Historia de la Mujer – AMAZONAS


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En esta sección un nuevo artículo del historiador Antonio Pirala, publicado en el número 17 del Correo de la Moda el día 8 de mayo de 1853, dentro del apartado INSTRUCCIÓN. Respetamos la ortografía original.
Amazonas

Si hemos de ocuparnos de las mujeres grandes que no pertenecen a la Biblia, debemos comenzar por las Amazonas, que ocupan, por su antigüedad, el primer lugar en la historia.

Tanto se ha dicho contra la existencia de esas mujeres belicosas, que, á no ser mas respetables los opuestos testimonios, dejarian de figurar en esta parte del ALBUM. Inclinados, pues, á la creencia de su realidad, una consideración indicarémos á los que la niegan. Los poetas de la antigüedad, al paso que se han inmortalizado con sus bellas inspiraciones, han hecho un gran daño a la historia, porque rodeando á los personajes de que trataban con el misterio de los portentos, y mezclando con los asuntos mas graves los sueños de sus dioses, han dado á aquellos el carácter de mitológicos.

Del mismo defecto adolecieron la mayor parte de los antiguos historiadores, y así es que hoy se abandona como falso, ó se mira como dudoso, todo punto de historia que de cualquier modo se roza con la mitología. Si porque los poetas mezclaron á Hércules y Teseo en las relaciones de las Amazonas, había de negarse su existencia, lo mismo podría decirse de la de Carlo-Magno, por lo que se ha escrito en los libros de Caballería; lo mismo que toda persona de regular criterio, creemos exagerado la mayor parte de lo que se cuenta de las Amazonas, por ejemplo, que mataban á sus hijos varones, que se quemaban un pecho, etc.; lo primero no es posible, porque se opone á la naturaleza, y lo segundo, sobre no apoyarse en ningun autor antiguo, debe ser una equivocación, que desharemos. Si á primera vista se hace increíble la existencia de un pueblo de mujeres esforzadas y guerreras, se negará la de las Sármatas, que peleaban al lado de sus padres y hermanos, que no podian aspirar al matrimonio sin haber muerto á tres enemigos; la de las Bohemias del siglo VIII, la de las modernas Griegas y Polacas. Pues bien; ó se niegan estos hechos, ó se concede la posibilidad del que es objeto del presenta artículo. La cuestion en este punto debe quedar reducida á descartar de la historia de las Amazonas lo fabulo que en ella, como en casi todas, han introducido los poetas, según costumbre de la antigüedad.

Poco después de la muerte del fundador del imperio Asirio, dividiéronse los Escitas en bandos. Tan encarnizada se hizo la discordia, que el partido mas débil se retiro á Capadocia, estableciéndose á orilla del Termodonde. La necesidad obligó al pueblo, que asi se formaba, á vejar á sus vecinos; mas, puestos éstos de acuerdo, no solo les rechazaron, sino que por concluir de una vez con tan incómodos huéspedes, invadieron á su vez el territorio que ocupaban, y exterminaron sin piedad a los varones. Hé aquí el origen de las Amazonas. Por conservarse, y ardiendo en deseo de venganza, se aunaron, recurriendo desesperadas á la guerra. Su intrepidez y constancia les aseguró su porvenir, y fueron tratadas como un pueblo constituido. ¿Y cómo se multiplicaban? Se preguntará. Reuniéndose con sus vecinos en tiempo y lugar convenido. Solo recibían las hijas, á las que educaban varonilmente, ejercitándolas en la caza, equitación y manejo de armas. Por medio de la presion atrofiaban su pecho derecho, reduciendo su tamaño natural, á fin de jugar el arco con desembarazo.

Las Amazonas, lo mismo en Asia que en Africa, conquistaron algunos países y fundaron algunas ciudades.

Por fin, después de muchos años y de haber sostenido largas y sangrientas guerras con los griegos, las Amazonas concluyen por volverse á unir con los Escitas, de que  procedian. Y tan arraigadas estaban en ellas las costumbres bélicas, que sus descendientes continuaron ayudando á sus padres y esposos en la guerra. Asun hoy es el dia que se advierte la misma propensión en las mujeres que habitan aquella parte del Asia, como aseguran Thevenot, y otros viajeros dignos de crédito.

Tambien los modernos han contado sus Amazonas. Ademas de las de Bohemia, que tan esforzadamente se sostuvieron por muchos contra todo el poder real de Przemislao, las que descubrió en América Pizarro, dieron margen á que se pusiese al anchuroso río que se halló, el nombre de las Amazonas. Y tanto se exageró este descubrimiento (lo mismo sucedió con el de las Amazonas de Asia),  que se hizo increíble; mas después se depuró la verdad, y se halló comprobada existencia de una tribu de mujeres guerreras, á orillas del Marañon, pertenecientes á la raza de los Tupinambas, de quienes se habian separado por ser insufrible su yugo.

Sin que nosotros, fijándonos en las Amazonas Escitas, y en la duración de su república, deduzcamos el argumento absurdo de la posible independencia de la mujer, nacida precisamente para compañera del hombre, harémos observar, fundados en tan elocuente ejemplo, que no son exclusivo patrimonio del hombre las dotes de que se cree únicamente vestido, y que las circunstancia pueden hacer que llegue la una á donde el otro llegue. No se deprima, pues, á la mujer juzgándola tan inferior á nosotros; y si ni las condiciones sociales e la época, ni su propia conveniencia, exijen que se las eduque á lo Amazonas, tampoco es justo que se les niegue la instrucción, que ya comienza, justo es decirlo, en honor de la civilización actual, á difundírseles, y que reflejará un dia en sus hijos.

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2 pensamientos en “Historia de la Mujer – AMAZONAS

  1. Hola, realmente es sorprendente tu relato no solo por la historía si no por lo coincidente, tengo una empresa llamada MUJER AMAZONAS S.A. está constituida por una organización de mujeres productoras de café ubicadas en el Distrito de Lonya Grande, a los alrededores del río Marañón, este distrito pertenece a la Provincia de Utcubamba y la Región Amazonas en Perú (Ámerica del Sur). No sabía que en Asia también existe un río llamado Marañón y mucho menos que existío alguna vez una tribu de mujeres guerreras, me gustaría que publicaras más de los geniales artículos que redactas con respecto a ellas.

    Éxitos.

seguicollar

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