Historia de las mujeres célebres del Medievo III


El artículo que a continuación insertamos, a cargo del historiador y periodista Antonio Pirala, vio la luz en el número 289 de la Revista madrileña, destinada al público femenino, <El Correo de la Moda>, publicada el 8 de enero de 1859, dedicado a la historia de la mujer y encuadrado dentro de la sección Instrucción. Respetamos la ortografía original como es habitual y lo ilustramos con imágenes relativas al tema.

Siglos VIII y IX

Consideraciones – Irene – Vlasta – Amazonas de Bohemia – Su gobierno – Heróico sacrificio de unas monjas – Isabel de Castilla: sublime rasgo de amor conyugal.

Hemos recorrido los siglos á que nos referimos, y no encontramos en ellos mujer que represente con exactitud su época, ni que la llene hasta el punto de que nos ocupemos de ella exclusivamente. Y no es que carezca este período de mujeres grandes (que en ninguno desde que participa el Cristianismo deja de mostrarse el otro sexo á la altura á que nunca llegó antes de Jesucristo), es que, ó la grandeza de unas no es digna de aplauso para nosotros, ó que la de otras se dibuja en solo un rasgo. Siglos de confusion y desorden, en que á las luchas de unos Estados con otros se agregan las que de Oriente á Occidente sostiene la Europa con los sectarios de Mahoma, retratase en la mujer su fisonomía indecisa, y nos ofrece por eso tan variados sucesos.

Menos interesante que fuesen, habríamos pasado desde el VII al X siglo, pero como quiera que resultaría un vacío en esta especie de revista histórica, le llenarémos con noticias biográficas, curiosas sin duda, y cuya omision no justificaría la falta de antecedentes para una estensa biografía.

Dos mujeres sobresalen en el siglo VIII, pero sobresalen desmintiendo á su sexo, la emperatriz Irene y la amazona de Bohemia, Vlasta. Su ruidosa celebridad contrasta con el cariño tranquilo que los leoneses profesan por sus virtudes á la hija de Pelayo, su Reina, digna esposa del primero de nuestros Alfonsos. Sin el hueco lamentable de nuestra historia en aquel tiempo, consagraríamos á reseñar únicamente á Ermesinda, una de nuestras soberanas mas distinguidas por su bondad y celo religioso. Pero sin otros datos acerca de la misma, no nos detendrémos en los hechos de la que ocupó sola y por primera vez el trono que fundó Constantino en Oriente. Sus cualidades fueron extraordinarias, pero no ejemplares, y ya que no nos sea posible galardonar de otra manera que presentándolas las buenas acciones, no presentarémos las malas.

Célebre por su belleza, hasta el punto de ser apellidada Irene <la segunda Elena>, célebre tambien por sus talentos, su habilidad y astucia política, no compensaron sus crímenes los beneficios que al fin prodigó interesada á los pueblos, intentando una estimacion imposible; y aunque castigados providencialmente con la miseria en que termino desterrada su vejez, la misma razon que la Iglesia romana ha tenido para desechar esta santa del Calendario Griego, no obstante que convocó el séptimo Concilio general de Nicea, la misma tenemos nosotros para no darla lugar en nuestra galería de buenas madres. Quien quiera saber la historia de esta Irene, cuyas empresas armadas retrataron su siglo guerrero, lea la historia, que para que puedan tener nuestras lectoras idea de quien fué mujer tan notable, bastan estas indicaciones.

Tambien Vlasta caracterizó el espiritu guerrero de su siglo, y es sobrado curiosa su existencia para no dar de ella una idea.

Al servicio de la soberana de Bohemia, reunió -muerta esta-á sus compañeras, y las escitó-no se dice porqué-á fundar por la fuerza de las armas un imperio en el que reinasen sobre los hombres. No dio gran importancia el Rey á esta naciente y singular rebelión, tratándola como creyó de su dignidad, envió únicamente un diputado para reducir á su deber a las conspiradoras. Maltratado del modo mas indigno en vez de oido, apeló el Monarca a las armas, y Vlasta, aumentando su estraño ejército con su arengar tribunicio, alcanzó varios triunfos. Establecida, por fin, en buena parte de la Bohemia, oraganizó una especie de goierno; creó una Orden con el título de la Virtud militar, y publicó un Códice, del cual citarémos por su originalidad algunas disposiciones. Prohibíase á los hombres bajo pena de muerte llevar armas: montar á caballo sino como las mujeres: debian emplearse -cualquiera que fuese su condicion, en las faenas domésticas: la milicia estaba reservada á las mujeres, y era de ellas la elección de marido, sufriendo la pena capital el que la repugnase.

Ocho años duró esta situación anómala, al cabo de los cuales persuadido Prsemyslao de la inutilidad de sus esfuerzos para someter á sus enemigas, quitó á no pocas la vida valiéndose de la astucia. Irritada entonces Vlasta y viéndose perdida, lejos de someterse embistió furiosa con las restantes al ejército real, buscando una muerte gloriosa, que halló, recobrando Bohemia su tranquilidad.

A la vista de estas modernas amazonas, nadie dudará de las de Asia y África.

Brilla en el siglo IX de otra manera la mujer. La ambicion únicamente empaña la generosidad y virtudes de la emperatriz de Oriente, Procopia, que purga al fin con la humilde toca de monja.

Rzpienza honra el trono de Polonia, y es amada de sus súbditos; y Eusebia, la memorable abadesa del monasterio del Salvador, en Marsella, se mutila por sustraerse á la brutalidad de los sarracenos, que habian invadido Provenza. A su escitacion sus compañeras del claustro imitan su ejemplo, y cuando los infieles, profanando aquel lugar sagrado, ponen sus ojos en las vírgenes del señor y las ven horribles, las degüellan.

Grande fue este sacrificio, escedióle el de Isabel de Castilla, que de ninguna manera podía pasar desapercibido. Consignado en la historia de Inglaterra, y celebrado por los escritores contemporáneos y otros posteriores el heroísmo de amor conyugal de la esposa del príncipe de Gales, Eduardo, era deber nuestro presentar á la admiracion de las que un dia han de ser esposas este prodigio de cariño de una española con él inmortalizada.

Herido Eduardo con una flecha envenenada, los médicos, despues de apurar todos los recursos de la ciencia, declararon unánimemente era inevitable su muerte si no habia una persona con valor suficiente para aplicar sus lábios a la herida, y hacer á costa de su vida la succion del veneno en ella depositado. Nadie se ofreció á curar al príncipe por tal medio, é Isabel aguardando se durmiese le practicó con el mayor anhelo. Satisfecha de su sacrificio, la princesa no esperimentó afortunadamente el resultado funesto que los médicos habian predicho y que esperaba, viendo con placer colmados sus deseos en la curacion del de Gales, por lo que quiera que fuese.

Público este acontecimiento, y divulgado por la fama, ¿qué estraño que la Inglaterra adorase á la española sublime que no titubeó un momento en morir por su soberano? Solo este rasgo justificaria este artículo, tan digno como es de la universal admiracion.

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2 pensamientos en “Historia de las mujeres célebres del Medievo III

seguicollar

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