, nombró a Odenato general de los ejércitos de Oriente. Entonces el soberano de Palmira recorrió la Persia como conquistador, y el Emperador en premio de sus triunfos le dio el título de César, y á Zenobia el de Augusta; porque no sólo auxiliaba á su esposo con sus sábios consejos, sino que le acompañaba en sus expediciones, y peleaba á su lado con el mismo vigor que el mas intrépido guerrero. Pacificado el Oriente por los esfuerzos de ambos, una traicion infame termino con la gloriosa existencia de Odenato; y las tropas, los principes y los pueblos del Asia proclamaron aúna para sucederle á Zenobia, que por su belleza y virtudes, por su presencia é intrepidez era de todos querida y venerada. Pero el envilecido Galiegno, indigno de la púrpura, desdeñó admitirla á la participación del Imperio, y envió sus tropas contra ella. Vióse entonces a Zenobia vestida de guerrero, y ceñido su casco con la diadema real, presentarse al frente del ejército, desnudo el brazo y lanza en mano, arengar á sus soldados, marchar a su frente al encuentro del enemigo, y derrotarle completamente. Esta victoria la permitió gozar tranquilamente de su poder y de su gloria por espacio de algunos años. Galieno terminó su vida vergonzosa el año 268, dejando muy desmembrado el Imperio. El pueblo rey aguardaba en silencio al soberano que plugiese a los soldados dar, y le fue dado Claudio. Disputado el Imperio é invadido por los bárbaros, Claudio, digno del cetro, se presentó al Senado, y pronuncio estas memorables palabras: Padres conscriptos, dijo: Téticro y Zenobia, disputándome el trono, solo son enemigos del Emperador: los bárbaros lo son del <imperio: vengaremos la injuria del Estado antes que la mia. <importa poco decidir quien gobernará la república; pero es forzoso que sea independiente y se vea libre de extranjeros>. Claudio triunfó de los bárbaros, y al marchar contra sus rivales le sorprendió la muerte, y el ejército proclamó á Aureliano, el gran capitan de su siglo, aunque duro en su venganza. Partió con numerosas legiones á someter á Zenobia, que después de humillar á Galieno se habia dedicado con ahinco á la prosperidad del Estado. <Habia tomado (dicen los historiadores de Roma) por modelo á Dido, Semíramis y Cleopatra: firmeza en el mando, valor en los reveses, elevación en los sentimientos, aplicación al trabajo, disimulo en la política, audacia y ambición ilimitadas, he aquí las circunstancias que reunió esta mujer celebre que ostento todas la cualidades varoniles de los héroes sin ninguna de las debilidades de su sexo. Su castidad era igual a su brío: no conoció mas amor que el de la gloria. <Orgullosa con el título de Augusta, dio á sus tres hijos nombre latino, griego y siriaco respectivamente, porque reinase uno en Roma, en Grecia otro, y otro en Asia. Mezclando á punto la dulzura con la severidad, y el castigo con la recompensa, fue siempre obedecida y respetada. Amiga de las letras, honró con su confianza al célebre Longino, quien la versó en varios idiomas y en la historia, de que gustaba mucho. Y á que llamaba ciencia de los príncipes, escribiendo la de Egipto. Si se salvó el imperio romano de Oriente, á su brazo se debió y á su genio.

La reina de Palmira salió al encuentro de Aureliano, que se acercaba victorioso, y los dos ejércitos se avistaron y acometieron junto á Antioquia. Los palmiranos llevan la mejor parte en el combate, pero el excesivo ardor de su caballería la empeñó en la persecucion de la romana, contra las órdenes de Zenobia, dejando sin apoyo a la infantería, que sucumbió á la superioridad de la imperial. No tardó la reina de Oriente en levantar un ejército de 70.000 hombres, y en batirse otra vez con el Emperador. Desesperado de que una mujer, no solo le disputase el Imperio, sino su gloria como guerrero, peleó con el mayor furor, mientras ésta recorriendo de contínuo sus filas, y en los sitios mas prodigiosos, era el terror y la admiracion del enemigo. La suerte del Imperio pendia del éxito de esta larga y sangrienta batalla, que había ganado Zenobia, y con ella el Imperio de Occidente, con tropas mas obedientes. Pero en aquella memorable accion sucedió exactamente lo que en la anterior. La caballería de Siria destrozó á la de Roma, pero desguarneció los flancos de la infantería, y aprovechándose las legiones de esta falta, inútiles fueron los esfuerzos heróicos  de Zenobia, que llegó á combatir á pie como simple soldado.

Derrotada, y perseguida sin tregua, se encerró con los restos de su ejército en Palmira, y se preparó a una vigorosa defensa. Sitióla el vencedor; recibió una herida. Tanto se resistia la ciudad á los dominadores del mundo, que desconfiando Aureliano, y temiendo el cansancio de sus tropas, ofreció á Zenobia una paz honrosa. Creyóse insultada y herida su altivez porque así se olvidaban los servicios que habia prestado a Roma, y el respeto que se debe al infortunio, rechazó la propuesta, y el Emperador redobló su empeño. El hambre obligó á Zenobia a tentar fortuna, y salió de Palmira y llegó al Eufrates. A punto de atravesarle, fue alcanza y hecha prisionera. Un momento mas y acaso la Ciudad de los Césares la reconoce su Señora, fuerte como iba á hacerse con los persas. Rindiese Palmira, pero sublevada de nuevo, entregóse Aureliano á toda la violencia de su carácter, pasando á cuchillo á sus habitantes y entregándola á las llamas, quedando en breves dias reducida á un monton de preciosas ruinas la perla del Oriente. Tan tremendo castigo no impuso bastante al pueblo de Zenobia, y el Egipto se sublevó en su favor. Sometióle Aureliano, y entró en Roma el año 274. Zenobia fue el principal ornamento de su triunfo, uno de los mas pomposos que vió el pueblo romano, y retirada á Tiboli, se dedicó al cultivo de las letras, y escribió la Historia de Alejandría, que por desgracia se ha perdido.

La grandeza de ánimo con que se resigno á su adversa suerte una princesa acostumbrada á despreciar la vida, á vencer á los egipcios, a los persas y á las formidables legiones romanas, hace su mayor elogio, y el nombre de Zenobia pasará con gloria de la mujer y de las reinas á las edades mas remotas.

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2 pensamientos en “Historia de la Mujer – Mujeres célebres de la Antigüedad VII

  1. Qué pena que se haya perdido su libro…hubiera sido curioso poder leerlo y tener un testimonio de primera mano. Mujeres interesantes que escriben desde hace tanto tiempo…y Pirala sacándolas a la luz hizo una labor enorme; como tú dándolo a conocer.

  2. Leyendo estas historias me queda siempre el asombro y admiración que siento por estas mujeres, el carácter que las caracterizaba, la fuerza necesaria para conseguir la meta que se proponían. Creo que hay mucho de esto que aún no se conoce.

seguicollar

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